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lunes, 22 de julio de 2013

BUSCANDO NIVEL

MÁS QUE TRUJILLO Y BALAGUER
Por Fernando Rodríguez Céspedes


El profesor Juan Bosch hizo famosa la frase: "En política hay cosas que se ven y cosas que no se ven, y a veces, las que no se ven son más importantes que las que se ven". Parafraseando al ex presidente se podría decir que también hay cosas que se dicen y otras que se callan y, a veces las que se callan, son más importantes que las que se dicen.

Estos pensamientos llegan a mí, al escuchar durante la apertura del VIII Congreso ordinario Norge Botello del PLD, el altisonante discurso del presidente de la organización y ex jefe de Estado, doctor Leonel Fernández Reina, en el sentido de que su partido se prepara para gobernar 20 años más, es decir hasta el 2036.

Sumando los 12 años en el poder del PLD, los cuatro de Danilo más los 20 adicionales a que aspira el ex mandatario, tendríamos un total de 36 años, 6 más que los que permaneció Trujillo tiranizando al pueblo y 14 más que los que duró Balaguer gobernando en base a fraudes y corrupción.

Porque cuando un partido o un gobernante decide perpetuarse en el poder, corrompe todas las estructuras del Estado para lograr sus objetivos y en sistemas tan vulnerables, institucionalmente como el nuestro, esto resulta fácil porque todas las instancias públicas están supeditadas al Ejecutivo.

Creo que la euforia del momento traicionó a un Leonel acostumbrado a calcular cada una de sus palabras, porque hay cosas que aunque todo el mundo las sospecha, no se deben decir, y menos con un triunfalismo provocador y negador del sistema de partidos y la alternabilidad en el poder, bases fundamentales de la democracia representativa.

Todo esto, unido a la decisión del Tribunal Superior Electoral desconociendo la calidad de miembros de decenas de perredeístas del Comité Ejecutivo Nacional, previo a la celebración de una asamblea de este organismo anunciada por el sector del ingeniero Miguel Vargas, crea una situación muy difícil entre los seguidores del ex presidente Hipólito Mejía a quienes no se les está dejando ningún bajadero.

No obstante, estas situaciones han fortalecido al PRD con los miembros del partido que se mantenían un tanto alejados de las tendencias, pero que ven como los peledeístas se consolidan en base a su división y el uso de los recursos del Estado, además de que se burlan no solo de una tendencia, sino de todo el partido blanco.

Como muestra de esto, aparece Leonel Fernández amenazando con dar una "sexta pela" electoral en el 2016 a un partido resquebrajado por sus luchas internas, en parte incentivadas por los morados, y con durar 20 años más en el poder a partir de las elecciones del 2016, es como para cualquiera pensar que la única salida del PRD es la unidad.

Pero sabemos que esto no es factible mientras Hipólito y Miguel encabecen los dos principales grupos de la entidad política porque con sus torpezas se han dejado arrastrar a posiciones personales que nada tienen que ver con ideologías ni principios por lo que se hace urgente que una nueva fuerza dentro del partido se imponga a los intereses de ambos y salve al PRD de una inminente destrucción.
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jueves, 9 de junio de 2011

Balaguer contra “Ramfis”

AL DÍA
JUAN JOSÉ AYUSO
buenapila@yahoo.es

Con el apoyo de los norteamericanos presas del pánico ante la posibilidad del surgimiento de “una nueva Cuba” en América Latina, acentuado por el acontecimiento patriótico de Abril de 1965 en el país, Joaquín Balaguer recibió el poder en julio de 1966.

Concebido y organizado sobre la marcha un régimen despótico de violación de hecho de los derechos y libertades humanos, que teatralizaba con “respeto y apego” a la Constitución y las leyes, el político impuso un régimen neotrujillista que se prolongaría primero por doce años y, con un interregno de ocho, por diez más.

La persecución, el encarcelamiento, el asesinato y el destierro fueron los expedientes de poder mediante los cuales Balaguer cimentó su régimen. Había llegado también con el respaldo de la oligarquía nacional que sentía el mismo pánico de sus protectores y asociados norteamericanos, y del hijo mayor del tirano Rafael Trujillo, “Ramfis”.

Acerca de esto último, lo documenta sin lugar a dudas la investigación de Bernardo Vega en archivos y papeles desclasificados de los gobiernos de Estados Unidos desde fines de 1960, Lyndon Johnson y Richard Nixon.

El primogénito del tirano, cuya vocación hasta 1961 fue la de la francachela y el despilfarro de tragos, mujeres y fiestas a todo costo, tuvo sin embargo el poder y la habilidad de despojar a sus familiares ascendientes y a sus hermanos de buena parte de la fortuna dejada por Trujillo.

En 1966, aunque seguía la fiesta que puede costear un millonario, quizá empezó a pensar en regresar al poder. Contaba ya 57 años y era posible que algo le hubiese enseñado su exilio de cinco. Debió también haber invertido en negocios, protegido por el mando del dictador Francisco Franco en España.

Así, y confiado en la “bondad” de quien siempre fue su consejero, Balaguer, aventuró algunos centenares de miles de dólares en la campaña 1965-1966 pero como tanta otra gente fue engañado por la apariencia de mansedumbre y subordinación que siempre presentaba el potencial caudillo.

Balaguer tendió con rapidez las redes de su dictadura “de derecho” y a fuerza de persecución, encarcelamiento, asesinato y deportación de constitucionalistas, comunistas y otros opositores, empezó a gozar de un poder absoluto.

