Mostrando entradas con la etiqueta Ayuso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ayuso. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de octubre de 2013

EL EFECTO ATEMORIZADOR

Por José Alejandro Ayuso

A propósito de la anunciada demanda por alegada difamación en una corte federal de la Florida, la que me incluye como prologuista de un libro que denuncia uno de los casos más sonados en el país de violación a la Constitución y de falta de transparencia en el manejo del erario, con esta tercera entrega culminamos la serie sobre las decisiones jurisprudenciales emblemáticas en casos que la prensa ha criticado el desempeño de funcionarios públicos.

Vimos que tanto la Suprema Corte de los Estados Unidos como el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos amplían los límites de la protección del derecho fundamental a la expresión y la información con criterios de pluralismo y tolerancia cuando se trata del debate político. Influenciada por estas doctrinas, ahora examinaremos una sentencia de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, parte integrante del sistema interamericano que, a contrapelo de lo que algunos juristas pretenden desconocer hoy con relación al tema del derecho fundamental a la nacionalidad, constituye un verdadero orden supranacional por mandato soberano del pueblo dominicano expresado a través de la Constitución de la República.

Se trata del caso “Herrera Ulloa” que refiere a supuestas violaciones cometidas por Costa Rica por haber emitido una sentencia penal y civil condenatoria por “ofensas en la modalidad de difamación” al periodista Mauricio Herrera Ulloa y al medio de comunicación social “La Nación”, como consecuencia de haber publicado diversos artículos que reproducían parcialmente información de algunos periódicos europeos referentes a supuestas actividades ilícitas del señor Félix Przedborski, a la sazón representante de Costa Rica ante la Organización de Energía Atómica en Austria, en calidad de Cónsul ad honorem.

Al decidir, la Corte Interamericana no analizó si los artículos publicados constituían un delito determinado de conformidad con la legislación costarricense, sino si con las consecuencias de las condenas penal y civil impuestas, el Estado vulneró o restringió el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión consagrado en el artículo 13 de la Convención.

Al resolver la cuestión de fondo condenando a Costa Rica a dejar sin efecto la sentencia contra el periodista Herrera Ulloa, la Corte señaló que “las expresiones concernientes a funcionarios públicos o a otras personas que ejercen funciones de una naturaleza pública deben gozar de un margen de apertura a un debate amplio respecto de asuntos de interés público, el cual es esencial para el funcionamiento de un sistema verdaderamente democrático. Esto no significa, de modo alguno, que el honor de los funcionarios públicos o de las personas públicas no deba ser jurídicamente protegido, sino que éste debe serlo de manera acorde con los principios del pluralismo democrático”.

Para la Corte, la exigencia del tribunal costarricense de exigir al periodista probar la veracidad de los hechos atribuidos por diversos periódicos europeos al señor Przedborski, “entraña una limitación excesiva a la libertad de expresión, de manera inconsecuente con lo previsto en el artículo 13.2 de la Convención… toda vez que “produce un efecto disuasivo, atemorizador e inhibidor sobre todos los que ejercen la profesión de periodista”… La autocensura ha sido uno de los efectos más perniciosos y directos de la sentencia condenatoria, por lo cual la presunta víctima ha dejado de publicar notas cuya veracidad tenía confirmada por el miedo a tener que enfrentar una nueva denuncia penal”.
Siga Leyendo...

martes, 20 de septiembre de 2011

ADIÓS, CARDENAL

AL DÍA
Por Juan José Ayuso
(buenapila@yahoo.es)


Adiós al sangrú Cardenal, semidiós prepotente "vivebien"... ojalá nunca sepamos más de él... y a Agripino, ¿le cabe el mismo mandato? Ojalá que sí; a ver si descansamos de esos dos diablos ensotanados, babosos entorpecedores, que tan mal nombre dan a la iglesia de Cristo. [La que antecede es una nota del editor, no de Ayuso.]

