jueves, 20 de octubre de 2011

Raíz del colapso de los Medias Rojas de Boston

La dedicación se desvaneció, la unidad se desintegró, el dirigente perdió su influencia y la que en un momento fue una temporada inspiradora para los fanáticos de los Medias Rojas, terminó en un fracaso épico.

Por Bob Hohler
The Boston Globe

Con su equipo en peligro y su manager perdiendo autoridad, tres lanzadores de los Medias Rojas estaban en una posición única para evitar el mayor colapso de septiembre en la historia de las Grandes Ligas. Todo lo que los Medias Rojas necesitaban era que Josh Beckett, Jon Lester y John Lackey utilizaran las habilidades y la dedicación que previamente les había convertido en campeones de Serie Mundial.

En cambio, los tres lanzadores elite de Boston se ablandaron y su pitcheo estuvo tan anémico como su ética de trabajo. La indiferencia de Beckett, Lester y Lackey en un momento de crisis se puede ver en lo que fuentes del equipo dicen se convirtió en su hábito de beber cervezas, comer comida rápida de pollo frito, y jugar videos en la casa club durante los partidos, mientras sus compañeros trataban de salvar la temporada que una vez había sido prometedora.

La historia del desastre de Boston en septiembre se desenlaza en parte como un enjuiciamiento a los tres preciados abridores. Pero el fracaso épico de 2011 tuvo muchas caras: un dirigente en el último año de su contrato, enfrentando problemas personales, cuyo equipo optó por no responderle; estrellas que fallaron en liderar; jugadores apagados y egoístas; un dirigente general responsable de hacer decisiones de personal infructuosas; los propietarios que aprobaron el gasto sin recompensa en agentes libres cuestionables y que fallaron en detectar las señales de advertencia de que su club de $161 millones se estaba desmoronando.

Cómo un equipo que estaba en camino a ganar 100 juegos a finales de agosto, y luchar por su tercer título de Serie Mundial en siete años, se autodestruyó, es una historia de desunión, deslealtad y disfuncionalidad como pocas en la historia de la franquicia.

Este artículo se basa en una serie de entrevistas realizadas por el Boston Globe a personas familiarizadas con la operación de los Medias Rojas a todos los niveles. La mayoría pidió anonimidad por temor a perder sus puestos de trabajo o a daño potencial a sus relaciones en la organización. Otros se negaron a comentar o no respondieron a las solicitudes de entrevista.

El segunda base Dustin Pedroia, retratado en la portada de Sports Illustrated en agosto y descrito como "el corazón de los Medias Rojas", se negó a señalar culpables.

"Yo solo sé que para jugar en Boston usted está obligado a dejar su cola en el terreno todos los días para tratar de ganar partidos para esta ciudad", dijo Pedroia. "Eso es lo que más duele como jugador, que no sólo nos defraudamos unos a otros en el club, sino que defraudamos a la ciudad”.

Según numerosos testimonios, el manager Terry Francona perdió su capacidad de prevenir algunas de las conductas laxas que caracterizaron el colapso. Fuentes del equipo dijeron que Francona, quien ha reconocido haber perdido influencia sobre algunos antiguos líderes del equipo, parecía distraído durante la temporada por cuestiones relacionadas con su turbulento matrimonio y con su salud.

Francona pasó la temporada viviendo en un hotel después de haber salido de la casa de Brookline, Massachusetts, que había compartido con Jacque, su esposa de casi 30 años. Pero él negó firmemente que sus problemas maritales hayan afectado su rendimiento en el trabajo.

"Me enoja que la gente diga estas cosas porque me rompí las [nalgas] para ser el mejor manager posible", dijo Francona. "Yo no tuve mucho éxito este año, pero trabajé más duro y pasé más tiempo en el estadio este año que en el pasado".

Las fuentes del equipo también expresaron que el rendimiento de Francona puede haber sido afectado por el uso de medicamentos para el dolor, lo que él también negó con vehemencia. Francona dijo que ha tomado medicamentos para el dolor durante muchos años, especialmente después de varias operaciones de rodilla.

Dijo que utilizó los analgésicos después de una cirugía de rodilla en octubre pasado y durante la temporada para aliviar la incomodidad de que los médicos tuvieran que drenar sangre de la rodilla por lo menos cinco veces.

Francona admitió que consultó al internista del equipo, Dr. Larry Ronan, durante los entrenamientos de primavera después de que uno de sus hijos expresara preocupación por un frasco de pastillas que encontró en su habitación de hotel. Francona dijo que el médico le dijo que no tenía un problema de abuso de drogas. Ronan no pudo ser contactado.