Sólo “Ramfis”, con quien tenía compromisos, le representaba un peligro real.

Si “Ramfis” Trujillo hubiese contado con un mínimo de valor y arresto, ¿qué hubiera pasado si de repente llegaba al país en cualquiera de los meses que siguieron a julio de 1966?

¿Llegaba un político con naturales aspiraciones de poder?

No.

Aterrorizados los norteamericanos y la oligarquía criolla por el fantasma de “una nueva Cuba” en América Latina y con el trujillismo más que vivo en la figura neotrujillista de Joaquín Balaguer, llegaría el “general de aire, mar y tierra”, el heredero de Trujillo, una figura con la que el presidente “electo” tendría por fuerza que compartir poder y escenario.

Y Balaguer, aguerrido en la política tradicional desde la traición a Horacio Vásquez en 1930 y la entronización de la tiranía del general Rafael Trujillo, acción en la que participó junto a Rafael Estrella Ureña, tenía además la experiencia de la política del régimen durante 31 años y de su propia política personal de mantenerse siempre en la “gracia” de Trujillo.

“Ramfis” no tenía el valor ni el arresto y prefirió negociar su regreso con Balaguer, al que éste dio largas hasta que decidiría “cortar por lo sano” y “resolver” el problema de manera radical y para siempre.

Después de una fiesta en casa de una “dama” del prostitutario de “nobleza” española que el dictador Francisco Franco patrocinaba, el carro de “Ramfis” se accidentó a principios de diciembre y el 28 de ese mes, después de una notable recuperación, moría en una clínica de Madrid.

“Accidente” demasiado conveniente para Balaguer y su trama de poder,

Con la mala fe aconsejable cuando que se trate de analizar la política de los “truchimanes” del despotismo continuista por naturaleza y celoso hasta de un mosquito que pretenda distraerle siquiera un segundo de poder, lo de “Ramfis” no habría sido fortuito. Ni el “accidente” ni su muerte posterior en la clínica madrileña y en medio de una franca y pública recuperación.

¿Contaba Balaguer con los recursos para extender el brazo y llegar a la capital española con el poder de fuego y sangre con que empezó a dominar en el país?

Sí. Entre los asesinos trujillistas que hacían “el trabajo” en el país los había con experiencia en atentados internacionales como el secuestro de Jesús de Galíndez en Nueva York, en 1956 –el mismo Balaguer-, y el atentado contra el presidente Rómulo Betancourt, el 24 de junio de 1960 en Caracas, la capital venezolana.

Además, y con relación a los norteamericanos y al gobierno de Lyndon B. Johnson, Balaguer mantenía un “derecho a la insolencia” que no ejercía pero que, en caso de amenazarse su continuismo de poder, era muy capaz de utilizar.

Urdir la trama y asesinar a “Ramfis” no hubiese sido un “atentado contra los derechos humanos” que Washington hubiese siquiera investigado.

("Ramfis" nació en 1929. Al morir en 1969 tenía 40).
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jueves, 2 de junio de 2011

Uribe canoniza al angelito Balaguer

PANCARTA
Raúl Pérez Peña (Bacho)
columnapancarta@yahoo.com

Joaquín Balaguer es una de las figuras que la historia dominicana le tiene un puesto seguro en el salón de la suerte, bajo nominaciones de las franquicias politiqueras del PRD y el PLD.

El PLD celebró un multitudinario mano a mano con Balaguer en el Palacio de los Deportes con la presencia de un Juan Bosch bajo cuestionadas condiciones de salud mental.

Allí fue donde Leonel Fernández recibió el espaldarazo del caudillo de Navarrete como su candidato para las elecciones de 1996, fulminando así las aspiraciones del candidato reformista Jacinto Peynado.

Considerado dicho acto como uno de los más bochornosos de la historia dominicana, Balaguer recibió allí besos y aplausos de familiares cercanos de varias de sus víctimas.

A Balaguer se le consigna como el discípulo preferido por Trujillo, al extremo que montó el simulacro de investirlo como “presidente de la República” función que ostentaba al 30 de mayo de 1961.

Los “12 años de Balaguer” son ya famosos por ser un periodo gubernamental sangriento y represivo con un largo rosario de miles de víctimas entre perseguidos, deportados, desaparecidos, encarcelados, baleados y asesinados en sus hogares o plena calle. En documentos desclasificados en Washington aparece que la selectiva cacería fue ejecutada bajo asesoramiento de cuerpos de inteligencia como la CIA norteamericana.

No obstante, a consenso se considera que el más grave daño ocasionado por Joaquín Balaguer es haber promovido durante 22 años la desarticulación moral entre los dominicanos y una profunda involución de valores que causó estragos irreversibles en la juventud y en toda la sociedad.

Pese a esos daños de lesa patria el PRD declaró a Balaguer “Padre de la Democracia Dominicana” mediante una antológica Resolución del Senado de la República, bajo control absoluto del partido blanco en esos momentos.

En los días que cursan han aparecido titulares de prensa reseñando ceremonias laudatorias y declaraciones que pretenden consagrar a Joaquín Balaguer para la eternidad.

Particularmente en esos términos están las palabras del ex presidente colombiano Álvaro Uribe orientadas a canonizar a Joaquín Balaguer en los altares de la patria dominicana.

Muchos preguntan si el colombiano tiene credenciales para pronunciarse sobre los personajes de algún país. Se conoce todo lo contrario.

¿Será por eso el rumor de que Uribe sería declarado “non grato” en el país?
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