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domingo, 18 de agosto de 2013

LA OPINIÓN DE MELVIN

EL PRIMER AÑO DE DANILO MEDINA
Por Melvin Mañón


La medida exacta y precisa del primer año de gestión de Danilo Medina la ha dado Leonel Fernández en unas declaraciones en Nueva York, la ciudad donde parece irse de la lengua al decir: estoy orgulloso del primer año de gestión de Danilo Medina y etc. etc. etc. (recuerden cuando dijo como el PLD ganaría las elecciones que no ganó pero se impuso).

El tipo no dice que le parece bien, que la evidencia, los indicadores, que esto y que aquello. No, él habla del alumno, del hijo, del subordinado, como cuando uno de nosotros dice: estoy orgulloso de mi hija, de mi empleado, de mis alumnos. Y no se crean que es casual. No lo es.

Leonel tiene motivos sobrados para estar orgulloso de ese primer año de gestión. Para empezar él no está preso, no está en tribunales y ni siquiera pudieron prosperar los casos abiertos por Guillermo Moreno. Si yo estuviera en el lugar de Leonel, quizás no hubiera dicho exactamente lo mismo pero igual me sentiría muy bien.

Para juzgar y evaluar la gestión de Danilo Medina tras su primer año no hacen falta economistas ni Banco Mundial. No hacen falta sociólogos ni PNUD ni Amnistía Internacional, ni Greenpeace, ni ninguna de esas organizaciones internacionales. Leonel ha dado la medida de todos los juicios y de todas las evaluaciones.

Todo el trabajo de Nuria Piera durante años, todas las denuncias de Andrés L. Mateo, todos los reportajes de Alicia Ortega, todas las publicaciones de La Lupa, todas las entrevistas de Huchi y Juan Bolívar Díaz así como el humor crítico de Marino Zapete quedan zanjados con esas declaraciones de Leonel Fernández. Otras voces de mérito no me vienen ahora a la memoria por lo cual pido excusas y muchas, pero con las mencionadas se ilustra el punto.

Leonel tiene todas las razones del mundo para estar orgulloso del primer año de gestión de Danilo, porque entre las perlas que nos ha brindado en ese año están la de aquel día que calificó la lucha contra la corrupción de tiradera de piedras al pasado y recientemente cuando al cuestionarse la integridad de Vincho Castillo como funcionario, entre risas y burlas trivializó diciendo que la gente quería ver sangre.

Además de las perlas, Danilo Medina nos ha dado otras joyas: un procurador que no ha decidido investigar el primer acto de corrupción denunciado pero que fue capaz de declarar que perseguiría a las prostitutas y una fiscal de distrito que afirmó sin inmutarse que la legislación nuestra no podía tipificar como delito las acciones imputadas a Leonel Fernández y no negadas ni siquiera por ella misma. Estas decisiones a pesar de la propia promesa de Danilo Medina de investigar y sancionar la corrupción incluso si la denuncia procedía del rumor público.

¿Para qué vamos a perder el tiempo sacando el balance al primer año de una gestión cuando ya Leonel lo hizo por todos nosotros?

Pero hay dos observaciones ineludibles.

El que crea que Danilo Medina escapa al juicio de la historia brincando charcos o construyendo escuelas está equivocado. Esta sociedad quiere justicia, quiere seguridad y quiere decencia. Para eso no necesitamos escuelas sino maestros y no podemos tener esos maestros mientras el poder y las élites no den el ejemplo y nadie puede dar el ejemplo sin atender a las denuncias y empezando en primer lugar por las que existen contra Leonel Fernández.

Se puede dar clases durante años en escuelas malas y bajo una mata de mango como en la India. Naturalmente es mejor que haya escuelas buenas, limpias, y sin un prostíbulo al frente. Con maestros buenos, motivados e inspirados se logra un mejor país con o sin planteles nuevos.

El señor Medina ha creído -y no importa si por oportunista o de buena fe- que asumiendo el papel de abanderado de la educación podrá excusar ante la historia el de desertor de la justicia, el orden y la paz social. Está equivocado y los hechos no tardarán en demostrárselo.

El pueblo quiere justicia, pero Danilo Medina ofrece impunidad. El pueblo quiere empleo y salario decente, pero Danilo Medina lo grava con más impuestos que arruinan las empresas y aumentan el desempleo. La gente quiere seguridad ciudadana y jurídica pero Danilo Medina no puede poner orden porque, sin empezar por arriba nadie de abajo se va a creer lo de la austeridad y el respeto. Danilo Medina, a tono con el historial del partido a que pertenece es un fraude bien envuelto en celofán, bien presentado en vitrina y vendido en tiendas, pero fraude al fin y al cabo.

