sábado, 10 de noviembre de 2018
LO QUE MANOLO LE DIJO A MINERVA
El doctor Ambiorix Díaz Estrella y el empresario J. Armando Bermúdez (Poppy) se encontraron a principio de octubre de 1960 con Minerva Mirabal en la entonces prestante, tienda “El Gallo”, de Santiago de los Caballeros, establecimiento comercial de ventas por departamentos, ya desaparecido. Fue un encuentro casual. Tanto Ambiorix como Poppy conocían a Minerva. Poppy la había visitado en su residencia de Ojo de Agua, Salcedo, en sus años juveniles, en correrías de serenatas y encuentros de jóvenes amigos. Minerva había sido detenida varias veces por su participación en el “Movimiento Clandestino 14 de Junio”, que fue develado en enero de 1960. Tal y como me lo relataron estos dos ilustres caballeros y amigos, luego de saludarla, ambos les advirtieron que tomara medidas extremas de seguridad ante la ferocidad del Trujillo y su pública animadversión hacia Minerva, incluso le aconsejaron que saliera a la calle lo menos posible.
Minerva agradeció el consejo, pero replicó, señalando que para Trujillo era muy difícil atentar contra su vida, después de las sanciones comerciales y diplomáticas que la Organización de Estados Americanos (OEA), había impuesto a la dictadura, en la Conferencia de Cancilleres de San José de Costa Rica a finales de agosto de 1960, al comprobarse la participación de Trujillo en el intento de asesinato del presidente venezolano, Rómulo Betancourt. Minerva no subestimó a Trujillo, sino que contextualizó el escenario de la dictadura acosada por todos los países hemisféricos, y la evidente improbabilidad racional de que un tirano bloqueado y denunciado por la opinión pública internacional, se atreviera a ejecutar una agresión contra su vida, luego que incluso se habían producido denuncias en Estados Unidos, publicadas en el prestigioso periódico “The New York Times”, sobre las detenciones y agresiones contra ella y varias mujeres integrantes de la resistencia antitrujllista.
Además, presos los líderes principales del 14 de Junio, asesinados muchos de ellos, desmantelada la estructura celular de organización del movimiento, asilados una gran parte de sus integrantes en embajadas acreditadas en el país, vigiladas las 24 horas, las hermanas Mirabal, quienes tenían un puesto policial y de “caliesaje” a metros de su residencia donde tenían que reportan cualquier salida del área, era muy difícil pensar que Trujillo dispusiera de su muerte, si no existía una clara necesidad política en esos momentos para matarla. Este planteamiento lógico de Minerva ante Ambiorix y Poppy, chocó con una mente perversa, ilógica, obsesiva. Trujillo no la mataría a ella y a sus hermanas por una necesidad política, reducidas como estaban a una estrecha dimensión geográfica semi rural sin ningún contacto visible con opositores. Las mataría por reacción emocional, impropia de un estadista, a nivel de cloaca dirigencial, como rufián y delincuente inveterado. Como ironía de la vida, le correspondió a Ambiorix, menos de dos meses después, levantar los cadáveres de Patria, María Teresa y Minerva, del lugar donde fueron arrojadas por la sevicia de sus asesinos.
En la visita previa, antes de la última visita donde fue emboscada junto a Patria y Minerva que realizó Minerva a la prisión de San Felipe de Puerto Plata, donde Manuel Aurelio Tavárez Justo y Leandro Guzmán, esposos de Minerva y María Teresa, habían sido trasladados con la finalidad siniestra de asesinarlas cuando fueran a verlos, Minerva les contó a Manolo y Leandro, que Trujillo la había mencionado diciendo públicamente en el periódico “El Caribe” que nada más tenía dos problemas en el país y uno de ellos eran las Mirabal. Narra el Ingeniero Leandro Guzmán que Manolo sobresaltado le dijo que no volvieran a verlos, que las iban a matar en la carretera o de lo contrario debían mudarse a Puerto Plata para evitar la comisión del crimen. No tuvieron tiempo para mudarse a Puerto Plata.
La orden de matarlas solo podía darla Trujillo. Nada se ejecutaba en el país sin su autorización o consentimiento. La burda acusación de algunos de vincular a Segundo Imbert Barrera en ese crimen no resiste una investigación ni un análisis. Detenido en el penal de La Victoria, nunca salió de ese recinto. Testimonio irrefutables de su compañeros de celda, entre ellos, del arquitecto René Sánchez Córdova, un referente moral de esta sociedad, y otros, indican que nunca lo vieron salir de su reclusión ni por un segundo, hasta el día en que fue asesinado. El famoso “hombre del sombrero de alas anchas “del carro Mercedes Benz, que supervisó la operación homicida, no fue otro que José Luis Estévez (Pechito), en compañía de Alicinio Peña Rivera, jefe del servicio de inteligencia de la región norte. Informaciones confidenciales señalaron la participación de León Estévez, cuya mente atormentada lo llevó al suicidio sin poder redimirse bajo los esfuerzos y oficios del padre Marcial Silva en la Parroquia de Arroyo Hondo.