En unos días, Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez deberá renunciar al puesto administrativo de jefe de la Iglesia Católica aunque no al título que, al otorgársele, se convirtió en su tercer nombre.

Dicen los “estatutos” de esa fe que los dignatarios deben renunciar al cumplir los 75 años y el Cardenal los cumple.

El Vaticano deberá designar a otro porque un obispo sencillo y simple no puede colocarse como superior de un Cardenal y mucho menos del Cardenal que desde hace muchos años se gastan los católicos y no católicos dominicanos.

Hace algunas semanas, el diario “El Día” recordó lo de la renuncia de López Rodríguez y este lo tomó de la peor manera y lo presentó a la opinión pública como parte de una conspiración contra él y la iglesia.

Casi de inmediato, el matutino tabloide respondió con cierta socarronería al prelado con ánimo de disipar cualquier duda en lo que se refiere a la intención de la crónica de la renuncia mandataria.

Una de las cosas que dijo el Cardenal fue que “El Día” no “tenía” que publicar la noticia de que su mandato, por mandato de la Ley Canónica, llegaba a su fin por la cuestión de la edad.

Un diario u otro medio de comunicación no “tiene” ni deja de tener que publicar tal o cual noticia. Si es noticia debe publicarla, mucho más si la noticia es fruto de una investigación como la que daba esa exclusiva al matutino.

Desde que su iglesia lo estableció como Cardenal, los dominicanos han comprobado que este “príncipe de la Iglesia” es cualquier cosa que no sea un humilde pastor de almas.

Todo lo contrario.

Nicolás de Jesús Cardenal no sólo “peca” de falta de humildad sino que “peca” también de engreimiento, intolerancia, autoritarismo y varios más de los adjetivos en cuyo uso denostativo se ha hecho especialista el prelado.

Y ahora, al avecinarse la orden eclesiástica de renunciar, con sus declaraciones para comentar la noticia de “El Día”, el Cardenal demuestra que se ha acostumbrado al poder, que no querría soltarlo y que al parecer le es difícil aceptar la idea de volver a su casita de provincia y dejar una residencia que le habilitó y decoró el gobierno de Joaquín Balaguer a costo de entre 17 y 19 millones de pesos.

(No sobra recordar que un hermano del Cardenal, ingeniero de profesión, fue quien estuvo a cargo de la habilitación y decorado de la residencia, que es del Cardenal y no de Nicolás de Jesús Cardenal).
Siga Leyendo...

jueves, 9 de junio de 2011

Balaguer contra “Ramfis”

AL DÍA
JUAN JOSÉ AYUSO
buenapila@yahoo.es

Con el apoyo de los norteamericanos presas del pánico ante la posibilidad del surgimiento de “una nueva Cuba” en América Latina, acentuado por el acontecimiento patriótico de Abril de 1965 en el país, Joaquín Balaguer recibió el poder en julio de 1966.

Concebido y organizado sobre la marcha un régimen despótico de violación de hecho de los derechos y libertades humanos, que teatralizaba con “respeto y apego” a la Constitución y las leyes, el político impuso un régimen neotrujillista que se prolongaría primero por doce años y, con un interregno de ocho, por diez más.

La persecución, el encarcelamiento, el asesinato y el destierro fueron los expedientes de poder mediante los cuales Balaguer cimentó su régimen. Había llegado también con el respaldo de la oligarquía nacional que sentía el mismo pánico de sus protectores y asociados norteamericanos, y del hijo mayor del tirano Rafael Trujillo, “Ramfis”.

Acerca de esto último, lo documenta sin lugar a dudas la investigación de Bernardo Vega en archivos y papeles desclasificados de los gobiernos de Estados Unidos desde fines de 1960, Lyndon Johnson y Richard Nixon.

El primogénito del tirano, cuya vocación hasta 1961 fue la de la francachela y el despilfarro de tragos, mujeres y fiestas a todo costo, tuvo sin embargo el poder y la habilidad de despojar a sus familiares ascendientes y a sus hermanos de buena parte de la fortuna dejada por Trujillo.