"Consulté a los profesionales pertinentes y me aseguraron que no era un problema", dijo Francona. "Nunca se convirtió en un problema, y todo el que estuvo familiarizado con lo que estaba pasando, lo sabe".

Falta de cometido. Como quiera que se mire, los Medias Rojas de 2011 se descompusieron por una serie de afrentas al parecer relativamente pequeñas. Por cada jugador dedicado al programa de acondicionamiento del equipo, había un vago. Por cada jugador regular que llegaba temprano a tomar práctica de bateo opcional, había otros que nunca se molestaban. Por cada jugador dedicado a la búsqueda de un campeonato, había demasiados distraídos por resolver problemas personales triviales.

Cuanto más se acercaba septiembre, más afloraba el mal carácter de algunos a la superficie.

Cuando el huracán Irene avanzaba hacia Boston, a finales de agosto, la gerencia propuso mover el juego final del domingo de una serie de fin de semana contra Oakland para que los equipos jugaran una doble cartelera, o el viernes 26 de agosto, o el sábado 27 de agosto. El razonamiento parecía lógico: los equipos evitarían una suspensión por lluvia el domingo y el dilema de encontrar una fecha conveniente para ambos equipos separados geográficamente por 2,700 millas.

Sin embargo, muchos jugadores protestaron airadamente. Habían regresado el viernes temprano de Texas después de un exigente recorrido en el que habían jugado 14 de 17 juegos fuera de casa, incluyendo paradas en Minneapolis, Seattle y Kansas City. Los jugadores acusaron a la gerencia de preocuparse más por hacer dinero que por ganar, lo que dio a los altos ejecutivos del equipo el primer indicio de que serios problemas se estaban fermentando en el camerino.

No obstante, los Medias Rojas barrieron la doble cartelera del sábado, pero ese día de tormenta marcó el principio del fin para el equipo de 2011. Sería la última vez que el equipo ganaría dos partidos consecutivos.

Después de dos días de descanso, los Medias Rojas pasaron el resto de la temporada jugando beisbol sin inspiración y mediocre, perdiendo 21 de sus últimos 29 partidos.

Según algunas fuentes, los propietarios de los Medias Rojas de inmediato sospecharon que el poco rendimiento del equipo era fruto del resentimiento por la disputa sobre el calendario de juegos. La gerencia respondió dando a cada jugador un auricular con valor de $300 y una invitación a disfrutar de una noche solo para jugadores en el yate del propietario principal, John W. Henry, después de que regresaran de un viaje, el 11 de septiembre.

Pero los gestos de acercamiento no hicieron ninguna diferencia. Los infelices Medias Rojas se convirtieron en el hazmerreír del béisbol, pasando de tener ventaja de dos juegos en el liderato de la división sobre los Yankees después del doble juego del 27 de agosto - y una ventaja de nueve partidos en la contienda por el comodín sobre los Rays - a terminar en un humillante tercer lugar en el Este de la Liga Americana.

Si bien las semillas del fracaso fueron sembradas mucho antes de la vergüenza de septiembre, los augurios ominosos surgieron antes. En la primavera, resultó ser una ironía lamentable que la rotación completa de abridores - Beckett, Lackey, Lester, Tim Wakefield y Clay Buchholz –vistiendo uniformes de los Medias Rojas firmaran un video delante del Monstruo Verde al ritmo de una canción de música country, “Hell Yeah, I Like Beer." ("Demonios sí, me gusta la cerveza”.)

Beber cerveza en la casa club de los Medias Rojas es permitido. Así también es ordenar alas de pollo y “biscuits”. Jugar videojuegos en uno de los televisores de pantalla plana de la casa club también está bien. Sin embargo, que el trío de lanzadores de los Medias Rojas hiciera las tres cosas durante los partidos, en lugar de mostrar solidaridad con sus compañeros en el dugout, violó una regla tácita de que los jugadores deben apoyarse entre sí, especialmente en tiempos de crisis.

Las fuentes dijeron que Beckett, Lester y Lackey, acompañados a veces por Buchholz, comenzaron la práctica a finales de 2010. Los lanzadores no sólo continuaron la rutina este año, según las mismas fuentes, sino que se unieron a una serie de compañeros de equipo que recortaban su régimen de ejercicios, a pesar de las súplicas del entrenador de acondicionamiento y resistencia, Dave Page, de que trabajaran más duro.

“Es dificilísimo para un hombre que gana $80,000 al año decirle a un lanzador que gana $15 millones que necesita despegar las nalgas de la silla y hacer algo de trabajo", dijo una fuente.