Las mentiras del trujillismo residual e insuficiente, no se sostienen bajo ninguna apreciación y análisis de aquellos hechos. La supuesta visita de Minerva Mirabal a “Boca Chica” a la casa de Ramfis Trujillo para pedir la libertad de Manolo, sólo la pueden hacer quienes no conocieron a Minerva Mirabal, quienes no supieron de su temple, de su orgullo y dignidad personal. Además parecería que Minerva era simplemente la esposa de Manolo, y no como lo fue hasta su muerte, una de las dirigentes principales de la oposición a Trujillo, una combatiente radical a la dictadura, que no transigió con todas las ofertas que Trujillo le hizo en varias ocasiones por canales de comunicación distintos. Minerva tenía una conciencia política definida, no fue arrastrada por Manolo a la conspiración, ella venía de las luchas anteriores, de lecturas fundamentales y constituyó en la vida de Manolo, un acicate para avanzar sin vacilaciones contra el tirano. Por eso en una confesión al guerrillero y combatiente anti-trujillista, José Daniel Ariza, le expresó que él, Manolo, no podía ser menos que Minerva Mirabal.
Artículo publicado originalmente en Listín Diario, el 9 de octubre de 2018 Siga Leyendo...
lunes, 22 de julio de 2013
BUSCANDO NIVEL
Por Fernando Rodríguez Céspedes
El profesor Juan Bosch hizo famosa la frase: "En política hay cosas que se ven y cosas que no se ven, y a veces, las que no se ven son más importantes que las que se ven". Parafraseando al ex presidente se podría decir que también hay cosas que se dicen y otras que se callan y, a veces las que se callan, son más importantes que las que se dicen.
Estos pensamientos llegan a mí, al escuchar durante la apertura del VIII Congreso ordinario Norge Botello del PLD, el altisonante discurso del presidente de la organización y ex jefe de Estado, doctor Leonel Fernández Reina, en el sentido de que su partido se prepara para gobernar 20 años más, es decir hasta el 2036.
Sumando los 12 años en el poder del PLD, los cuatro de Danilo más los 20 adicionales a que aspira el ex mandatario, tendríamos un total de 36 años, 6 más que los que permaneció Trujillo tiranizando al pueblo y 14 más que los que duró Balaguer gobernando en base a fraudes y corrupción.
Porque cuando un partido o un gobernante decide perpetuarse en el poder, corrompe todas las estructuras del Estado para lograr sus objetivos y en sistemas tan vulnerables, institucionalmente como el nuestro, esto resulta fácil porque todas las instancias públicas están supeditadas al Ejecutivo.
Creo que la euforia del momento traicionó a un Leonel acostumbrado a calcular cada una de sus palabras, porque hay cosas que aunque todo el mundo las sospecha, no se deben decir, y menos con un triunfalismo provocador y negador del sistema de partidos y la alternabilidad en el poder, bases fundamentales de la democracia representativa.
Todo esto, unido a la decisión del Tribunal Superior Electoral desconociendo la calidad de miembros de decenas de perredeístas del Comité Ejecutivo Nacional, previo a la celebración de una asamblea de este organismo anunciada por el sector del ingeniero Miguel Vargas, crea una situación muy difícil entre los seguidores del ex presidente Hipólito Mejía a quienes no se les está dejando ningún bajadero.
No obstante, estas situaciones han fortalecido al PRD con los miembros del partido que se mantenían un tanto alejados de las tendencias, pero que ven como los peledeístas se consolidan en base a su división y el uso de los recursos del Estado, además de que se burlan no solo de una tendencia, sino de todo el partido blanco.
Como muestra de esto, aparece Leonel Fernández amenazando con dar una "sexta pela" electoral en el 2016 a un partido resquebrajado por sus luchas internas, en parte incentivadas por los morados, y con durar 20 años más en el poder a partir de las elecciones del 2016, es como para cualquiera pensar que la única salida del PRD es la unidad.
Pero sabemos que esto no es factible mientras Hipólito y Miguel encabecen los dos principales grupos de la entidad política porque con sus torpezas se han dejado arrastrar a posiciones personales que nada tienen que ver con ideologías ni principios por lo que se hace urgente que una nueva fuerza dentro del partido se imponga a los intereses de ambos y salve al PRD de una inminente destrucción.
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miércoles, 26 de octubre de 2011
El canto del chivo
Por LUIS SCHEKER ORTIZ
No sé por qué. Quizás sea el estado de descomposición social, desmoralizante, nunca antes tan generalizado, tan dramático. Desesperanzador. Quizás por ello, me dio por releer “La Fiesta del Chivo” y revisar algunos apuntes que me permitiera hacer en la primera lectura de la celebrada y controversial obra del eximio escritor Mario Vargas Llosa. Me llamó la atención un párrafo que había subrayado (pág. 96) donde se le atribuye al Generalísimo un pensamiento reflexivo que difícilmente sea de él, sino del autor de la obra, pero que puesto en boca del Benefactor de la Patria, megalómano por excelencia, artista de la simulación y la mentira, pudiera ser expresado en palabras bien dichas, durante una conversación íntima con su esbirro favorito, el tenebroso Johnny Abbes García, famoso por su crueldad y su frialdad profesional, su adición perruna al jefe indiscutible.
