miércoles, 3 de octubre de 2012

DIARIO DE LA CIGUAPA

¿LEGISLADORES O CHIVOS SIN LEY? (DOS ARTÍCULOS)
Por Sara Pérez

Periodista

I

¿De dónde sacarán los partidos toda esa basura que apilan en el Congreso, donde los desechos no se consumen en su podredumbre, sino que se multiplican, porque nada como la impunidad y la normalización -o, mejor aún, la glamourización- del delito, la arbitrariedad y el atropello para consagrar, fortalecer y agrandar el abuso?

En el Congreso se aloja todo un caleidoscopio de prototipos de conductas poco loables, inadmisibles, delictivas y criminales, de la más variopinta naturaleza.

Allí se sienta uno de los lúmpenes de las mafias del transporte -con un discurso “antioligárquico” casi tan falso, incongruente e hilarante, como el discurso “antiimperialista” del Cardenal.

Por ahí también se han acomodado un par de los capos del negocio de las bancas de apuestas, cuya industria se ha expandido de tal forma, que en el país entero no hay un solo rancheriíto, por remoto, mísero, escuálido e inaccesible que parezca, que no cuente con una banca promotora de más miserias. Días atrás, la última vez que pasé por Santiago, estaban construyendo una más de las cuchucientas mil que el país ya tiene, justo en un trocito de área verde que quedaba intacto, en la esquina que forma la calle República de Argentina y avenida Estrella Sadhalá. Supongo que el soborno se lo pagaron a alguien del gobierno central, porque yo me niego a creer que el síndico de Santiago, don Gilberto Serulle, se esté dedicando a las mismas truchimanerías, ventas irregulares, invasiones, tráficos, usos contradictorios de espacios públicos, agresiones a la propiedad colectiva y robos, que con tanta insistencia y con tanta razón, él le criticó a su predecesor, José Enrique Sued.

En el Congreso, conformada, entre otros, por el que desfalcó los “fracatanes” de la Lotería, se mantiene la bancada reformista, al acecho de cualquier criatura indefensa, desprevenida, potencial víctima o eventual soborno, que le pase cerca.

Los reformistas son el rámpano más vetusto del retorcido cuerpo político nacional y en cierto sentido, sus integrantes hasta han dejado de ser bacterias patógenas de alta peligrosidad, para convertirse en familiares parásitos endémicos, que aunque están lejos de ser inofensivos, hace tiempo que no son la estricta vanguardia de asalto al país, excepción hecha del área del Ministerio de Relaciones Exteriores, que le fue entregada, a modo de potrero, para que ordeñen las vacas nacionales que crucen por ahí.

Las boronas que les tocan no son chiquitas, pero no compiten con las raciones de sus colegas, herederos del neotrujillismo en el PLD, entre estos, el de la agresión a martillazos contra el país con el “Voten! Voten! Honorables! Voten! Voten! Voten! Honorables!”, machacando brutal e impunemente, las aspiraciones del 4% para la educación, que con absoluta legitimidad demandaba el pueblo, tan tolerante y dócil y sin mencionar al potentado legislador Félix Bautista, con cuya biografía económica, se puede hacer la enciclopedia universal de los negocios político-legislativos opacos e irregulares.

Por ahí anda uno, del PRD, Radhamés Ramos, al que agarraron “in fraganti” contrabandeando un grupo de chinos a través de la frontera con Haití y luego -en vez de no volver a hablar más nunca en su vida- hizo unas recomendaciones para practicar abortos caseros, eficientísimas, que él sugiere implementar en todas partes, menos en China, para que él no se quede sin clientela para traficar por Haití.

Hasta hace relativamente poco, a esa fraternidad pertenecía, al menos nominalmente, Amable Aristy Castro, un barril sin freno y sin fondo, que por estos días- supongo que muy temporalmente- anda en desgracia, ya que en las últimas elecciones olfateó mal la dirección en que debía salir a buscar su plato de carroña.

Seguro que el propio Leonel, si no puede aplastarlo definitivamente, ya le está gestionando su huequito. Un talento así siempre es útil y aprovechable y los rencores de campañas son improductivos, además de que esto no es un asunto personal, this is business.

Aristy Castro tendría que considerarse el epítome del político dominicano clásico, en el sentido menos elogioso del término, inconsciente, estúpido, corrupto e inútil, si esas evaluaciones se hicieran solo a partir de lo obvio, ignorando lo solapado. Incorporando esta última especialidad, la competencia se amplía hasta Leonel Fernández, pasando por Félix Bautista, entre otros insignes personajes de la política criolla.

