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sábado, 10 de noviembre de 2018

LO QUE MANOLO LE DIJO A MINERVA

Por Tony Raful

El doctor Ambiorix Díaz Estrella y el empresario J. Armando Bermúdez (Poppy) se encontraron a principio de octubre de 1960 con Minerva Mirabal en la entonces prestante, tienda “El Gallo”, de Santiago de los Caballeros, establecimiento comercial de ventas por departamentos, ya desaparecido. Fue un encuentro casual. Tanto Ambiorix como Poppy conocían a Minerva. Poppy la había visitado en su residencia de Ojo de Agua, Salcedo, en sus años juveniles, en correrías de serenatas y encuentros de jóvenes amigos. Minerva había sido detenida varias veces por su participación en el “Movimiento Clandestino 14 de Junio”, que fue develado en enero de 1960. Tal y como me lo relataron estos dos ilustres caballeros y amigos, luego de saludarla, ambos les advirtieron que tomara medidas extremas de seguridad ante la ferocidad del Trujillo y su pública animadversión hacia Minerva, incluso le aconsejaron que saliera a la calle lo menos posible.

Minerva agradeció el consejo, pero replicó, señalando que para Trujillo era muy difícil atentar contra su vida, después de las sanciones comerciales y diplomáticas que la Organización de Estados Americanos (OEA), había impuesto a la dictadura, en la Conferencia de Cancilleres de San José de Costa Rica a finales de agosto de 1960, al comprobarse la participación de Trujillo en el intento de asesinato del presidente venezolano, Rómulo Betancourt. Minerva no subestimó a Trujillo, sino que contextualizó el escenario de la dictadura acosada por todos los países hemisféricos, y la evidente improbabilidad racional de que un tirano bloqueado y denunciado por la opinión pública internacional, se atreviera a ejecutar una agresión contra su vida, luego que incluso se habían producido denuncias en Estados Unidos, publicadas en el prestigioso periódico “The New York Times”, sobre las detenciones y agresiones contra ella y varias mujeres integrantes de la resistencia antitrujllista.

Además, presos los líderes principales del 14 de Junio, asesinados muchos de ellos, desmantelada la estructura celular de organización del movimiento, asilados una gran parte de sus integrantes en embajadas acreditadas en el país, vigiladas las 24 horas, las hermanas Mirabal, quienes tenían un puesto policial y de “caliesaje” a metros de su residencia donde tenían que reportan cualquier salida del área, era muy difícil pensar que Trujillo dispusiera de su muerte, si no existía una clara necesidad política en esos momentos para matarla. Este planteamiento lógico de Minerva ante Ambiorix y Poppy, chocó con una mente perversa, ilógica, obsesiva. Trujillo no la mataría a ella y a sus hermanas por una necesidad política, reducidas como estaban a una estrecha dimensión geográfica semi rural sin ningún contacto visible con opositores. Las mataría por reacción emocional, impropia de un estadista, a nivel de cloaca dirigencial, como rufián y delincuente inveterado. Como ironía de la vida, le correspondió a Ambiorix, menos de dos meses después, levantar los cadáveres de Patria, María Teresa y Minerva, del lugar donde fueron arrojadas por la sevicia de sus asesinos.

En la visita previa, antes de la última visita donde fue emboscada junto a Patria y Minerva que realizó Minerva a la prisión de San Felipe de Puerto Plata, donde Manuel Aurelio Tavárez Justo y Leandro Guzmán, esposos de Minerva y María Teresa, habían sido trasladados con la finalidad siniestra de asesinarlas cuando fueran a verlos, Minerva les contó a Manolo y Leandro, que Trujillo la había mencionado diciendo públicamente en el periódico “El Caribe” que nada más tenía dos problemas en el país y uno de ellos eran las Mirabal. Narra el Ingeniero Leandro Guzmán que Manolo sobresaltado le dijo que no volvieran a verlos, que las iban a matar en la carretera o de lo contrario debían mudarse a Puerto Plata para evitar la comisión del crimen. No tuvieron tiempo para mudarse a Puerto Plata.

La orden de matarlas solo podía darla Trujillo. Nada se ejecutaba en el país sin su autorización o consentimiento. La burda acusación de algunos de vincular a Segundo Imbert Barrera en ese crimen no resiste una investigación ni un análisis. Detenido en el penal de La Victoria, nunca salió de ese recinto. Testimonio irrefutables de su compañeros de celda, entre ellos, del arquitecto René Sánchez Córdova, un referente moral de esta sociedad, y otros, indican que nunca lo vieron salir de su reclusión ni por un segundo, hasta el día en que fue asesinado. El famoso “hombre del sombrero de alas anchas “del carro Mercedes Benz, que supervisó la operación homicida, no fue otro que José Luis Estévez (Pechito), en compañía de Alicinio Peña Rivera, jefe del servicio de inteligencia de la región norte. Informaciones confidenciales señalaron la participación de León Estévez, cuya mente atormentada lo llevó al suicidio sin poder redimirse bajo los esfuerzos y oficios del padre Marcial Silva en la Parroquia de Arroyo Hondo.

Las mentiras del trujillismo residual e insuficiente, no se sostienen bajo ninguna apreciación y análisis de aquellos hechos. La supuesta visita de Minerva Mirabal a “Boca Chica” a la casa de Ramfis Trujillo para pedir la libertad de Manolo, sólo la pueden hacer quienes no conocieron a Minerva Mirabal, quienes no supieron de su temple, de su orgullo y dignidad personal. Además parecería que Minerva era simplemente la esposa de Manolo, y no como lo fue hasta su muerte, una de las dirigentes principales de la oposición a Trujillo, una combatiente radical a la dictadura, que no transigió con todas las ofertas que Trujillo le hizo en varias ocasiones por canales de comunicación distintos. Minerva tenía una conciencia política definida, no fue arrastrada por Manolo a la conspiración, ella venía de las luchas anteriores, de lecturas fundamentales y constituyó en la vida de Manolo, un acicate para avanzar sin vacilaciones contra el tirano. Por eso en una confesión al guerrillero y combatiente anti-trujillista, José Daniel Ariza, le expresó que él, Manolo, no podía ser menos que Minerva Mirabal.