Extrañado de cómo un hombre como él pudiera casarse con mujer tan fea y alabando los pingües negocios que pudo hacer mientras desempeñaba funciones de espionaje en México, Johnny Abbes confiesa que nunca eso se le hubiese ocurrido a él, “porque nunca me interesaron los negocios”, y le agradece, cándidamente, a su mentor, el haberlo inducido. A ello replica Trujillo con palabras sabias, que vale la pena reproducir así sea para acercarnos a una política ética del Estado (Sócrates, Platón), tan distante. Alecciona Trujillo a su discípulo aventajado: “Prefiero que mis colaboradores hagan buenos negocios a que roben. Los buenos negocios sirven al país, dan trabajo, producen riquezas, levantan la moral del pueblo. En cambio, los robos lo desmoralizan”. Canto huero, patriótico, el del chivo moralizante, que a ratos aún escuchamos.
Dudo que eso saliera del numen de Trujillo. Que fuese ese su sentir y su pensar. Pero hay que admitir, mal que nos pese, que durante la Era, el robo y la corrupción y el crimen estaban políticamente controlados. Ladrón él, corrupto él, asesino él, varón ilustre, supremo, único. Perínclito impredecible, dueño de vidas y haciendas, y con él un pequeño grupo de cortesanos favorecidos, a quienes otorgaba complacido, o daba como premio, una pequeña tajada por su eficiente servicio, o por su servilismo rastrero, su lealtad a toda prueba, mezcla de temor y penosa veneración.
Más penoso es comprobar, a los cincuenta años de su partida al otro mundo, cuán pocos han sido y son los gobernantes y dirigentes que le han sucedido y con apego absoluto a la verdad, sin rubor, sin mentiras ni engaños, puedan repetir semejantes palabras, sin que éstas le exploten en la boca.
Cuán valiosos son quienes, unidos al canto del ruiseñor, valientemente y convencidos, “hablan de ética política y lo hacen porque tienen una norma y un ideal del ser y de la comunidad, de medios y fines, de lo justo y de lo injusto; pero quienes no tienen ese referente personal, difícilmente consideran necesario que la política se vincule a normas éticas.” Tal es el signo de nuestros tiempos. Siga Leyendo...
lunes, 13 de junio de 2011
“Crímenes de Trujillo no pueden olvidarse”
Por Adriana Peguero
Santo Domingo
Que devuelvan lo que se robaron aquí y se lean la historia dominicana, fue la sugerencia que le hizo a la familia Trujillo la directora del Museo de la Resistencia, Luisa de Peña, en reacción a la declaración de Ramfis, quien dijo que su familia no tiene que pedir perdón a esta nación por los crímenes que cometió su abuelo, Rafael Leónidas Trujillo, en los 31 años de dictadura.
“La bondad nace en cualquiera. Si contrario a los genes de Trujillo y María Martínez alguno siente lo que sentiría cualquier ser humano al descender de un monstruo como tal, deberían de quitarse el apellido. Yo me lo quitaría. Yo no diría que soy Trujillo, yo me pusiera otro apellido”, dijo.
Dijo que si en alguno de los parientes de Trujillo renace la semilla de la bondad, que renieguen de esa familia “digan no, yo biológicamente desciendo de ellos pero como ser humano me separo de ellos, porque estoy totalmente en contra de los crímenes, asesinatos, robos y violaciones”.
Con ella coincidió la Fundación Testimonio al asegurar que no hace falta que los descendientes del tirano Rafael Leónidas Trujillo pidan perdón por los asesinatos que cometió, porque los crímenes de lesa humanidad, no tienen perdón.
“Nosotros los dominicanos afectados comprendemos a los perpetradores que lo hicieron, porque todos los seres racionales tenemos el poder de comprender aquellos que son enfermos. Los asesinos en serie y los psicópatas son enfermos mentales y el que no es enfermo mental lo comprende, pero eso no quiere decir que lo perdone”, dijo De Peña.
Manifestó que Angelita Trujillo lo sabe todo y “ella es igual que su papá Rafael L. Trujillo y su mamá”.
De su lado Raúl Pérez Peña, presidente de la Fundación Testimonio, dijo que tampoco sorprenden las declaraciones del nieto del tirano, debido a que es común la defensa póstuma de los regímenes represivos.
“Defender a Trujillo bajo el pretexto de que su gobierno es fruto de las circunstancias es lo mismo que argumentan los balagueristas al hablar del gobierno de los 12 años”, dijo.
Pérez Peña advirtió que los trujillistas orgánicos pretenden una reinserción en el panorama dominicano, pero solo constituyen la silueta enclenque, apagada y fuera de tiempo del tirano Trujillo.
“No se puede temer al trujillismo como una amenaza latente. Pero son otras fuerzas que aprovechan ese fantasma para que los dominicanos desvíen su atención de graves problemas que deben enfrentar en la actualidad”, sostuvo. Siga Leyendo...
jueves, 9 de junio de 2011
Balaguer contra “Ramfis”
JUAN JOSÉ AYUSO
buenapila@yahoo.es
Con el apoyo de los norteamericanos presas del pánico ante la posibilidad del surgimiento de “una nueva Cuba” en América Latina, acentuado por el acontecimiento patriótico de Abril de 1965 en el país, Joaquín Balaguer recibió el poder en julio de 1966.