Para Beckett, Lester y Lackey, las consecuencias eran evidentes, pues la grasa de su cuerpo pareció aumentar y sus habilidades de lanzar desaparecieron. Cuando el equipo los necesitaba en septiembre, estos registraron un récord combinado de 2 ganados y 7 perdidos, con un promedio de efectividad de 6.45 carreras limpias, mientras los Medias Rojas perdieron 11 de los 15 juegos que ellos abrieron.

Wakefield también fue parte del problema. En medio de una búsqueda interminable por la victoria número 200 de su carrera en septiembre, ganó 1 juego y perdió 2, con una efectividad de 5.25, causando el uso excesivo de los relevistas, mientras los Medias Rojas perdían 4 de los 5 partidos que abrió. El nudillista de 45 años de edad pareció luego más interesado en sí mismo que en el equipo cuando afirmó en los días finales de la temporada que los Medias Rojas deberían traerlo de nuevo en 2012 para que él pudiera perseguir el récord de victorias de todos los tiempos de la franquicia (compartida por Roger Clemens y Cy Young con 192 victorias cada uno).

"Creo que los fanáticos se merecen la oportunidad de verme perseguir ese récord", dijo Wakefield a Fox Sports, levantando más de una ceja en Yawkey Way.

Cada vez mayor ineficacia. Francona, que por acuerdo mutuo se separó de los Medias Rojas después de la temporada, se ha cuidado de no criticar a ningún jugador en particular. Pero, si por un lado ha restado importancia a que los lanzadores bebieran en la casa club, por otro ha dejado entrever que la ausencia de estos en el dugout reflejó una falta de dedicación al equipo.

Beckett, Lackey y Lester no respondieron a los mensajes dejados en sus teléfonos y con sus agentes.

"Los muchachos que no estaban presentes en el dugout, yo los quería en el banco'', dijo Francona la semana pasada en una comparecencia contractual con la emisora WEEI. "Yo quería que ellos apoyaran a sus compañeros de equipo”.

Pero los problemas de Francona iban más allá de los tres abridores. Mientras completaba su octavo año como dirigente – un desempeño histórico en el que guió a los Medias Rojas a dos títulos de Serie Mundial – Francona, por su propia admisión, parecía menos capaz de motivar al equipo. Su pérdida de influencia con algunos ex líderes se hizo más evidente cuando convocó a una reunión a puertas cerradas, el 7 de septiembre después de una victoria 14-0 la noche anterior, para hacer frente a los malestares de la casa club. Sus jugadores respondieron no haciendo ajustes en sus actitudes ni mejorando sus desenvolvimientos deslustrados.

Ante la realidad del espíritu corroído del equipo, Francona era cada vez menos eficaz, de acuerdo a las fuentes. Francona cargaba no sólo con la frustración de lidiar con el grupo de jugadores menos dedicado de su tiempo en Boston, sino con la probabilidad de que los dueños de los Medias Rojas no ejecutaran su opción contractual para el año 2012.

Francona rechazó con vigor la sugerencia de que sus problemas motivando a sus jugadores tuvieran algo que ver con su dudosa dedicación al equipo.

"Esas quejas nunca fueron externadas cuando ganamos 80 partidos y perdimos solo 41 [desde el 15 de abril hasta el 27 de agosto]; porque no había nada allí'', dijo Francona. "Pero en el último mes definitivamente apestamos, así que ahora tenemos que lidiar con un montón de esas cosas porque las expectativas eran tan altas".

Mientras Francona hacía frente a sus problemas maritales y de salud, también se preocupaba en privado por la seguridad de su hijo, Nick, y de su yerno, Michael Rice, ambos oficiales de la Marina sirviendo en Afganistán.

Al final, solo Pedroia y algunos otros jugadores parecían totalmente comprometidos a ganar, según fuentes del equipo. Según estos, los veteranos que ya no ejercían activamente su liderazgo incluía al capitán, Jason Varitek, quien estaba plagado de lesiones e ineficacia en el campo de juego (bateó para promedio de .077 en septiembre).

El cátcher de 39 años de edad, en una breve conversación, reprendió a un periodista por llamarlo a su casa y por tanto no quiso hacer comentarios.

Aparte de Varitek y Wakefield, los únicos jugadores que quedaban del equipo conque Francona ganó el campeonato de 2004 eran David Ortiz y Kevin Youkilis. Aunque Ortiz una vez reunió una vez en el pasado a sus compañeros de equipo en septiembre para tratar de unirlos, su acto más memorable fuera del terreno en el 2011 fue estallar en una conferencia de prensa de Francona para quejarse profanamente sobre la decisión de un anotador que podría haberle costado crédito de impulsar una carrera.

