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viernes, 11 de mayo de 2012

UN SECRETO A VOCES

INDOCUMENTADOS
Por Jorge Ramos

Jorge Ramos es periodista, ganador del Trofeo Emmy, director senior de noticias deUnivision Network. Nació en México y es autor de nueve libros de gran venta, el más reciente A Country for All: An Immigrant Manifesto

NUEVA YORK - Llegué a cenar a un restaurante que tiene la reputación de ser uno de los mejores de Manhattan. Pero lo que nadie me había dicho es que casi toda la comida era preparada por indocumentados.

Y eso es algo que los dueños del restaurante, al igual que los mismos inmigrantes, prefieren mantener en secreto. Este restaurante es el mejor ejemplo de lo que mucha gente no sabe sobre este país.

Al llegar, por supuesto, me hicieron esperar a pesar de tener un reservación: una señal inequívoca de que era un lugar de moda. Luego de que se dignaran sentarme, nos dieron un menú a mí y a mi acompañante. Ordenamos nuestra comida y seguimos esperando. De pronto su secreto quedó al descubierto. Los dos muchachos que servían el agua y el pan en las mesas hablaban español. Y también uno de los meseros, quien, ya hacia el final de la noche y con los jefes distraídos, me invitó a la cocina.

Ahí me encontré a una decena de mexicanos, de los estados de Puebla, Tlaxcala yMichoacán, que cocinaban a la perfección el pato, la chuleta de puerco y el branzino del mediterráneo a la sal.

En esa cocina no había un solo norteamericano. Ni uno.

Esto me hizo pensar acerca de los ideales estadounidenses. En la superficie, parece un país que no esconde nada. Ni sus guerras ni sus crisis. Aún queda mucho de la tradición histórica del protestantismo, que premia a quienes dicen la verdad y son transparentes. Sin embargo, basta rascar un poquito esa superficie para darnos cuenta del mundo oculto que permite funcionar a Estados Unidos.

Y contrariamente a lo que muchos pudieran pensar, la crisis económica no ha enviado a millones de norteamericanos desempleados a las cocinas de los restaurantes y a los campos de cultivo. Tampoco a limpiar cuartos de hoteles ni a despellejar pollos. La realidad es que la mayoría de los estadounidenses no quieren hacer los trabajos que realizan los indocumentados porque son los más difíciles y los peor pagados.

El éxito de este restaurante consistía en una imagen de mucha exclusividad y en un talentoso grupo de indocumentados que cocinaban para celebridades, abogados, doctores y nuevos ricos. Pero quien no se haya metido a su cocina, jamás se hubiera podido imaginar esto. Lo mismo ocurre en miles de empresas de Estados Unidos. Lo tienen muy calladito, pero sin indocumentados, muchas industrias no sobrevivirían.

Y, no obstante, obligamos a estos inmigrantes a seguir viviendo en las sombras como ciudadanos de segunda clase, particularmente en lo relativo a la educación. Por ejemplo, una madre desesperada en Nueva Jersey me envió un conmovedor correo electrónico sobre su hijo, quien tras terminar su high school con mención honorífica, no podrá ir a la universidad por ser indocumentado. Hay miles de historias como la suya en Estados Unidos.

Es cruel y absurdo que niños indocumentados puedan asistir a la escuela hasta llegar a la fecha de graduación de la preparatoria, o high school, a pesar de su estatus de ciudadanía, y sin embargo se les niegue la oportunidad de seguir avanzando porque no son elegibles para la mayoría de las becas universitarias o para el pago especial de colegiaturas que reciben los jóvenes estadounidenses de sus estados de residencia. Así que cada año unos 60.000 estudiantes, dedicados pero indocumentados, que desean contribuir al futuro de la nación, están impedidos de pasar a la educación superior. El Dream Act - una legislación que crearía una ruta hacia la ciudadanía para los hijos de los indocumentados - por supuesto podría ayudar a resolver este problema. Pero los demócratas y los republicanos siguen jugando fútbol con la legislación y, al final, ninguno de los dos partidos ha hecho nada.

Todo esto forma parte del mundo oculto que se vive en Estados Unidos. Hay millones de trabajadores y de estudiantes que dan lo mejor de sí mismos para salir adelante y para hacer de este un país mejor. Pero nadie los reconoce. Están escondidos en escuelas, bodegas, fábricas y cocinas.

Estoy seguro de que las sonrisas y bromas en el restaurante al que fui en Manhattan desaparecerían si sus elegantes y poderosos clientes se dieran cuenta que sus suculentos alimentos fueron preparados por indocumentados que viven ocultos, con miedo a ser deportados y separados de sus familias, y en la más absoluta clandestinidad.

Así nada sabe bien.

Si tiene algún comentario o pregunta para Jorge Ramos, envíe un correo electrónico a Jorge.Ramos@nytimes.com
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jueves, 10 de mayo de 2012

INMIGRACIÓN Y ELECCIONES

INMIGRACIÓN: LA MORAL EN CALZONCILLOS
Por Maribel Hastings

El nuevo talking point de los republicanos hispanos al hablar de inmigración es decir que el presidente Barack Obama no cumplió su promesa de impulsar una reforma de inmigración durante el primer año de su gestión cuando los demócratas controlaban ambas cámaras del Congreso. Y lo sazonan agregando que bajo la administración Obama se han deportado más indocumentados que bajo la presidencia del republicano George W. Bush.

Siempre he criticado que el presidente Barack Obama no impulsara con más ahínco esa esquiva reforma de inmigración y que todo el capital político de los primeros dos años de su gestión, cuando realmente pueden conseguirse cosas porque los otros dos años son dedicados a la reelección, fuera absorbido por la reforma de salud que privó de oxígeno a toda una suerte de asuntos. Siempre he criticado que se use el tema de inmigración a última hora y en año electoral para dar la impresión de que se está haciendo algo, aunque realmente no esté haciéndose nada. Siempre he dicho que los demócratas pudieron hacer más en ese tema no sólo ahora con Obama, sino antes en previas administraciones con la diferencia de que las anteriores, léase Bill Clinton, no hicieron ninguna promesa al respecto. He criticado también el alcance de los programas federales que han contribuido a la cifra récord de deportaciones porque mayormente han afectado no a criminales como se supone que sea, sino a padres y madres de familia. Y critico que aún bajo los nuevos lineamientos sobre deportaciones, jóvenes indocumentados que se beneficiarían del "DREAM Act" tengan que pelear con uñas y dientes sus potenciales deportaciones.