Concebido y organizado sobre la marcha un régimen despótico de violación de hecho de los derechos y libertades humanos, que teatralizaba con “respeto y apego” a la Constitución y las leyes, el político impuso un régimen neotrujillista que se prolongaría primero por doce años y, con un interregno de ocho, por diez más.
La persecución, el encarcelamiento, el asesinato y el destierro fueron los expedientes de poder mediante los cuales Balaguer cimentó su régimen. Había llegado también con el respaldo de la oligarquía nacional que sentía el mismo pánico de sus protectores y asociados norteamericanos, y del hijo mayor del tirano Rafael Trujillo, “Ramfis”.
Acerca de esto último, lo documenta sin lugar a dudas la investigación de Bernardo Vega en archivos y papeles desclasificados de los gobiernos de Estados Unidos desde fines de 1960, Lyndon Johnson y Richard Nixon.
El primogénito del tirano, cuya vocación hasta 1961 fue la de la francachela y el despilfarro de tragos, mujeres y fiestas a todo costo, tuvo sin embargo el poder y la habilidad de despojar a sus familiares ascendientes y a sus hermanos de buena parte de la fortuna dejada por Trujillo.
En 1966, aunque seguía la fiesta que puede costear un millonario, quizá empezó a pensar en regresar al poder. Contaba ya 57 años y era posible que algo le hubiese enseñado su exilio de cinco. Debió también haber invertido en negocios, protegido por el mando del dictador Francisco Franco en España.
Así, y confiado en la “bondad” de quien siempre fue su consejero, Balaguer, aventuró algunos centenares de miles de dólares en la campaña 1965-1966 pero como tanta otra gente fue engañado por la apariencia de mansedumbre y subordinación que siempre presentaba el potencial caudillo.
Balaguer tendió con rapidez las redes de su dictadura “de derecho” y a fuerza de persecución, encarcelamiento, asesinato y deportación de constitucionalistas, comunistas y otros opositores, empezó a gozar de un poder absoluto.
Sólo “Ramfis”, con quien tenía compromisos, le representaba un peligro real.
Si “Ramfis” Trujillo hubiese contado con un mínimo de valor y arresto, ¿qué hubiera pasado si de repente llegaba al país en cualquiera de los meses que siguieron a julio de 1966?
¿Llegaba un político con naturales aspiraciones de poder?
No.
Aterrorizados los norteamericanos y la oligarquía criolla por el fantasma de “una nueva Cuba” en América Latina y con el trujillismo más que vivo en la figura neotrujillista de Joaquín Balaguer, llegaría el “general de aire, mar y tierra”, el heredero de Trujillo, una figura con la que el presidente “electo” tendría por fuerza que compartir poder y escenario.
Y Balaguer, aguerrido en la política tradicional desde la traición a Horacio Vásquez en 1930 y la entronización de la tiranía del general Rafael Trujillo, acción en la que participó junto a Rafael Estrella Ureña, tenía además la experiencia de la política del régimen durante 31 años y de su propia política personal de mantenerse siempre en la “gracia” de Trujillo.
“Ramfis” no tenía el valor ni el arresto y prefirió negociar su regreso con Balaguer, al que éste dio largas hasta que decidiría “cortar por lo sano” y “resolver” el problema de manera radical y para siempre.
Después de una fiesta en casa de una “dama” del prostitutario de “nobleza” española que el dictador Francisco Franco patrocinaba, el carro de “Ramfis” se accidentó a principios de diciembre y el 28 de ese mes, después de una notable recuperación, moría en una clínica de Madrid.
“Accidente” demasiado conveniente para Balaguer y su trama de poder,
Con la mala fe aconsejable cuando que se trate de analizar la política de los “truchimanes” del despotismo continuista por naturaleza y celoso hasta de un mosquito que pretenda distraerle siquiera un segundo de poder, lo de “Ramfis” no habría sido fortuito. Ni el “accidente” ni su muerte posterior en la clínica madrileña y en medio de una franca y pública recuperación.
¿Contaba Balaguer con los recursos para extender el brazo y llegar a la capital española con el poder de fuego y sangre con que empezó a dominar en el país?
Sí. Entre los asesinos trujillistas que hacían “el trabajo” en el país los había con experiencia en atentados internacionales como el secuestro de Jesús de Galíndez en Nueva York, en 1956 –el mismo Balaguer-, y el atentado contra el presidente Rómulo Betancourt, el 24 de junio de 1960 en Caracas, la capital venezolana.
Además, y con relación a los norteamericanos y al gobierno de Lyndon B. Johnson, Balaguer mantenía un “derecho a la insolencia” que no ejercía pero que, en caso de amenazarse su continuismo de poder, era muy capaz de utilizar.
Urdir la trama y asesinar a “Ramfis” no hubiese sido un “atentado contra los derechos humanos” que Washington hubiese siquiera investigado.
("Ramfis" nació en 1929. Al morir en 1969 tenía 40).
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viernes, 3 de junio de 2011
Cincuenta años después
Cincuenta años después los herederos defienden como obra necesaria del abuelo la sangre del pueblo vertida desde antes de llegar al poder por él, considerándola como parte de un drama imaginario escrito por la oposición para denigrar al Generalísimo.