Semanas más tarde, Ortiz cometió otro acto irrespetuoso, sugiriendo que Francona estaba perjudicando al equipo al no insertar al relevista Alfredo Aceves en la rotación de abridores. Contactado para esta historia, Ortiz dijo de su papel en el colapso, "yo no tengo ganas de hablar más de eso".

Tampoco estaba Youkilis dispuesto a hablar después de un segundo año consecutivo plagado por lesiones en el que sin dudas sufrió su producción. Youkilis, como quiera que se vea, parecía cada vez más aislado y de mal humor al tratar de jugar con sus dolencias. Él figuró también como factor en un tema divisivo en la casa club como el único jugador que el año pasado criticó públicamente a Jacoby Ellsbury - varios otros criticaron en privado al jardinero - cuando Ellsbury estuvo fuera en todos, excepto 18 partidos, con lesiones en las costillas.

El episodio enfrió la relación de Ellsbury con el equipo. Tan jubilosa como fue la temporada calibre MVP de Ellsbury para muchos aficionados, su interacción en la casa club se limitaba mayormente a su amigo Jed Lowrie.

Ellsbury produjo una de las temporadas más sensacionales para un primer bate en la historia de la franquicia - él también figura con Pedroia, Aceves, y Jonathan Papelbon como uno de los trabajadores más aplicados del equipo - pero contribuyó poco a la cultura del club.

Errores de liderazgo. El don de liderazgo también eludió a Adrián González. En el campo, la producción global de González fue excelente, pero no produjo la energía o la pasión fuera del terreno que los Medias Rojas necesitaban urgentemente. Su acto más desafortunado en septiembre fue quejarse acerca del calendario de juegos, que requería que el equipo jugara cinco partidos fuera de Fenway los domingos por la noche.

"Jugamos demasiado juegos nocturnos cuando estamos fuera y llegamos a la próxima ciudad a las 4 de la mañana'', se quejó González. "Debido a ello, esta ha sido la temporada más difícil físicamente para mi".

Achacar cinco noches estresantes en una temporada de seis meses como la causa de un año duro, demuestra un auto-interés que no es común entre los líderes de equipos con calibre a ganar campeonatos.

Para el gerente general Theo Epstein, la adquisición de González por canje el invierno pasado de San Diego fue crucial para solidificar el medio de la alineación de los Medias Rojas. Sin embargo, Epstein se ponchó al tratar de reforzar el bullpen, sobre todo por la inversión de $12 millones por dos años en Bobby Jenks, hasta ahora un fracaso.

Los Medias Rojas también sufrieron por la firma exorbitante de Lackey ($82.5 millones por cinco años), ya que el lanzador derecho registró la peor efectividad (6.41) entre los abridores regulares en la historia del equipo.

Mientras Epstein ha aceptado la culpa por la firma de jugadores mediocres como Lackey y Jenks, los propietarios comparten la responsabilidad de la aprobación por unanimidad de sus contrataciones. Pero Carl Crawford fue una historia diferente.

La gerencia estaba dividida sobre los impulsos de Epstein por adquirir a Crawford como agente libre, dijeron las fuentes. Por lo menos un alto ejecutivo creía que las habilidades de Crawford como jardinero-bateador zurdo rápido parecían duplicar las de Ellsbury. Pero los propietarios finalmente accedieron a jugarse $142 millones por siete años en Crawford - una apuesta perdida hasta la fecha.

Los propietarios también indicaron en las observaciones de postemporada que generalmente no tenían conocimientos de la profundidad del deterioro de los Medias Rojas hasta que terminó la temporada. Estos negaron haberse distraído con su conglomerado de expansión deportiva - de los Medias Rojas y NESN a Roush Fenway Racing y el club de fútbol Liverpool - y profesaron no tener conocimiento acerca de jugadores bebiendo cervezas durante los juegos, entre otras cosas.

En el desagradable desenlace, los dueños de los Medias Rojas en privado se comprometieron a corregir los problemas que persisten. Y por lo menos se espera que algunos jugadores deban mirarse en el espejo.

"Tenemos que asumir con mayor entereza nuestras responsabilidades”, dijo Pedroia. "Eso no tiene nada que ver con el dirigente ni con los entrenadores. En los grandes equipos de ligas mayores, los jugadores se vigilan unos a otros, así que vamos a tener que volver a hacer eso".

Los escritores del Globe Nick Cafardo y Peter Abraham contribuyeron con este despacho.

Traducido por Isaías Ferreira (metransol@yahoo.com) del original Inside the Collapse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

galley472@yahoo.com