Pero el cinismo de algunos republicanos de criticar a Obama por no haber cumplido esa promesa de reforma no parece conocer límites.

Manipulando el comprensible descontento entre un sector de los votantes hispanos por la falta de reforma y por la alta tasa de deportaciones, estas figuras republicanas todo lo resuelven con la clásica línea de "el presidente Barack Obama rompió su promesa de reforma de inmigración" que daría risa si sus consecuencias no fueran tan serias y en muchos casos devastadoras.

Lo que no dicen es que los republicanos contribuyeron enormemente a que esa promesa no se concretara porque a la mera mención de reforma saltaban como fieras para desechar cualquier viso de movimiento. Tampoco dicen que bloquearon medidas más limitadas como el "DREAM Act" y que durante el debate de la medida en la Cámara Baja en diciembre de 2010, el presidente del Comité Judicial, Lamar Smith, llegó a comparar a estos jóvenes indocumentados con criminales. Es cierto que cuando la medida llegó al Senado cinco demócratas que habrían hecho la diferencia votaron en contra, pero también lo habrían hecho cinco de los 36 republicanos que se opusieron al proyecto, varios de ellos coautores de la medida original.

La pregunta para estas figuras republicanas es simple: si Obama hubiese impulsado el proyecto de reforma migratoria, ¿los republicanos lo habrían apoyado? ¿Lo apoyan ahora? ¿Lo apoya el casi nominado presidencial republicano, Mitt Romney? La respuesta también es simple y es un rotundo no. Ni lo habrían apoyado entonces ni lo hacen ahora y Romney, quien incluso se ha atrevido a emplear el argumento de vez en cuando, no sólo no apoya esa reforma, sino que cree en el concepto de la autodeportación, que los inmigrantes, así lleven décadas viviendo en Estados Unidos, decidirán autodeportarse en algún momento antes de que ICE lo haga.

Bueno, al menos eso parece ser lo que piensa porque Bettina Inclán, la directora de alcance hispano del Comité Nacional Republicano (RNC), dijo que Romney "todavía está decidiendo cuál es su postura en inmigración". Dios Mío. Quizá Inclán se estaba refiriendo al "DREAM Act" porque Romney pasó de prometer vetarlo si el proyecto se concretara y él fuera presidente, a considerar una versión republicana ahora que quiere apelar a los votantes latinos.

Ni qué decir de la cifra de deportaciones. Cada vez que escucho a un republicano hispano decir que Obama ha deportado más indocumentados que Bush, se me crispa la piel porque al final de la oración tendrían que añadir "y nos parece que no son suficientes".

La desfachatez de criticar a alguien por no hacer algo que de todos modos usted no apoya es el colmo de la hipocresía.

Desconozco si la estrategia rendirá frutos entre algunos hispanos realmente desafectos con Obama por el tema migratorio. Pero de lo que no cabe duda es que el barato argumento republicano equivale a predicar la moral en calzoncillos.
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jueves, 19 de abril de 2012

INMIGRACIÓN EE.EUU.

¿SE ARREPINTIÓ ALABAMA DE SU LEY CONTRA LOS INDOCUMENTADOS?

Diez meses después de que se aprobara la ley de inmigración HB56 en Alabama, EE.UU., los legisladores están proponiendo cambios para varias de sus cláusulas. La razón principal: la que muchos consideran la legislación más severa del país no sólo ha surtido efectos notables en sus ciudadanos, sino también en la economía del estado.

El nuevo proyecto de ley, bautizado con el nombre de HB658, pretende apaciguar las perspectivas negativas provocadas en el estado desde que la ley fue puesta en marcha en septiembre de 2011.

Un estudio publicado en enero de este año concluyó que las medidas enérgicas en contra de los residentes indocumentados han traído consigo enormes consecuencias económicas, entre las que se encuentran la desaparición de miles de puestos de trabajo y la disminución de la demanda.

El mayor daño causado por la ley, según el autor de la investigación Samuel Addy, es el éxodo de inmigrantes a otros estados. Al mudarse, huyendo de las restricciones, Alabama no sólo pierde trabajadores sino también consumidores y contribuyentes. Según la Cámara de Comercio de Estados Unidos, aunque exista el mito de que los indocumentados no pagan impuestos, está demostrado que sí lo hacen aún cuando saben que no recibirán muchos de los beneficios.

En su trabajo, Addy (economista y director del Center for Business and Economic Reasearch de la Universidad de Alabama) también estima que la HB56 recortaría al menos 70.000 empleos y US$2.300 millones anuales. Un claro ejemplo que este cálculo es que desde la implementación de la ley, los empleadores han tenido dificultades para encontrar personas dispuestas a realizar el trabajo duro que no es bien pagado: los granjeros no consiguen recolectores, los hoteles no hallan gente que limpie las habitaciones.

Además, diversos grupos empresariales han argumentado desde 2011 que la HB56 -que entre otras cosas permite a la policía exigir prueba de residencia legal a todo el que considere sospechoso de estar indocumentado- ha causado daños en la reputación y la imagen internacional del estado.

Los cambios

El proyecto de HB658 tiene como principal objetivo reformar la HB56, que también es conocida con el nombre de "Arizona con esteroides", debido a que incrementó la dureza de muchas de las sanciones propuestas por la ley antiinmigrante del estado de Arizona aprobada en 2010. Aunque muchas de sus cláusulas han sido suspendidas por decisión del gobierno federal, esta reforma las dejaría sin lugar.

La presidenta de la organización Immigration Works, Tamar Jacoby, explicó a BBC Mundo los cambios más importantes que plantea la nueva legislación.