La destacable criminal historia de Trujillo comienza por Martínez Reyna, muerto en su casa junto a su esposa por sicarios militares que cumplieron sus órdenes. Continúa con el descabezamiento del opositor general Desiderio Arias, frente al que el candidato presidencial tembló a ojos vistas de los presentes. Dos figuras cimeras cuya muerte no se produjo por un ataque de gripe, sino por un ataque de odio saturado por el miedo al prestigio de los opositores. Balaguer, en aquel discurso de despedida frente al féretro del dictador, señaló que Trujillo alguna vez le dijo “yo pienso mucho en los muertos” sin apuntar a qué muertos se refería su jefe, si a los opositores a sus gobiernos, o a los de las insignificantes esquelas mortuorias producto de las decisiones de segundo rango llevadas a cabo por sus seguidores, en las que revisaba los decesos para comprobar si sus mandatos se cumplían. Antes de llegar al poder el Generalísimo selló su historia de crímenes con otras “muertes continuistas”, como la del capitán Eugenio de Marchena, muertes que el apoyo norteamericano silenció cuando un riñón de Horacio Vásquez se negó a seguir funcionando y muchos de los seguidores de la “Virgen de Altagracia con chiva” como le llamaban sus seguidores por considerarlo bueno y capaz de entrar en el santoral, decidieron pasarse al otro bando.
El continuismo de la muerte anunciada se fue convirtiendo en modelo de gobierno que asesina como forma de acallar y silenciar las verdades de una oposición valiente que jamás creyó que la mano del poder omnímodo los alcanzaría. Cayó Mauricio Báez en las calles de La Habana, cayó el temeroso José Almoina en las calles de México, cayó el novelista Requena en un Nueva York donde el terror no respetaba la temperatura polar. Cayó, raptado, el antiguo consejero de Trujillo y entonces agente del FBI, Jesús de Galíndez, autor locuaz del libro La Era de Trujillo. Todos menos Báez habían sido trujillistas transformados en “desafectos”.
La mano del Generalísimo no tenía guantes. Preguntad si no, a los seguidores del Presidente Castillo Armas J. Abbes, el esbirro mayor, soñaba con darle a Trujillo fuerzas represivas capaces de poner a Centroamérica a los pies del sátrapa. Por las ondas de La Voz Dominicana, los mensajes de muerte fueron comunes. Sin guantes, pero con la anuencia cuatrera y gozosa de su hermano Petán, el Generalísimo anunciaba descaradamente, en comedia filamentosa, las muertes que se producirían en su camino hacia el dominio centroamericano.
Los nietos y bisnietos no han leído ni aceptado que el Generalísimo fue un Satanás con ansias infernales. Daba besitos y amaba a los suyos por el instinto filial que vivía en sus adentros, animal instinto que muchos poseemos, mientras que a la sombra del silbo abría nuevas cárceles de tortura, como aquellas que inaugurara en Nigua, donde las primeras hornadas de opositores recibieran el convincente e infernal “aliento político” que Trujillo ofreciera a muchos de los que decidieron pasarse a su bando luego del terror con el que el régimen amenazó a sus familias.
Los nietos y bisnietos del ilustre caballero sancristobalense no están interesados en ir al Museo de la Resistencia para ver con sus propios ojos la verdad de la “Era”.
Ellos tienen ya conformada su propia verdad, han vivido en la verdad millonaria que su progenitor creó a base de explotar el país y siguen empantanados en las memorias vicarias de sus familiares, en la insensible memoria de los que han resurgido como abogados que pronostican un trujillismo inaudito y necesario.
Estamos frente a una conflagración contra la memoria histórica. Ellos pueden defenderse porque gozan del espacio democrático que Trujillo nos negó a todos. Pueden considerar errores sin importancia no sólo las cárceles de tortura para masacrar los enemigos del “pundonoroso abuelo” que según demostró Vega ya en sus años de guardia gringo fue encausado por violar mujeres dentro de una iglesia.
Pueden considerar errores sin importancia los fusilamientos de los grupos armados heroicos donde el comandante Gómez Ochoa, criticado acremente por María de los Ángeles del Corazón de Jesús Trujillo Martínez, en resumen Angelita, fue un héroe mayor obligado a ver el fusilamiento de los enemigos del régimen apresados en las montañas de Quisqueya, y a quien Angelita, quiere hacer pasar, con vieja fórmula anticomunista erosionada y oxidada, como un ángel maligno. ¡Comadante Gómez Ochoa, te agradecemos el amor martiano que dejaste en la historia dominicana con tu acción!
Vivíamos en zozobra, mientras la ingenua Angelita regañaba a su padre por las conductas eróticas, (¡qué risible muestra de pundonor y ternura!) y él afirmaba que era incapaz de abofetearla por su audacia, mientras en las cárceles dominicanas se abofeteaba con descargas eléctricas en “salvas sean las partes” a los opositores que naufragaban en el intento de hacer un país más libre de crápulas.
El modelo democrático que nos gastamos ha permitido que Angelita Trujillo pueda tener páginas completas para decir “lo suyo”. Yo tenía un amigo escritor que me señalaba: la debilidad de la democracia es que siempre te da una segunda oportunidad.