En 1966, aunque seguía la fiesta que puede costear un millonario, quizá empezó a pensar en regresar al poder. Contaba ya 57 años y era posible que algo le hubiese enseñado su exilio de cinco. Debió también haber invertido en negocios, protegido por el mando del dictador Francisco Franco en España.

Así, y confiado en la “bondad” de quien siempre fue su consejero, Balaguer, aventuró algunos centenares de miles de dólares en la campaña 1965-1966 pero como tanta otra gente fue engañado por la apariencia de mansedumbre y subordinación que siempre presentaba el potencial caudillo.

Balaguer tendió con rapidez las redes de su dictadura “de derecho” y a fuerza de persecución, encarcelamiento, asesinato y deportación de constitucionalistas, comunistas y otros opositores, empezó a gozar de un poder absoluto.

Sólo “Ramfis”, con quien tenía compromisos, le representaba un peligro real.

Si “Ramfis” Trujillo hubiese contado con un mínimo de valor y arresto, ¿qué hubiera pasado si de repente llegaba al país en cualquiera de los meses que siguieron a julio de 1966?

¿Llegaba un político con naturales aspiraciones de poder?

No.

Aterrorizados los norteamericanos y la oligarquía criolla por el fantasma de “una nueva Cuba” en América Latina y con el trujillismo más que vivo en la figura neotrujillista de Joaquín Balaguer, llegaría el “general de aire, mar y tierra”, el heredero de Trujillo, una figura con la que el presidente “electo” tendría por fuerza que compartir poder y escenario.

Y Balaguer, aguerrido en la política tradicional desde la traición a Horacio Vásquez en 1930 y la entronización de la tiranía del general Rafael Trujillo, acción en la que participó junto a Rafael Estrella Ureña, tenía además la experiencia de la política del régimen durante 31 años y de su propia política personal de mantenerse siempre en la “gracia” de Trujillo.

“Ramfis” no tenía el valor ni el arresto y prefirió negociar su regreso con Balaguer, al que éste dio largas hasta que decidiría “cortar por lo sano” y “resolver” el problema de manera radical y para siempre.

Después de una fiesta en casa de una “dama” del prostitutario de “nobleza” española que el dictador Francisco Franco patrocinaba, el carro de “Ramfis” se accidentó a principios de diciembre y el 28 de ese mes, después de una notable recuperación, moría en una clínica de Madrid.

“Accidente” demasiado conveniente para Balaguer y su trama de poder,

Con la mala fe aconsejable cuando que se trate de analizar la política de los “truchimanes” del despotismo continuista por naturaleza y celoso hasta de un mosquito que pretenda distraerle siquiera un segundo de poder, lo de “Ramfis” no habría sido fortuito. Ni el “accidente” ni su muerte posterior en la clínica madrileña y en medio de una franca y pública recuperación.

¿Contaba Balaguer con los recursos para extender el brazo y llegar a la capital española con el poder de fuego y sangre con que empezó a dominar en el país?

Sí. Entre los asesinos trujillistas que hacían “el trabajo” en el país los había con experiencia en atentados internacionales como el secuestro de Jesús de Galíndez en Nueva York, en 1956 –el mismo Balaguer-, y el atentado contra el presidente Rómulo Betancourt, el 24 de junio de 1960 en Caracas, la capital venezolana.

Además, y con relación a los norteamericanos y al gobierno de Lyndon B. Johnson, Balaguer mantenía un “derecho a la insolencia” que no ejercía pero que, en caso de amenazarse su continuismo de poder, era muy capaz de utilizar.

Urdir la trama y asesinar a “Ramfis” no hubiese sido un “atentado contra los derechos humanos” que Washington hubiese siquiera investigado.

("Ramfis" nació en 1929. Al morir en 1969 tenía 40).
Siga Leyendo...