En primer lugar, eliminaría la disposición que convierte en un crimen rentar viviendas a inmigrantes indocumentados, lo que no sólo beneficiaría a los dueños de las propiedades sino a la industria inmobiliaria del estado.

"El objetivo de la ley de inmigración nunca fue hacerles la vida más difícil a los negocios", declaró William Canary, presidente y CEO del Business Council de Alabama. "Estos cambios, aunque no son perfectos, son un paso en la dirección correcta", agregó.

También dejaría sin efecto los controvertidos censos en escuelas para saber si los alumnos tienen papeles o no.

La cláusula que más llama la atención es la que asegura que la policía ya no podrá indagar en el estatus migratorio de aquellos que le resulten "sospechosos". Para poder hacerlo será necesario haber cometido alguna infracción de tránsito o de cualquier otro tipo que produzca un arresto.

Sin embargo, no todo es positivo: una vez detenidos, los oficiales podrán averiguar la condición migratoria del resto de los ocupantes del vehículo.

"Esto, sin duda, sería hostigar a personas inocentes que no han cometido crimen alguno", dijo Jacoby a BBC Mundo.

El impacto no es sólo económico

Aunque todavía no ha sido aprobada, los expertos aseguran que lo más probable es que eso ocurra.

"No hay nada que indique que la HB 658 no entrará en vigencia y eso es muy positivo. Los legisladores están conscientes de que muchas cláusulas se extralimitaron y de que nadie quiere invertir ni visitar un estado tan poco hospitalario", aseguró Jacoby.

Pero no todos son tan optimistas al pensar que una reforma echaría por tierra los preceptos de la ley original y que eliminaría del todo los daños económicos y sociales causados.

Grace Meng, investigadora sobre Estados Unidos de Human Rights Watch, señaló en un comunicado que "el principal problema de la ley sobre inmigración de Alabama es que persigue el fin expreso de crear obstáculos que hagan prácticamente imposible la vida en el estado para los inmigrantes indocumentados".

Según ella, "las violaciones de derechos humanos no podrán prevenirse con tan sólo implementar unos pocos cambios en la ley".

Tomado de BBC Mundo
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viernes, 28 de octubre de 2011

¿Sobreviviría la agricultura de EE.UU. sin indocumentados?

Fernando Peinado

¿Quién va a recoger los tomates? Los dueños de las plantaciones de Alabama se enfrentan a un panorama sombrío.

Impotentes, contemplan cómo se pudren sus cosechas, sin haber encontrado aún sustitutos para los miles de indocumentados que hasta hace menos de un mes recogían sus tomates y papas en largas jornadas bajo el sol.

La entrada en vigor de la ley migratoria estatal, considerada la más severa de EE.UU., provocó un éxodo en los campos de este estado sureño y pocos estadounidenses o residentes legales desempleados han ocupado esos trabajos.

Si nada cambia, la situación se agravará en febrero cuando comience la temporada de siembra en los invernaderos. Ante el temor a la ruina, los empresarios agrícolas se han movilizado para exigir una solución al gobernador, el republicano Robert Bentley.

A pesar del incierto futuro para la agricultura de Alabama, en EE.UU. continúan escuchándose las voces de quienes piden más leyes como la de este estado, que desde el 28 de septiembre permite a la policía exigir los documentos a cualquier sospechoso de no tener permiso para permanecer en el país. Además, autoriza a las escuelas a revisar el estatus migratorio de sus alumnos.

El dilema de los agricultores de Alabama ha sido visto por los activistas hispanos como una prueba contundente de que el país no puede prescindir de los sin papeles.

Su reivindicación es respaldada por economistas que advierten que si se aprobara una ley como la de Alabama a escala nacional, las consecuencias para la agricultura serían catastróficas.

Alimentos mexicanos

"Se hundiría toda la agricultura estadounidense de trabajo intensivo", afirma Tamar Jacoby, presidenta de ImmigrationWorks USA, una federación de pequeños empresarios que pide una reforma migratoria.

"No solo perjudicaría a los empresarios agrícolas", advierte en conversación con BBC Mundo. "También al resto del país. Los consumidores pagarían más por los productos agrícolas, y otros negocios indirectamente relacionados con la agricultura también sufrirían las consecuencias: fabricantes de fertilizantes, de maquinaria agrícola, restaurantes...".

"La producción de alimentos se trasladaría a México y otros países. No podríamos competir con sus precios", vaticina Peter Callan, profesor de Economía de la universidad Virginia Tech.

Se estima que alrededor de la mitad de los trabajadores del campo no tiene papeles.

El profesor de la Universidad de California, Philip Martin, calcula que de los 2,5 millones de trabajadores agrícolas, 1,2 millones, el 48%, no tienen papeles.

Martin, no obstante, cree que el impacto de legalizar la mano de obra agrícola no sería tan grande. Según ha escrito este experto citado por quienes exigen más deportaciones, el costo para el bolsillo de los estadounidenses sería insignificante.

Martin reconoce que habría que pagarle mucho más a un trabajador estadounidense, pero argumenta que los hogares de EE.UU. no notarían en demasía el aumento ya que el gasto en frutas y verduras es incluso menor al de bebidas alcohólicas.

Según sus estudios, si los salarios agrícolas aumentasen un 40%, el sobrecosto para una familia no sería de más de US$15 al año, el precio de dos entradas de cine, mientras que los trabajadores del campo mejorarían notablemente sus condiciones.

El caso es que para que eso se cumpla harían falta estadounidenses a los que no les importe el trabajo sacrificado de las plantaciones. Y en Alabama de momento no hay suficientes, a pesar del desempleo del 9,9%, más alto que la media nacional del 9%.

También en el vecino estado de Georgia, que en primavera endureció su ley de inmigración, los terratenientes están quejándose de escasez de mano de obra.

Estudios

Jerry Spencer, presidente de Grow Alabama, una cooperativa agrícola que promueve una industria sustentable, considera que los legisladores de Alabama parecieron no pensar en el problema actual.