Cuando él quiera, decida o se atreva a poner orden, traer seguridad, dignificar las instituciones, mejorar la educación, enderezar los entuertos con la salud y con todo lo demás, él sabe bien por donde tiene que empezar.

Lo que sucede es que él y Leonel saben bien que el fraude fiscal por el que Leonel tarde o temprano será juzgado fue incurrido para hacer a Danilo Medina presidente. Justamente por eso, un año después, Leonel Fernández, habiendo escapado por ahora de la justicia puede decir: estoy orgulloso del primer año de la gestión de Danilo Medina.
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sábado, 20 de julio de 2013

¡MATEO A LA CARGA!

FULGURAZOS
Por ANDRÉS L. MATEO


El Senado no tiene moral para investigar nada, menos a un parigual

UNO

El menos original de todos los cultos, es el culto a la personalidad. Y la sociedad dominicana lo ha atravesado descaradamente en su historia, dándole incluso carta de ciudadanía, asumiéndolo como algo natural, viviéndolo como parásito de lo improbable; porque no hay nada que evidencie más la subordinación que el culto a la personalidad.

En una sociedad semejante el honor es un sitio vacío, el poder de apertura de la palabra es una gárgara impura, y no hay lugar que escape a la abyección despiadada. El trujillismo no era tan solo represión, era también, y sobre todo, abyección. ¿No son esos mismos líderes venerados los que nos han prometido la felicidad y nos han conducido a la desventura? ¿Existe el individuo dominicano? ¿Por qué ese liderazgo corrupto de la partidocracia no tiene origen ni fecha de nacimiento, y retorna siempre, como si no pudiera haber sociedad sin él? ¿Es que, acaso, hemos salido del siglo XIX? ¡Oh, Dios!

DOS

La comisión designada por el Senado para “investigar el origen de la fortuna” del senador Félix Bautista” es una burla y una desconsideración a la sociedad. Se puede ser cínico y presuntuoso, pero llegar a creer que éste es un país de tarados mentales colma la paciencia y deja fluir la indignación. El Senado debería economizarse cualquier informe que esa comisión pueda rendir, y permitirles que dediquen sus sesiones a discutir sobre “el sexo de los ángeles” o sobre “cuántos querubines caben en la punta de un alfiler”, a la usanza de los agotadores debates escenificados en el Imperio Bizantino.

Cuando una institución como el Senado crea una comisión tan imperdonablemente insolente como ésa, uno tiene derecho de preguntarse si se justifica que el país tenga un Senado. ¿Qué ha aportado a la democracia, al fortalecimiento de la equidad, a la justicia, a la transparencia, al juego indispensable de la interactuación social, este Senado que no es más que un sello gomígrafo del Ejecutivo? ¿Qué dirían los clásicos del enciclopedismo ante un Senado que legisla para su propio beneficio, y le impone cargas impositivas al país, sin despojarse ellos mismos de sus privilegios? ¿Qué otra cosa es el “barrilito”, las dietas, las exoneraciones, las asignaciones de dinero por asistencia a comisiones, el combustible, etc. que no sea corrupción legitimada? Ese Senado no tiene moral para investigar nada, y mucho menos a un parigual. El país no quiere otra cosa que no sea justicia.

Después que formó la comisión para “investigar el origen de la fortuna del senador Félix Bautista”, Reinaldo Pared Pérez, miró la hora en su reloj Rolex Presidente, se montó en su carro Bentley y puso la proa hacia “El mogote”, donde tiene una de sus casas de campo. Miró de reojo al presidente de la comisión, un mamut jubilado de las huestes reformistas, y cuando el motor silencioso del Bentley arrancó se le oyó reír en el asiento de atrás: ¡Jiac, Jiac, Jiac, Jiac, jiac!

TRES

Leonel Fernández ha perdido la batalla moral, y él lo sabe. Tiene dinero y poder, y abandonada a sí misma, la figura del tribuno retórico anegado en las cosas. Pero le falta el ángel que lo acompañaba en el ágora, y se retuerce en el podio como el déspota, como el dueño de la verdad que se oye a sí mismo. Aunque arengó triunfalista sobre la permanencia en el poder durante treinta y seis años, el tipo que hablaba se fisgaba a sí mismo, se veía desfigurado, desmistificado, desacralizado; él que era un tótem, casi un Dios, del cual no quedan ahora sino los escombros comunes a todos los falsos dioses.