Los nietos y bisnietos estarán gozando con las palabras de Angelita, la que parece haber nacido en un país desconocido, en donde ella es algo así como la bella durmiente del bosque, un país sacado de las páginas de alguna novela encantada de autor anónimo que ella a su vez reproduce a su manera con desparpajo de hada madrina ferial, burlándose de la memoria histórica de los dominicanos ahora casi obligados a ver crudamente y sin análisis las mismas fotos del trujillismo y de las vidas de la época, almibaradas con pies descriptivos que hablan con textos melífluos de los valores del Jefe. Frases sazonadas a veces con piropos untados del “lambonismo” soñoliento de los que intentan presentar como normal la vida anormal que en aquellos momentos avasallara nuestra historia.
Ya, con la supuesta inauguración de un museo de los éxitos del Benefactor, un nieto de Trujillo, con nombre de Ramfis, olvida como su tío masacró a los invasores de junio, y ordenó a sus cadetes que dispararan para mancharlos con la culpa. Nuestro compañero Guerrero Pou, salido de la escuela Normal para hacerse cadete de la Fuerza Aérea Dominicana, lo narra en un libro conmovedor y valiente, que todos los jóvenes deberían leer: Yo maté a su hijo.
Ramfis, ese bárbaro bonitillo, incapaz de concluir por sí mismo el bachillerato, hizo lo mismo con los prisioneros que heroicamente participaron en el derrumbe de la dictadura. La insania lo llevó a violar la ley, haciéndolos trasladar, frente a toda negativa legal, a la Hacienda María, donde los testigos señalan cómo desde un alto promontorio creado para el asesinato a manera de un teatro con escenografía mortal, las balas de él y sus amigos llovieron sobre los cuerpos indefensos de los prisioneros. La pregunta al sobrino es la de si él sería capaz de hacer lo mismo.
Lo cierto es que se desea suplantar la memoria, y hay que tener cuidado con ello. Se incita ingenua o intencionalmente, con el permanente tema de Trujillo, a cierta clase social a defender la memoria podrida del régimen, pero en la incitación aflora la ignorancia política de los que creen que las imágenes son mejores que la realidad vivida; y que la era de Trujillo fue tan gloriosa como la que cantaba la danza del maestro Luis Pérez, y que a Angelita Primera solo le faltaba que comprando un país barato, de los que aparecen en los clasificados, su padre la llevara al trono que merecía como hija de Ramsés III, con una barcaza alumbrada por la luna de un Nilo de hojalata y papiros, y cuarenta remeros haciendo el suave movimiento que el esclavo, egipcio o dominicano, convertiría en motor de una historia aberrante.
Pues bien, nuestro problema no es convencer a la familia Trujillo de que su padre, abuelo o bisabuelo fue un gañán con poderes y acciones del todo criminales, y de que convencidos de que eran dueños del país todos o casi todos los familiares, nos dieron un trato de seres inferiores cuando los inferiores eran ellos.
Nuestro problema es educar con honestidad a los dominicanos de hoy y mostrarles en todas las tribunas, aulas y templos, las entrañas de aquella realidad sangrienta que estaremos siempre dispuestos a rechazar y que fue calificada como La Era de Trujillo. Siga Leyendo...
lunes, 30 de mayo de 2011
Que no se repita la Era de Trujillo
Lo bueno
Lo bueno de Trujillo fue muy poco.
Los que quieren defender la dictadura de Trujillo piensan, al igual que los que defienden al fascismo italiano, que los trenes llegaban a la hora correcta y durante 31 años no se robaba -excepto lo que robaba el propio Trujillo, que era muchísimo; no se mataba -excepto cuando se mataba por órdenes de Trujillo, que mató a miles.
Había una total centralización de la distribución del ingreso que, como sabe cualquier economista, estimula la inversión, lo que en parte puede explicar el crecimiento de la economía -pero era la economía personal de Trujillo.
La República Dominicana durante la dictadura se convirtió en la finca personal del dictador. Prácticamente todas las industrias le pertenecían.
Así que lo único bueno de la dictadura de Trujillo es que el conocerla ahora nos pone en una situación de tratar de hacer todo lo posible para que no se repita.
Lo malo
Lo malo de la dictadura de Trujillo, primero fue el derramamiento de sangre. Miles de dominicanos que perdieron la vida, haitianos también, personas asesinadas por Trujillo en el extranjero.
Fue una total paralización de la iniciativa privada y profesional durante décadas; no se podía salir del país a estudiar afuera, no se recibían libros del exterior.
El denominado generalísimo repartía fortunas entre familiares y acólitos.
Es decir, todo el crecimiento espiritual del país se detuvo durante esas tres décadas y se montaron industrias que solamente eran viables con un alto nivel de proteccionismo porque pertenecían al dictador.
La iniciativa privada se vio obstaculizada de manera extraordinaria porque todo negocio que daba dinero, Trujillo eventualmente pedía que se lo vendieran.
Es decir que creó un verdadero atraso en el país en el orden cultural y político también.
Lo feo
Lo feo es el mal gusto del dictador.
Las obras físicas de pésimo gusto que construyó, por ejemplo la zona de la Feria de la Paz, donde construyó dos monumentos tan grandes que no los podemos destruir... las estatuas pequeñas, los miles de bustos, se destruyeron.
El mal gusto del dictador en cuanto a exigir que le dieran todos los títulos honoríficos habidos y por haber.