"Parecían estar soñando. No consideraron que pocos estadounidenses tienen la suficiente fuerza mental y física para desplazarse de la ciudad al campo en trayectos de más de una hora y aguantar las jornadas de trabajo de un indocumentado", dice en conversación telefónica con BBC Mundo.

Spencer dice que hace unos días acompañó a 60 desempleados a su primer jornal en una plantación del condado de Birmingham, en Alabama, y que al día siguiente más de la mitad habían abandonado.

"Los trabajadores hispanos que se marcharon ganaban en unas diez horas entre US$100 y US$300 recogiendo cajas de tomates, mientras que estos nacionales no eran capaces de aguantar más de seis horas para ganar unos US$25", dice Spencer.

Jacoby, la presidenta de ImmigrationWorks USA, observa que este desinterés por las labores del campo ha crecido conforme los estadounidenses han aumentado su nivel de estudios.

En 1960, la mitad de los trabajadores de EE.UU. habían abandonado la escuela para dedicarse a trabajos poco cualificados en la agricultura o la construcción. Hoy, menos del 10% de la fuerza de trabajo carece del título de los estudios secundarios.

Una de las soluciones propuestas para los apuros de los terratenientes de Alabama es un programa de empleo temporal para extranjeros.

Sin embargo, los empresarios agrícolas afirman que estos programas son costosos porque se ven obligados a pagar el alojamiento de los jornaleros, entre otros gastos.

Mientras buscan una solución, Alabama ofrece un buen argumento a quienes intentan demostrar que los indocumentados no son una carga, sino más bien un pilar imprescindible para el país.

BBC Mundo, Washington
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viernes, 21 de octubre de 2011

Nacionalismo anti-nacional

RD seguirá siendo denunciada y acusada a nivel internacional

Por ROSARIO ESPINAL

Me aterra el nacionalismo extorsionista, el que se erige con el hundimiento del otro, el que azuza el odio, el que alimenta prejuicios para beneficio de los más poderosos, el que acorrala una nación en la ilegalidad.

República Dominicana comparte una pequeña isla con el país más pobre de América. Eso implica problemas y beneficios. El principal “beneficio”, y lo pongo entre comillas, es que Haití ha ofrecido un caudal de mano de obra barata para el enriquecimiento empresarial.

Desde hace mucho tiempo, incluida la Era de Trujillo, los haitianos han suplido la mano de obra para las actividades económicas más duras y de menor remuneración. Se benefició el Estado cuando era emporio azucarero y ahora con la construcción, y se ha beneficiado históricamente el sector privado en diversos renglones de la producción.

Después de la masacre de 1937, mientras los haitianos estuvieron recluidos en bateyes, no perturbaron mucho a la población dominicana. Pero después de la caída de Trujillo, el éxodo de haitianos aumentó, sobre todo, después del fin de la dictadura de Jean Claude Duvalier en 1986.

El gobierno y los empresarios dominicanos han empleado masivamente esa mano de obra barata sin derechos políticos. Por eso la República Dominicana ha sido y seguirá siendo denunciada y acusada a nivel internacional. Los haitianos llegaron no porque lo ordenara otro país, sino porque el gobierno dominicano y los empresarios vieron las ventajas económicas de esa migración.

Pero en República Dominicana existe la expectativa de que los haitianos pueden trabajar y luego desaparecer del mapa, y no es así. Cuando un país acepta un flujo migratorio masivo, tiene que asumir las consecuencias socio-económicas y políticas. Los trabajadores necesitan viviendas, transporte, servicios educativos y de salud; tienen relaciones sexuales y procrean, sus hijos necesitan documentos y servicios.

En la medida que la población haitiana y descendiente fue creciendo, se establecieron disposiciones legales y constitucionales más excluyentes.

Por ejemplo, en la reforma constitucional de 2010 se estableció que los niños nacidos en territorio dominicano de padres indocumentados no califican para la nacionalidad dominicana.

Sin duda, el país tiene derecho a establecer las leyes que desee, pero esa disposición constitucional crea una situación de apartheid muy perjudicial porque hay una masa poblacional que vivirá sin derechos fundamentales a una identidad.

Si el gobierno dominicano acepta constantemente un flujo migratorio haitiano para satisfacer las necesidades de mano de obra barata, el Estado no puede cerrar las puertas, como ha hecho en la Constitución de 2010, para alcanzar el asentamiento legal de esa población.

Es evidente que en República Dominicana la mayoría de los haitianos se encuentra en estado de ilegalidad.

Los inmigrantes llegan sin documentos y permanecen por años (incluso hasta la muerte) sin documentos.

Muchos de sus hijos nacidos en República Dominicana tampoco pueden acceder a documentación nacional por ser hijos de inmigrantes indocumentados. Y para completar, hay descendientes de haitianos que obtuvieron documentos anteriormente y luego lo perdieron por las nuevas medidas restrictivas que se aplican retroactivamente.

Cuando República Dominicana es criticada internacionalmente por esta situación surgen las voces nacionalistas a defender el país. Entre esas voces se encuentran el mismo gobierno que ha permitido la migración ilegal, y los mismos empresarios y asociados que se benefician empleando esos inmigrantes.

El nacionalismo dominicano es anti-nacional porque se basa en defender la explotación y la ilegalidad. Si República Dominicana no quiere haitianos, el gobierno dominicano no debe permitir su entrada y los empresarios no deben emplearlos. Lo que no debe hacerse es permitir un flujo de inmigrantes, emplearlos, y luego negarles derechos fundamentales.
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lunes, 22 de agosto de 2011

De nación de inmigrantes a país de emigrantes

Por Aníbal E. Melo

Si el norte fuera el sur serían los Sioux los marginados. Ser moreno y chaparrito sería el look más cotizado. Marcos sería el Rambo mexicano y Cindy Crawford la Menchú de mis paisanos. Reagan sería Somoza. Fidel sería un atleta corriendo bolsas en Wall Street y el Ché haría hamburguesas al estilo double meat. Los yankees de mojados a Tijuana y las balsas de Miami a la Habana. Con las Malvinas por Groenlandia y en Guatemala un Disneylandia. Y un Simón Bolivar rompiéndo su secreto: Ahí les va la 187, ¡fuera los yankees por decreto!