Mientras hablaba, detrás de él se escenificaba un juego de máscaras, porque muchos de los que participaban en el acto saben lo que él hizo en el gobierno, saben el estropicio de la corrupción que él capitaneó; y juegan al papel de las simulaciones, mientras él mismo se mortifica recordando los amplios repudios que tuvo que soportar. Por eso, la locura de los gestos, la aberración de los juicios, la repetición de viejas fórmulas desvencijadas del entusiasmo; porque ese hombre ya perdió la batalla moral, y ha envejecido más que Juana de Arco, después de las tres noches de su martirio.

hoy.com.do
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miércoles, 17 de julio de 2013

LA OPINIÓN DE MELVIN

TODO ES CHERCHA
Por Melvin Mañón


Un periodista procura la reacción de Danilo Medina al pedido de destitución de Vincho Castillo quien preside una de esas instituciones que debería perseguir la corrupción pero en lugar de eso la ampara.

Danilo Medina, medio en broma, con una sonrisa responde: “la gente quiere ver sangre”.

Los periodistas y acompañantes ríen.

El señor Medina parece haber hecho un chiste. Los demás celebran.

Esa es la chercha.

Nadie lo cuestiona.

Nadie le requiere una respuesta de más responsabilidad.

Nadie le dice que está mal trivializar un tema serio en una coyuntura en que el país, a pesar de la sordera y el envilecimiento reclama que Vincho sea destituido.

Aclaremos.

No es todo el país que reclama su destitución sino una parte del país político. No es pequeña, pero es solamente eso, una parte.

¿Por qué numerosos sectores sociales y políticos están pidiendo la destitución de Vincho de la comisión de ética e integridad gubernamental?

Al decir de la prensa por disponer de un patrimonio mayor que el declarado y por tener dos hijos que tampoco había declarado. Eso es lo que yo llamaría coger el rábano por las hojas. Pedir la destitución de Vincho por esas faltas reales o supuestas me parece que es igual que acusar a un confeso asesino de violar una luz roja.

Estoy muy de acuerdo en reclamar la destitución de Vincho, no solamente de esa posición sino de todas las que ha ocupado en los últimos diez años y en las que, en primer lugar, nunca debió haber sido nombrado.

Vincho ha pervertido el cargo y las funciones y lo ha hecho desde hace muchos años.

El narcotráfico, que fue desde sus inicios caballo de batalla de sus campañas, solamente existe cuando puede ser imputado a algún ex funcionario y figura perredeísta mientras todos los grandes y muy notorios casos de narcotraficantes con serias, visibles y documentadas conexiones con el poder político de la corporación peledeísta pasan tranquilos y sonrientes por debajo de la mesa.

Todos los pecados y delitos imputables a algún funcionario lo son o han sido solamente si era o es un perredeísta. Y no es que no hubo y hay perredeistas vinculados al narco que eso no se discute, pero todo el país sabe y lo sabe bien y de primera mano que en materia de narcotráfico y corrupción pública, los perredeistas nunca pasaron del nivel de aprendices chapuceros mientras que los peledeístas que Vincho nunca ha denunciado ni cuestionado ni investigado tienen maestría y Phd en ambas materias. Pero Vincho nunca los ha investigado a pesar de que esa era una de sus muy principales atribuciones.

Este Vincho que se define por su odio ancestral al PRD, no es ni sombra del Vincho de los años 70 que defendía las leyes agrarias de Balaguer y denunciaba el gansterismo de algunos sectores del gobierno balaguerista.

Tampoco es el Vincho que ese mismo Balaguer usó para la lucha contra la corrupción en el gobierno de Jorge Blanco.

Este Vincho de ahora y de todo el periodo peledeista, desde el Pacto Patriótico de 1996 contra Peña Gómez tampoco es una caricatura de si mismo, es solamente una penosa expresión de bajas pasiones y miserias, una distorsión agravada, un recurrir a las peores páginas de su propio pasado.

Hombre de mucho talento, gran orador, valiente en lo personal y sin duda un jurista calificado pudo y debió haber servido mejores causas. No lo hizo. Es su elección. Pero dos cosas hay que dejar en claro.

Si vamos a pedir su destitución hagámoslo por las razones correctas, que abundan, sobran e inundan de tanto haber.

Si la respuesta de Danilo Medina a esa solicitud es una expresión destemplada y en ánimo de chercha, no le hagamos el coro que de sumarle a sus graves faltas, la celebración del chiste es de doble mal gusto.

Danilo Medina le falta el respeto al pueblo dominicano que clama por justicia trivializando un reclamo contra Vincho Castillo.

Danilo Medina falta a sus funciones, incumple sus obligaciones y traiciona su propia palabra cuando lejos de contribuir a la causa de la justicia e investigar los crímenes, se hace parte de la campaña para ocultarlos, encubrirlos y dejarlos impunes.

Debería darle vergüenza a él, y rabia a nosotros.

Pero para eso está la chercha.

Y si queremos ver sangre, ¿qué hay de malo con eso? ¿No son perseguidos y castigados los criminales? ¿No es para eso que se reclama justicia?
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