No todos son tan folklóricamente llamativos, como los infectos tipo Aristy Castro (un monstruo hecho y alimentado primordialmente por Leonel Fernández) o Radhamés Ramos García, ni como los vitalicios Máximo Castro Silverio y Marino Collante, (que juntándolos a los dos no se consigue material, ni para conformar las complejidades del cerebro de una chincha) ni padecen las mismas expresiones extremas y la desbocada obscenidad exhibicionista de Julio César Horton, diputado del PLD, quien en su hoja de servicios a la Patria, debe incluir la tramitación de exoneraciones de impuestos para vehículos de precios descomunales (uno solo por valor de medio millón de dólares) siendo una autoridad legislativa, en un país, donde casi un tercio de la población se levanta cada día sin saber si va a encontrar algo qué comer.

Sin embargo, entre los legisladores de conductas más chirriantes y los más discretos (entre los que a veces resulta difícil seleccionar lo más nocivo) suelen compartir la terrible y costosísima limitación de no concebir que la gente tiene derechos primarios, por encima de sus dictados y al margen de sus opiniones, intereses, creencias e imposturas.

Se hermanan en la casi unánime vocación arbitraria y se toman tan relajada y deportivamente las consecuencias de decisiones desacertadas y terribles, como las de la prohibición absoluta del aborto en todas las circunstancias, situación que hay que enmendar, porque es insostenible, porque es inhumana, porque cuesta vidas, porque da vergüenza, porque forma parte de las estructuras de agresiones políticas y sociales contra las mujeres, porque refuerza el contexto social de la epidemia de matanzas contra las mujeres, porque las despoja del derecho a conservar sus vidas, porque esa ley, como está, es una violación, un atropello, un abuso. Es una ley tiránica, criminal e irracional.

Me pregunto si por la cabeza de esta gente pasará alguna duda filosófica, o aunque sea un temporal y acomodaticio remordimiento cristiano, ante tragedias como la de la adolescente Rosaura Almonte, enferma de leucemia, que tuvo problemas para recibir el tratamiento recomendado por encontrarse embarazada y finalmente murió, con todo y feto.

Los congresistas no se asumen como parte del gobierno de una república, sino como los príncipes -muchos de ellos completamente desequilibrados- de una monarquía.
Un pre requisito para aspirar a ser legislador parece ser el de no mantener a los hijos, especialmente si se procrean con las jovencitas menores que participan en sus caravanas proselitistas.

Sin entrar en cuestiones vitales como las reales funciones del Congreso, el sector social y económico a cuyo servicio gobierna y a cuyos intereses moldea leyes como zapatos hechos a la medida y sin entrar tampoco en los irritantes detalles de los costos exorbitantes de su mantenimiento, ni en la frivolidad e imprudencia de muchos de sus gastos comunes, se suceden los escándalos sobre las actuaciones abusivas en las que sistemáticamente incurren los legisladores que se creen dioses, no sujetos a leyes.

Hace apenas unos días, el país asistió al penoso, inexcusable e indigno espectáculo del diputado perredeísta, por Santiago Rodríguez, Ramón Antonio Fernández, condenado porque violó a una niña cuando ella tenía 14 años.

Una cierta cantidad de sus compañeros -y compañeras- legisladores se opuso a levantarle la inmunidad parlamentaria al violador, pero con una sentencia definitiva de por medio, (espero que el hecho de estar ubicado en la “oposición” no fuera factor determinante) se redujeron las posibilidades de evadir la justicia y el propio condenado tuvo la lucidez y el pragmatismo de abreviar los pataleos, que solo prolongarían el escándalo.

No sé si ya lo recluyeron en el resort de cinco estrellas que tienen los banqueros ladrones en Najayo. Cuando eso ocurra -aunque se auxilie con las asesorías de don Luis Alvarez Renta, para salir todos los días, que si a limpiarse las muelas, que a limarse los callos, que si a desintoxicarse el colon, que si a recortarse los pelos de la nariz- se habrá sentado un precedente que, aunque no tiene ni remotamente toda la energía que debió tener, resulta muy saludable y alentador.

Por lo pronto, a mí me parece una excelente noticia que quienes hacen las leyes, también deban cumplirlas.


II

Son muchos los entuertos inadmisibles, protagonizados por los numerosos lúmpenes que se alojan en el Congreso y que conforman -sin que se distingan por partidos- una cúpula impune de agresores y delincuentes, sin ninguna conciencia social, sin ningún respeto, no hacia al pueblo que no les importa, en lo absoluto, sino ni siquiera hacia sus propias funciones.

Sin ninguna conciencia de la dignidad de su trabajo, sin ningún compromiso con el destino del país, sin noción ni sentido de la justicia, sin aprecio por el significado de la democracia, sin conciencia de su rol de gestores y garantes de los derechos de todos, incluyendo los derechos de quienes disienten de sus posturas, sin conciencia de los deberes a los que obliga su condición de definidores y contorneadores de los deberes de los demás, muchos legisladores simplemente son una lacra y constituyen una vergüenza nacional.