Ricardo Arjona
Canción: "Si el Norte fuera el Sur"

Isabel Wilkerson, primera mujer afroamericana en ganar un Premio Pulitzer, en su libro "El Calor de Otros Soles", describe con mucho sentimiento sobre lo que los humanos han hecho durante siglos cuando la vida en un lugar se les hace insostenible: Se van.

Es lo que los peregrinos hicieron por causa de la tiranía del gobierno británico; lo que los irlandeses hicieron cuando no tenían nada que comer; lo que los Judíos Europeos hicieron durante la propagación del nazismo; lo que los campesinos sin tierra de Rusia, Italia, China y actualmente de los países de Latinoamérica hacen cuando creen que algo mejor, más allá de sus fronteras, los llama.

En los Estados Unidos no parece que los empleos van a regresar. El mercado de acciones se está hundiendo y aparentemente todos están endeudados.

La calificación crediticia del país ha recibido un fuerte golpe y en la televisión se habla de la amenaza de otra nueva "década perdida".

A lo largo de la historia, para millones de personas de sociedades menos prósperas, la solución al desempleo, al hambre y la pobreza, ha sido obvia: Largarse lejos.

¿Podría ocurrir lo mismo en Estados Unidos?

¿Podría, por ejemplo, China tener algún día un Americatown?

Dejemos volar nuestra imaginación y visualicemos un día cualquiera del futuro en el corazón de Beijing:

Los chinos, se rascan la cabeza por causa de los inmigrantes estadounidenses que van a China sólo por dinero, y que nunca aprenden el idioma, ni se integran. Extranjeros que viven en su propio pequeño mundo, donde hasta los letreros son en inglés.

Como lo ven los chinos, estos inmigrantes blancos tienen costumbres extrañas.

Nunca comparten los alimentos en la mesa, y terminan todo lo que hay en sus platos.

Siempre preguntándole a los nativos chinos, "Cuántos hijos tiene usted?" - a pesar de que la respuesta es siempre la misma, "uno."

Pero con todo y eso se desarrollan. Ponen sus energías, habilidades y redes familiares a trabajar, y cosechan grandes éxitos.

Fundan negocios de hamburguesas y papas fritas, academias de Inglés, gimnasios e incluso servicios de transporte. En fin logran, el ya famoso Sueño Chino!

Ahora, volvamos a la realidad.

Actualmente, un número considerable de estadounidenses trabajan en todo el mundo. Viven, por ejemplo, en Bangkok, Bogotá o Sydney.

En su mayor parte, son miembros de familias que pertenecen a dos mundos o son parte de una élite educada que ha emigrado por elección.

Por lo general, tienen buenas opciones en los Estados Unidos, pero deciden emigrar por la emoción de la aventura, por un sueldo más alto, por invertir en un mercado emergente, o para renovarse después de un divorcio o la muerte de un familiar querido.

Lo que no ocurre todavía, es un patrón de emigración en masa de la clase obrera desde Estados Unidos hacia el extranjero, como se ve en México, Colombia o República Dominicana, etc.

Hasta hace poco las razones para que los obreros estadounidenses no emigrasen, eran bastante evidentes: Un buen retiro, una tasa alta de propiedad de viviendas, servicios de salud aceptables, estudios públicos gratuitos, y pocos vínculos estrechos con personas de otros países.

Y es que el cálculo que la mayoría de los emigrantes hacen es que, les puede ir mejor en otro país.

Para la mayoría de los estadounidenses, hasta ahora, esto es inimaginable. Sin embargo, algunas variables de ese cálculo están cambiando.

Si usted viaja en coche desde Washington hasta Massachusetts, por ejemplo, verá un Estados Unidos que poco a poco se queda sin nuevas oportunidades.

Observará caminos, puentes y edificios desmoronándose, incluso sin los recortes presupuestales recientes. Verá pequeños negocios abiertos pero languidecientes, a los que les hace falta confianza, signo extraño y largamente ausente en este país.

En un informe divulgado a finales de enero del 2009, la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles describió la condición de la infraestructura del país en términos alarmantes.

Más de la cuarta parte de los puentes de la nación fueron catalogados como estructuralmente deficientes u obsoletos funcionalmente.

En general, los sistemas de transporte público y las presas del país, así como sus diques, están en lamentable estado, muchos de ellos con más de medio siglo de antigüedad.

Los ingenieros, le dieron a la infraestructura general del país una calificación de 6 y agregaron que se requeriría de una inversión de 2.2 billones durante cinco años para volver a ponerla en forma.

Hoy día, en Estados Unidos, hay una sensación de "oportunidad pasada."

El índice de desempleo es de alrededor del 9.1% y en la víspera, Wall Street tuvo su peor jornada en casi tres años.

Y sin embargo, es difícil imaginar que los estadounidenses de hoy, emulen a la inversa a los peregrinos que llegaron a estas tierras y construyeron un gran país desde la nada.

Los estadounidenses modernos nunca han estado dispuestos a emigrar en masa, pero saben lo que es ser dueño de franquicias de Burger King en el extranjero o de iniciar pequeños restaurantes de comida rápida en otros países del mundo.

Los posibles emigrantes estadounidenses del futuro, por ejemplo, poseerán un talento especial para el arte de la venta, para trabajar como agentes de bienes raíces o ser concesionarios de automóviles.

Los obreros despedidos de las fábricas estadounidenses podrían ser excelentes capataces en China o India, donde la mano de obra es abundante.

Sin dudas, muchos países en desarrollo no son fáciles de navegar.

En el extranjero, los salarios, aunque en aumento, son más bajos que lo que la mayoría de los estadounidenses esperarían ganar.

Y puedo estar equivocado, pero no conozco historias de personas convirtiéndose en chinos, por ejemplo, en la forma en que tantos millones se han convertido en estadounidenses.

Por otro lado, está la geografía americana, que ofrece muchas fronteras interiores.