La adulación que obligó a que los poetas escribieran a su favor toda una vocación de solamente hablar bien del régimen... eso fue lo realmente feo de Trujillo.
Reflexión personal
Mi reflexión personal es muy negativa.
Es parte de un proceso por el cual pasó América Latina -algunos más temprano, como Gómez en Venezuela, Rosas en Argentina, con los dictadores de Centroamérica; otros más tarde, como Batista en Cuba, Pinochet en Chile.
Fueron etapas lamentables del desarrollo político de la región, que todos esperamos que sean no repetibles y reconocer que ese tipo de cosas suceden aún en las sociedades más sofisticadas, como fue el caso de Hitler en Alemania. Siga Leyendo...
sábado, 28 de mayo de 2011
¡POR QUÉ EL TREINTA DE MAYO!
Por Ramón Echavarría
El autor, como víctima de la tiranía trujillista, recibió torturas en la tristemente famosa cárcel la 40.
Para los que olvidan que la lealtad es una de las condiciones más importantes del hombre, deseo recordar que el bautismo en el principio de la Era de Trujillo fue la traición.
En el año 1930, siendo Horacio Vásquez presidente constitucional de este país y siendo Trujillo jefe del ejército protegido de Horario Vásquez, este le pagó lo que paradójicamente el jefe le pedía a sus subalternos, militares y ciudadanos (lealtad). Recuerda la historia que los amigos del presidente Vásquez le aconsejaron que destituyera a Trujillo porque consideraban que lo estaba traicionando. El presidente decidió reunirse con Trujillo en la fortaleza Ozama y le pidió: General, deseo saber si soy su presidente o su prisionero. Trujillo, saludando militarmente, respondió: Usted es mi presidente, ¡ordene!, mientras ya había organizado un golpe de estado. Se inician treinta años oscuros: crímenes, robos, torturas, violaciones; violación como aconteció en junio de 1919 cuando Trujillo violó en los llanos la jovencita de 17 años Isabel Guzmán y donde Trujillo fue juzgado por una corte marcial.
Se puede, en síntesis, relatar algunos hechos de la tiranía trujillista porque con detalles tendríamos que escribir muchos libros, pero para esta fecha es bueno refrescar la memoria de algunas personas que por ignorancia o conveniencia política quieren tergiversar los hechos. He aquí algunos hechos y vivencias que serían muy provechosos saber, especialmente para la juventud.
En 1931 fue fundado el Partido Dominicano. Todos tenían que afiliarse a ese partido de forma obligatoria, de lo contrario no podían optar por un empleo en el gobierno y hasta podía acarrearles la muerte.
El lema del Partido Dominicano era “Rectitud, Libertad, Trabajo y Moralidad”, que eran las iniciales de su presidente Rafael Leónidas Trujillo Molina. Era obligatorio portar la palmita (identificación de que era miembro del PD), de lo contrario iba a parar a la cárcel.
A los cuatro años, el hijo de Trujillo, Ranfis, es hecho coronel en mérito a su servicio; como diría el campesino: cójame un número.
En 1930, Trujillo es electo presidente sin oposición. En 1934 se reelige también sin oposición. En 1935 es asesinado en New York Sergio Bencosme, exiliado dominicano muerto a balazos por Luis Fuente Rubirosa, pariente de Porfirio Rubirosa, esposo de Flor de Oro, hija mayor de Trujillo. Bencosme era hijo del asesinado General Cipriano Bencosme y vivía junto a Ángel Morales, candidato a la vicepresidencia en 1930. Al no encontrar a Morales, mató a Bencosme; el plan era matar a los dos. En ese año la calle el Sol de Santiago pasa a tener el nombre de Trujillo.
En 1936, la ciudad de Santo Domingo pasa a llamarse Ciudad Trujillo. En 1937, Trujillo, en medio de una borrachera de coñac, ordena la matanza de 18,000 haitianos. En 1938, el Gobierno Dominicano paga la suma de 750,000 al Gobierno Haitiano por la masacre; si usted es buen matemático, calcule a como salió cada Haitiano.
En 1938, a Trujillo, con solo ocho años en el poder, se le hace un estimado de su fortuna y los resultados dicen que es casi dueño del país. El tirano es dueño absoluto del monopolio de la sal, incursionaba con una planta piloto del aceite a tiempo que ponía traba a las importaciones de manteca. Era propietario de las principales fábricas de calzados, cigarrillos, embutidos; tenía el monopolio de la venta de carnes y de la leche, también de una pequeña flota marítima, de una empresa distribuidora de automóviles y planeaba la apertura de una fábrica de cemento; producto que mientras se importó, lo controlaba por medio de la Ferretería Read, controlada por su cuñado Martínez Alba. Su fortuna en esos momentos sobrepasaba los treinta millones de dólares, también tenía inversiones en Puerto Rico y New York.
En 1938, además de 14 ingenios de azúcar, los datos indican la existencia de 212 fábricas de muebles, un sinnúmero de fábricas de zapatos y ataúdes, fábricas de chocolate, veintiocho fábricas de cigarros, veintisiete fábricas de camisas, dieciséis molinos de harina, diez jabonarías, seis de licores y una fábrica de cerveza.