Sus continuos desórdenes, junto a los ingresos exorbitantes que se sirven, los privilegios que se autoendilgan, los recursos que se roban, los dispendios en los que incurren, las irregularidades que ejecutan, las influencias que trafican, los desenfrenos que los caracterizan, los convierten en delincuentes ostentosos, que exhiben con desparpajo absoluto su condición de gánsteres impunes.

Creen que pueden patear la justicia y parece que tienen razón. Es verdad que, finalmente, a uno de ellos, del PRD, lo van a tener que enviar unos días a Najayo, por violador. Quizás herede la suite de Luis Alvarez Renta, (quien amenaza con salir sin haber estado adentro), ya que éste encontró un juez que sirve menos que él y que le concedió una prisión domiciliaria, para estrujar en la cara del país, la prostitución de su justicia y la burda disparidad en la aplicación de las penas, que no corrigen, sino que aplastan y explotan al indigente; mientras se dejan escupir, patear y asquerosear, si el ladrón no robó poco y es un magnate, que hace lo que le da la gana y cuenta con el apoyo del Cardenal, que tiene la misma fibra moral que él.

Pero que haya un legislador que deba conceder alguna ligera y displicente respuesta a la justicia, no significa que esta pandilla tenga que recogerse. Una golondrina no hace verano y ahí permanecen todos los colegas del diputado condenado por violación (que tal vez debe rendir alguna cuenta porque su partido no es el que está gobernando) con sus ultrajes brillando sobre sus chaquetas como medallas de honor.

El dirigente político del Partido de la Liberación Dominicana, (PLD), Senador por Montecristi, Heinz Vieluf Cabrera, debía ser declarado formalmente prófugo de la justicia.

Este delincuente, que actualmente ostenta el cargo de Secretario del Senado, hace siglos que no mantiene a sus cinco hijos, procreados con la señora Rosa Abel Lora y tiene acumuladas varias sentencias irrevocables que no ha cumplido, según explica su ex-esposa, con un expediente en las manos, que debe pesar una tonelada.

Doña Rosa ha tenido que bregar por una década - sola y desamparada, ante las puertas cerradas, ante los oídos tapados- con la justicia dominicana, con jueces presionados desde el poder, con jueces venales y corrompidos, frente a un dirigente político con poder e influencias y sin reparos para desatender a su prole y evadir la justicia, traficando con influencias y privilegios e incurriendo en nuevos delitos.

Con tenacidad y sed de justicia, la señora se ha hecho oír en los tribunales y ha conseguido probar varias de sus acusaciones, a pesar de la renuencia del sistema a reconocer sus derechos y a ampararla.

El secretario del Senado de República fue condenado por un tribunal en el 2005, hace siete años (tras una lucha de otros tantos años sostenida por su ex-esposa Rosa Abel) a pagar la manutención de sus muchachos. El senador no ha pagado un chele. La deuda ya asciende a varios millones y no ha habido forma de aplicar justicia. También fue condenado, según explica doña Rosa, por un Tribunal de Tierras.

Según las leyes establecidas y aprobadas por el Congreso del que el señor Vieluf forma parte, a quien no cumpla con la pensión asignada por los tribunales para los hijos, le corresponde prisión. Pero esas leyes parecen hechas para aplicarlas a los demás, no a quienes las hacen, que son dioses, ajenos a las leyes humanas y a la justicia que ellos diseñan.

Al menos el señor Vieluf no ha solicitado, contrario a lo que sí hizo su colega, el violador, que lo eximan de su inmunidad parlamentaria, para ir a responder ante la justicia por sus incumplimientos y delitos ya juzgados y probados y por las otras acusaciones todavía pendientes y que incluyen, entre otros acápites, robo agravado, asociación de malhechores, falsificación de escritura, violación de domicilio y violencia intrafamiliar.

El señor Vieluf Cabrera fue condenado primero por el Tribunal de Niños, Niñas y Adolescentes -condena a la que jamás prestó atención alguna- y cuando adquirió la senaduría hizo trasladar su expediente a la Suprema, para que se reajustara, bajo la jurisdicción privilegiada que los legisladores han establecido para sí mismos, para bregar con sus querellas.

Ahí fue gratificado, en el 2007, con una reducción de la pensión, de la que de ninguna forma había pagado ni una mota y a pesar de que la pensión establecida por el tribunal de niños, no se hizo caprichosamente, sino a partir de un examen socio-económico de los recursos del padre.

La deuda acumulada por este irresponsable quedó en el aire y a esa se sumó la nueva, que se mantiene hasta el día de hoy, porque el honorable senador Heinz Vieluf Cabrera, Secretario del Congreso dominicano, las leyes del país y las sentencias de los tribunales, los usa para limpiarse las nalgas.

Eso es lo que los partidos tienen dirigiendo el país y eso es lo que hay en el Congreso.

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