Estados Unidos es el segundo mayor país del continente y el cuarto del mundo. Situado en la franja central de Norteamérica, se extiende desde la costa atlántica hasta la costa del Pacífico.

Este es un país tan grande que, para la mayor parte de su historia, la emigración ha significado dejar un estado para irse a otro con más posibilidades.

Pienso que emigrar de un país a otro, a menudo es un acto de desesperación. De "última oportunidad" para la gente pobre y trabajadora.

Personalmente sé, que emigrar significa la ruptura casi total con todo lo que uno conoce.

En estos momentos de crisis, no veo una emigración en masa desde los Estados unidos hacia otros países, sobre la base de la actual recesión. Pienso que se necesitaría una mucho peor.

Pero creo que este artículo, que todavía es solamente un ejercicio de la imaginación, puede ser también una premonición.
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domingo, 26 de junio de 2011

Ganador del Premio Pulitzer al Periodismo 2008: "Soy Indocumentado"

Por Aníbal A. Melo
AnibalMelo.com

Los Pulitzer son premios que se otorgan en Estados Unidos por logros destacados en las áreas de periodismo, literatura y composición musical. Fueron establecidos por el editor estadounidense Joseph Pulitzer en el 1917 y son administrados por la Universidad Columbia de Nueva York.

Estos premios se conceden anualmente en veintiuna categorías. En veinte de estas, cada ganador recibe un certificado y un premio en efectivo de 10,000 dólares.

Adicionalmente, al ganador en la categoría de periodismo se le concede una medalla de oro, que pasa a ser propiedad del medio donde labora el galardonado. Este premio es considerado la condecoración más importante y de mayor prestigio del mundo del periodismo.

Durante los últimos ocho años, el periodista José Antonio Vargas estuvo preocupado por un plazo inminente: La caducidad de su licencia de conducir que le permitió conseguir su primer trabajo en uno de los periódicos más importantes de Estados Unidos.

Vargas, de 30 años, ocultaba un secreto: Es indocumentado. Pudo haberse quedado callado, pero en su lugar, decidió hacer pública la verdad.

El miércoles 22, Vargas escribió en el New York Times Magazine, que se publica en línea: "Estoy cansado de ocultarme, estoy agotado. No quiero seguir viviendo la vida de esta manera."

Vargas, cuya madre lo envió desde las Filipinas a vivir con sus abuelos en California cuando él tenía 12 años, dijo que ahora quiere ayudar para presionar al Congreso para que apruebe la ley DREAM que abriría un camino a la residencia a personas como él, si van a la universidad o sirven en el ejército.

Vargas dice que él no sabía nada de su estatus migratorio hasta cuatro años después de su llegada a Estados Unidos, que solicitó un permiso de conducir y le dio a un empleado su tarjeta de residencia.

"Esto es falso", le dijo el empleado del Departamento de Vehículos de Motor, no vuelva por aquí."

Vargas se enfrentó a su abuelo, quien reconoció que compró la tarjeta de residencia y otros documentos.

"Recuerdo que el primer pensamiento fue: "OK, eso es todo, líbrate de tu acento", dijo Vargas a ABC. "Porque pensé, de todas formas parezco estadounidense."

Estaba convencido de que "si trabajaba y estudiaba duro, sería recompensado con la ciudadanía."

Cuando Vargas le dijo a su abuelo que era gay, lo expulsó de la casa, diciéndole que tenía que casarse con una mujer estadounidense con el fin de obtener la tarjeta verde. Esto no era una opción para él.

Por otro lado, ir a la universidad parecía fuera de su alcance, hasta que Vargas habló con Pat Hyland, Director de Mountain View High School y con Rich Fisher, Superintendente del distrito escolar, acerca de su problema, quienes se convirtieron en sus mentores y padres sustitutos.

Con el tiempo le ayudaron a conseguir una beca para estudiantes de alto rendimiento que le permitió asistir a la San Francisco State University.

Vargas realizó internados en The San Francisco Chronicle y en el diario Philadelphia Daily News. Siguió aplicando y recibió una oferta de parte del Washington Post.

El periódico sólo le requirió una licencia de conducir que Vargas consiguió en Oregón, estado que tenia requisitos menos estrictos que otros.

Una vez contratado a tiempo completo en el Post, utilizó la licencia para cubrir los eventos en Washington, incluyendo una cena de Estado en la Casa Blanca.

Trató de evitar la presentación de informes sobre asuntos de inmigración, pero a veces, era imposible. En un momento, escribió sobre la entonces Senadora Hillary Rodham Clinton y su posición respecto de las licencias de conducir para los inmigrantes ilegales.

Finalmente, Vargas se lo dijo a su mentor, Peter Perl, Director de Entrenamiento del diario.

Perl le dijo que una vez que tuviese más logros, se lo diría al entonces Editor, Leonard Downie Jr., y a Don Graham, Presidente del Post. Todo se mantuvo en secreto hasta que Vargas dejó el periódico.

En un artículo publicado en la noche del miércoles 22, en el sitio web del Washington Post, se informó que Vargas se acercó a su viejo periódico en marzo para escribir su historia. Iba a ser publicada el domingo 19 de junio.

Sin embargo, Marcus Brauchli, Editor Ejecutivo del diario, mató la historia varios días antes de su publicación.

William Pérez, profesor de California’s Claremont Graduate University, que ha escrito sobre la ley DREAM, dijo que "salir del closet" como un inmigrante ilegal puede proporcionar cierta protección a alguien en proceso de deportación, ya que puede conseguir apoyo del público.

"Todo esto, ayuda a aumentar la conciencia sobre este gran problema. Es mucho más difícil para las personas que son gays o lesbianas, ya que el camino a la ciudadanía a través del matrimonio no es una opción", dice Pérez.

Un número creciente de graduados universitarios indocumentados han "salido del closet" en los últimos años.

"Están frustrados porque tienen la preparación, tienen las habilidades, pero no las opciones", dijo Pérez. "Para ellos, esta es una de las pocas opciones que quedan para tratar de influir en la política nacional."

Vargas ganó el Premio Pulitzer en el 2008 por sus escritos sobre la matanza de Virginia Tech.