Artículo publicado originalmente en Listín Diario, el 9 de octubre de 2018
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martes, 9 de octubre de 2012

ANTE LA REALIDAD DE UN PRD ACÉFALO

“Y AHORA, ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?”
Por Tony Raful


Parece una decisión consumada en el más agreste contexto político de inmadurez y estulticia. El partido más viejo de la política dominicana, el partido que se fundó en el exilio para luchar contra una de las más crueles tiranías del continente americano, el partido que trajo a la democracia a la secuestrada nación dominicana el día 5 de julio de 1961, el partido que difundió los valores de la democracia y proclamó la lucha por reformas sociales, el partido que ganó las primeras elecciones libres efectuadas en el país después del ajusticiamiento de Trujillo, el partido que llevó al poder al demócrata Juan Bosch y gobernó 7 meses bajo un clima de libertades y conquistas sociales, el partido que impulsó la Constituyente y dio a la luz la reforma constitucional del 29 de abril de 1963, el legajo de reivindicaciones más progresistas y avanzadas de la historia dominicana.

El partido que encabezó la lucha contra los golpistas del 25 de septiembre de 1963, impulsando las movilizaciones de obreros, estudiantes, profesionales, chiriperos, por el rescate de nuestra democracia, el partido que tocó las puertas de los cuarteles militares buscando el apoyo de las armas para el retorno de la constitucionalidad sin elecciones, propiciando que bajo el espacio de la lucha popular se forjaran nuevos héroes como los coroneles Rafael Tomás Fernández Domínguez y Francisco Alberto Caamaño Deñó, el partido que llamó al pueblo dominicano a las calles en la voz estentórea de José Francisco Peña Gómez para apoyar la rebelión de los campamentos militares alzados por el retorno a la constitucionalidad y el regreso de Juan Bosch al poder el inolvidable 24 de abril de 1965.
El partido que repuso el orden constitucional apoyando la juramentación del doctor José Rafael Molina Ureña como presidente provisional el domingo 25 de abril de 1965, el partido que no abandonó las calles y derrotó los intentos de tomar la ciudad por la tropas del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA) el 27 de abril de 1965 junto a un puñado de militares constitucionalistas, cuando muchos de sus líderes desertaron o buscaron asilo en las embajadas creyendo derrotada la revolución constitucionalista, el partido que se opuso a la injusta intervención militar norteamericana del 28 de abril de 1965 denunciando el atropello a la soberanía nacional en todos los foros internacionales y organizando la lucha contra el invasor, el partido que llamó a los diputados y senadores de la República a reunirse en Asamblea Nacional bajo el fuego ensordecedor de los disparos y elegir el 3 de mayo de 1965, al coronel Caamaño como nuevo presidente de la República en armas, en el momento más glorioso de nuestra historia en el siglo XX.

El Partido que libró junto al pueblo y otras organizaciones democráticas la lucha contra la secuela de crímenes, atropellos y terror de doce años, logrando en 1978 una victoria espléndida, llena de contenido social y valores éticos, que posibilitó el transito democrático en el país y robusteció la institucionalidad, el partido que permitió el regreso de los exilados y abrió las cárceles llena de presos políticos, institucionalizó las fuerzas armadas descabezando los grupos que operaban en su interior como una amenaza a la paz y el orden social, bajo la égida del gran Antonio Guzmán, el partido que le dio continuidad a nuestra democracia, el partido que oteó en el horizonte ideológico las fuentes enriquecedoras del socialismo democrático, bajo la conducción del más significativo e impresionante líder de masas, José Francisco Peña Gómez, el partido que perdió el rumbo una y otra vez en mezquinas lucha internas y que recobró su más alto sentido histórico en la candidatura del doctor Peña Gómez y su plataforma de “gobierno compartido” y su consigna de “primero la gente en 1994 y 1996”, que produjo la reforma constitucional dando pasos concretos en la reforma judicial y en la corrección constitucional de los períodos electorales fraudulentos de la historia dominicana.

Ese partido, el PRD, se encuentra hoy desguarnecido, no por falta de sustentación estadística electoral (es el partido más grande del país) sino por la incapacidad y escasez, pérdida de tino e incuria de gran parte de sus dirigentes. Cuando más necesita el pueblo dominicano de un partido responsable que ejerza la oposición resuelta, que sirva de contrapeso a la actual administración de gobierno, cuando más se requiere un PRD que salga en defensa de los pobres y de la clase media y de los sectores más golpeados por la reforma fiscal, tenemos una lucha fratricida, imposible de explicar con apego a la lógica y el sentido común, en medio de una disputa por el presidencialismo, cuando debe ponerse en primer plano la defensa de los intereses sociales del pueblo dominicano. Este partido que no es de nadie en particular, que es patrimonio de la nación, intervenido por el Estado de forma burda y abierta, requiere de un cambio de dirección y objetivos que supere a los dirigentes más connotados de la actualidad, que los deje atrás e inicie definitivamente su camino hacia el poder, abandonando el individualismo, el egoísmo, las traiciones, los errores garrafales, los acuerdos ocultos y los empecinamientos absurdos que vulneran la unidad necesaria.
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