En 1940 asesina al General Vásquez Rivera acusado de complicidad para matar a Petán, uno de los hermanos del dictador. Dos hermanos del General que reclamaron el cadáver, también fueron asesinados.
En 1942, Trujillo es presidente nuevamente. En el mismo año, el gobierno estrangula económicamente el Listín Diario y el periódico es obligado a cerrar sus puertas. En 1949, con una inversión personal de Trujillo, circula el periódico el Caribe; toda la prensa está controlada por el gobierno de Trujillo.
En el 1949, el 19 de julio, expedicionarios dominicanos descendieron de dos hidroaviones anfibios en la primera invasión contra el régimen de Trujillo. En estos aviones perecieron carbonizados cuatro patriotas; los demás, de un total de quince que descendieron de un avión catalina, fueron muertos y capturados en la bahía de Luperón. Esta expedición estuvo encabezada por Horacio Julio Ornes. El jefe supremo de la expedición fue Juan Rodríguez (Juancito), quien estaba supuesto a llegar a la región del Cibao. Otro contingente estaba supuesto a llegar por el sur, pero ambos grupos fueron detenidos en México cuando trataban de abastecerse de gasolina. En la lucha por la libertad de su pueblo, fue asesinado en Cuba el dirigente obrero Mauricio Báez.
En 1952, mientras el tirano usaba como una marioneta a su hermano Héctor como presidente, es asesinado el escritor Andrés Requena en la ciudad de New York; mientras en Estados Unidos Ranfis el hijo del tirano dilapida los millones sustraídos al pueblo dominicano, su padre se hace nombrar padre de la patria nueva. En 1956, es secuestrado en New York, y luego asesinado, Jesús de Galíndez, profesor universitario de origen español, por escribir la novela La Era de Trujillo, donde afirmaba, entre otras cosas, que Ranfis era hijo ilegítimo del tirano.
En 1957 comienza a funcionar el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) con oficina instalada frente al despacho presidencial. Este cuerpo de seguridad fue puesto bajo la dirección de Arturo Espaillat junto a su sucesor Johnny Abbes García; a los integrantes de este cuerpo de represión, el pueblo los llamaba calieses. A ese departamento fueron a parar los hombres más despiadados de este país (RD), se usaron instrumentos de tortura jamás imaginados por los hombres; ahí fueron a parar todas las personas que tuvieron ideas de libertad; hombres y mujeres, de todas las clases sociales eran torturadas con instrumentos tales como la silla eléctrica, donde su voltaje era tan fuerte que solo la muerte podía liberarte de ese diabólico instrumento.
Los bastones eléctricos lo dirigían a la parte más sensible de tus órganos. Imagínese usted lo que duele un majón en uno de sus dedos, pero nada comparado con un instrumento para sacar las uñas a sangre fría. En uno de esos antros de muerte, llamado la 40, fueron torturados y luego asesinados los panfleteros de Santiago, veintiocho jóvenes, muchos de ellos menores de edad, les fueron introducidos estiletes en el pecho en dirección al corazón. Las heroínas de Salcedo (Las Mirabal) también pasaron por ese infierno. Los héroes del catorce de junio, jóvenes de un alto ideal democrático, también pasaron por la cuarenta; en la cuarenta muchos fueron muertos después de ser torturados, al ser desvelado el movimiento clandestino 14 de junio; la Iglesia no pudo soportar más los crímenes de la tiranía y los curas fueron apresados y torturados.
El 14 de junio de 1959 llegan por Constanza, comandados por Enrique Jiménez Moya, un grupo de patriotas con el fin de terminar con la tiranía; también el 20 de ese mismo mes llegó por Maimón la nave Carmen Elsa y por Estero Hondo, la nave Titina. El tirano usó todo su poder militar para eliminar todos aquellos que llegaron a combatirlo llenos de patriotismo.
Aquí, en esta ciudad de Mao, se pidió la colaboración de ciudadanos para perseguir a esos patriotas; yo, como enemigo del tirano me presenté a la fortaleza con el fin de unirme a esos guerrilleros y la única sorpresa que me llevé fue ver dos cuerpos de esos luchadores que yacían en una carreta desnudos, ya muertos y profanados por grupos trujillistas.
En 1961, ya el dominicano conoce la historia, se gesta un complot para ajusticiar al tirano. A las nueve treinta de la noche, el 30 de mayo, fue ajusticiado Trujillo, pero la tiranía aún sin cabeza tenía sed de sangre; fuimos apresados nuevamente, siete en esta ciudad de Mao. Llegué a las tres de la mañana y todos nos preguntamos qué estaba pasando. Amaneció el 31 de mayo. A las 6:00 de la tarde, llegan unos militares con fusiles en mano. De inmediato ordenan sacarnos de las celdas. Fue un infierno, llovía y la sangre y el agua de lluvia hacían lagos rojos en el pavimento.
En el pequeño espacio que ocupábamos yacíamos como cerones teñidos de rojo. Ya creyéndonos casi muertos, se les ordenó a los presos, garrotes en mano, acabarnos de matar, resultando brazos y costillas rotas, ojos sacados de raíz y todo fue un espectáculo dantesco.
¡He ahí el porqué del 30 de Mayo! ¡Vivan los valientes héroes del treinta de mayo!
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