Una serie de artículos escritos por él en el 2006, sobre la epidemia del SIDA en Washington inspiró un documental. El año pasado, escribió en The New Yorker, un excelente perfil sobre Mark Zuckerberg, fundador de Facebook.

Más recientemente, Vargas era Editor Senior del Huffington Post.

"Pueden llamarme lo que quieran, pero soy estadounidense", dijo Vargas en una entrevista reciente a ABC. "Nadie puede quitarme eso."

Es evidente que Vargas no ha salido del closet con el fin de tratar de ganar simpatías. En su lugar, su declaración es un desafío para el sistema de control de inmigración.

Inevitablemente, uno tiene que comparar la valiente acción de Vargas, con la de Rosa Parks y con las de otros muchos manifestantes por los derechos civiles que abiertamente desafiaron las leyes de segregación racial del Sur en los años 1950 y 1960. Ellos estuvieron dispuestos a ir a la cárcel por sus convicciones, y a menudo lo hicieron.

Pero ¿qué tan válida es esta comparación?

Las leyes de segregación racial eran intrínsecamente malas, por lo que era necesario hacer cualquier intento posible para tratar de abolirlas, siempre bajo el manto de la ley. Pero uno no puede decir lo mismo de las leyes de inmigración actuales de Estados Unidos.

No soy un gran fan de las cercas, ni de los procedimientos de deportación, ni del E-Verify, ni de Comunidades Seguras, ni de cualquier otra de las medidas que se están implementando ahora en Estados Unidos para controlar el flujo migratorio.

Sin embargo, hay alrededor de 7 mil millones de personas en este planeta. Nadie afirmaría que hay espacio para todos ellos en los Estados Unidos, aun suponiendo que todos quieran venir, como un buen número de ellos sin duda lo desean y lo hacen.

Tampoco soy partidario de que haya "fronteras abiertas". Tiene que haber restricciones a la inmigración, y las restricciones no tienen sentido si no se aplican.

Pero entiendo que la acción de Vargas en salir del closet y correr el riesgo de ser deportado es una protesta contra la idea de tener un sistema de leyes de inmigración cerrado. Es una protesta contra las leyes como son ahora, y de la forma en que se hacen cumplir.

Estados Unidos no tiene necesidad de abolir los controles de inmigración. Lo que se necesita es hacer al sistema más justo, más en sintonía con la realidad, y más humano.

Una buena manera de responder a esta pregunta podría estar abriéndose paso actualmente. Y es, el reciente anuncio del liderazgo demócrata del Senado, que ha introducido un nuevo intento de reforma migratoria, incluso sin apoyo republicano.

Recuerdo el desperdicio del año pasado, con el rechazo a la ley DREAM, un paso mucho más pequeño que una reforma integral total, que no fue aprobada en el Senado, incluso teniendo tres votos republicanos a su favor.

Creo que si ahora hubiese un milagro y se tratase de llevar a cabo algún tipo de reforma en el Senado este año, estaría muerta a su llegada a la Casa de Representantes.

Hay un dicho japonés antiguo que dice: Si una persona no puede nadar a través de un charco de un metro, ¿cómo puede cruzar un río de una milla de ancho?

La única manera en que los demócratas pueden nadar a través del río de la reforma integral de inmigración es jugando duro: Hacer una moratoria a las deportaciones y a las acciones relacionadas con los esfuerzos del E-Verify, Comunidades Seguras, arrestos y 287(g), sin incluir, por supuesto, los controles de ingresos y observancia de la frontera, que tienen que realizarse bajo toda circunstancia, hasta que los republicanos estén de acuerdo con llevar a cabo un proyecto de ley decente, una reforma significativa, incluyendo una que contenga la tan odiada palabra "Amnistía".

Por supuesto, esto podría incrementar el riesgo de que Obama no sea reelecto.

Pero ¿no hay un momento en que el valor de defender lo que es correcto tiene prioridad sobre lo que es conveniente?

Eso creo yo, es el reto que José Antonio Vargas ha lanzado al Presidente y a todos los demás que decimos querer tener un sistema de inmigración justo y racional.

¿Quién de nuestros dirigentes tendrá el coraje de llevar a cabo este reto?

NOTA:
El miércoles 22 de junio, Vargas lanzó una campaña llamada Definiendo a America que utilizará historias de inmigrantes como la suya, para instar al Congreso y al Presidente Obama, a propiciar una reforma migratoria.

Por su parte, su ex-Director de escuela y su Ex-Superintendente han firmado como miembros de la junta de dicha campaña.
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martes, 5 de abril de 2011

Inmigración y diversidad en Estados Unidos

Por Aníbal E. Melo (*)

PROVIDENCE, RI. USA - Estados Unidos no es el único país de habla Inglesa que está luchando con cuestiones de inmigración y diversidad.

En el 2004, el periodista británico, David Goodhart, publicó un artículo en The Guardian titulado "El malestar de los extraños", en el que dejó claro que ciertos tipos de "extranjeros", como los Asiáticos, Africanos y los musulmanes, lo hacían sentir muy incómodo.

No contento con atacar a los inmigrantes en Gran Bretaña, el artículo de Goodhart también hizo trizas a los hispanos y a los afroamericanos de los Estados Unidos.

La premisa básica de Goodhart, es que hay una diferencia entre las sociedades basadas en la "solidaridad", (según él, caso de Gran Bretaña y su población blanca) y la "diversidad", que, por supuesto, significa una sociedad que incluye a todas las demás razas y nacionalidades. Él argumentó en su artículo, que una sociedad basada en la "solidaridad" funciona mucho mejor.

Este tipo de retórica anti-inmigrante basada en el origen étnico, o como a algunos les gusta llamarlo eufemísticamente, "la cultura", es casi desconocida en Estados Unidos.

En la década de los '90, Peter Brimelow, otro británico, pero inmigrante y residente en este país, escribió esencialmente la misma cosa en su libro "Alien Nation".

En el 2003, Samuel Huntington, fallecido profesor de Harvard, mejor conocido por su libro "Choque de Civilizaciones", suscitó una polémica, con su argumento de que "América" es esencialmente blanca y protestante, y enfáticamente no hispana.

El ex-candidato presidencial Patrick J. Buchanan ha estado escribiendo algo similar durante muchos años.

Cuando un país adopta este tipo de ideología (y estoy tratando de ser cortés aquí) como política oficial de inmigración, muchas cosas cambian para lo peor.

Un ejemplo de esto es el Reino Unido, que ha reducido el límite de la inmigración legal permanente y también ha adoptado procedimientos de solicitud de visas de residencia que han desalentado a muchos no europeos, incluyendo a profesionales altamente cualificados y a personas ricos de China y de otros países.

Esto ha provocado furiosas reacciones de los afectados, personas que cualquier otro país en su sano juicio consideraría como inmigrantes deseables.

En contraste, Canadá ha ganado reputación positiva por su aceptación de la diversidad.

La elección para Estados Unidos es bastante clara.

¿Tendremos, en violación de todos los ideales y las tradiciones de los estadounidenses, un acercamiento a la visión de Gran Bretaña y nos convertiremos en un país con mentalidad estrecha, excluyente y aislante, o vamos a seguir el ejemplo de Canadá y participar en el mundo diverso que nos rodea con un espíritu de acogida y aceptación de los inmigrantes más cualificados, sin importar de donde vengan?

No hay duda de hacia donde la administración de Obama nos está llevando ahora.

Tenemos que cambiar de rumbo si es que queremos recuperar no sólo lo que es mejor en América, sino lo que mejor representa los intereses de Estados Unidos en el mundo globalizado del siglo 21.

(*) Abogado y periodista, es columnista regular y autor de numerosos artículos publicados en la prensa hispana más importante tanto de Rhode Island como de Massachusetts. Miembro del Colegio de Abogados de la República Dominicana desde el 1987, es especialista en todas las áreas de la ley de inmigración de los Estados Unidos.

Abril 5 del 2011
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sábado, 2 de abril de 2011

Obama, ¿Dónde está la Reforma?

Pro inmigrantes contra acciones de la administración de Barack Obama

Por Pilar Marrero
Pilar.marrero@laopinion.com

Una paletera a la que arrestaron en Van Nuys por vender cerca de una escuela, un mensajero que trabajó por diez años en una empresa de instrumentos de laboratorio, un activista de la comunidad colombiana: todos en proceso de deportación por parte de un gobierno que dice que se enfoca en extraer a delincuentes peligrosos.

Para Angélica Salas, activista proinmigrante de Los Angeles, las acciones del gobierno de Barack Obama contra los inmigrantes ya colmaron el vaso desde hace tiempo.

Lo que más le molesta a Salas, directora de la Coalición de Los Ángeles para los Derechos de los Inmigrantes (CHIRLA) es el doble discurso.

“La intransigencia de este gobierno en aplicar las leyes migratorias ya es excesiva”, dijo Salas, quien comentó que los grupos de base se reunieron de nuevo la semana pasada con Janet Napolitano, la Secretaria de Seguridad Nacional (y encargada de todas las agencias migratorias) en Washington.

“Hay una diferencia entre lo que dicen, de que son más compasivos, que están haciendo reformas… pero la realidad de la comunidad es lo opuesto”, agregó Salas. “Casi preferiría que no nos dijeran que están tratando de hacer cosas buenas, de enfocarse en criminales, cuando estamos viendo la realidad”.

A pocos pasos de allí estaba Blanca, la paletera, persiguiendo a su inquieto hijo de un año, Jonathan, que lloraba a voz en cuello. A ella la arrestaron el 7 de febrero cerca de una escuela en Van Nuys y en vez de darle una multa por vender sin permiso, se la llevaron presa y terminó ante las autoridades de inmigración, gracias al programa Comunidades Seguras de ICE (Agencia de Inmigración y Aduanas).

“Cuando llegué al condado (cárcel) había unas mujeres ahí que me preguntaron por qué me habían arrestado; yo les dije que por vender paletas”, dice Blanca. “Me dijeron ¿cómo? Mira, acá acaban de dejar libre a una que traía drogas. Yo lo que no entiendo es por qué me pasa esto si yo lo único que hago es trabajar y hablar con la verdad”.

El 19 de este mes, Blanca tiene cita en la corte de inmigración. No sabe qué pasará, pero ella es la única que mantiene a sus padres en su país y a sus otros dos hijos de 9 y 3 años.“Lo que quiero es trabajar y ahorrar un poco más… y por mi hijo, que es ciudadano de aquí”, añade.

CHIRLA, como otras organizaciones de base del país, inició así una campaña denominada: “Presidente, el cambio requiere valor”.

“No porque sea él demócrata y nosotros hayamos ayudado a elegirlo o seamos progresistas nos tenemos que callar ante esta aplicación cruel e inhumana de la ley”, dijo Salas. “Lo que queremos es que el Presidente utilice capital político, no creemos que haya puesto todo el capital en empujar la reforma, ni el DREAM Act. Ni mucho menos en hacer lo que está a su alcance como ejecutivo”.

Osjel Andrade trabajó por diez años en una compañía que fabrica equipos para laboratorio en Fullerton. En junio del año pasado, ICE visitó sus instalaciones y se llevó a 40 de los 150 empleados del lugar. Osjel no estaba allí en ese momento. En noviembre, sin embargo, ICE lo vino a buscar por la puerta de su casa, un día al amanecer.

“Yo tenía asesoría desde la redada y tomé la tarjeta de mi abogada, sólo les di mi nombre, no contesté nada. Terminé estando una semana en el centro de detención de Lancaster y ahora estoy en proceso de deportación”, explica.

CHIRLA compartió cifras de ICE que contradicen la afirmación del gobierno de que hay un creciente enfoque en deportar a criminales. El programa Secure Communities deportó a 9,509 no delincuentes el pasado año fiscal, un gran aumento comparado con los 3,225 arrestados el año anterior.

La Opinión de Los Ángeles, California
2011-04-01
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