Mostrando entradas con la etiqueta Indocumentados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Indocumentados. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de junio de 2012

MILAGROS ORTIZ BOSCH

NO INSCRIBIR NIÑOS ILEGALES EN ESCUELAS “ES COSAS DE ANIMALES”

SANTO DOMINGO, RD.- El Estado debe fijar su posición con el impedimento de la ley de Migración que impide que se inscriba a hijos de extranjeros indocumentados en las escuelas, así lo manifestó este martes la exvicepresidenta de la República, Milagros Ortiz Bosch. La también exministra de Educación, expresó que si eso está contemplado en la nueva Ley de Migración puesta a funcionar recientemente por el presidente de la República “es cosa de animales y de irresponsables”.

Significó que en su gestión acudió a la Junta Central Electoral (JCE) a tratar de resolver ese problema, porque según ella, encontró a muchos dominicanos sin actas de nacimientos.

Destacó que un niño no es culpable de ese problema, señalando que esa situación se da en el extranjero y resaltó que “fuera del país existen hijos de dominicanos ilegales y sin embargo estudian”.

Se recuerda que el pasado 25 de mayo, la Dirección General de Migración envió al Ministerio de Educación la resolución 7475, donde indica que desde el primero de junio está prohibido recibir en las escuelas a estudiantes extranjeros que no cumplan con los requisitos legales exigidos.

Entre esos requisitos, figura que deben de portar un visado de estudiante.

Ante esa situación, la ministra de Educación informó que en los próximos días se reuniría con el director de Migración, José Ricardo Taveras, para conversar sobre este tema.

La opinión de la doctora Ortiz Bosch al respecto, es que cuando fue ministra de Educación no hizo cosas irresponsables “y entiendo que para corregir esto hay que organizarse, porque a través del desorden no se va a lograr”.

De su lado, el director de Migración, José Ricardo Taveras, defendió la notificación que le hizo su organismo a los centros educativos del país para que se aseguren del estatus migratorio de los estudiantes extranjeros.

Sin embargo, Edwin Paraison, exministro de los haitianos, consideró de “apresurado” el comienzo del proceso, ya que no se estableció ningún acuerdo con el Gobierno de Haití para agilizar la emisión de documentos, como pasaportes, actas de nacimiento y certificados de antecedentes no penales.

Taveras afirmó que se trata de un mandato de ley que debe ser cumplido por todos los sectores de la República Dominicana.


Aclaró que con la medida no se busca excluir a ningún extranjero de las escuelas y universidades, sino que, por el contrario, se procura “incluir” a todos aquellos que estén en situación legal en el país.

Siga Leyendo...

viernes, 11 de mayo de 2012

UN SECRETO A VOCES

INDOCUMENTADOS
Por Jorge Ramos

Jorge Ramos es periodista, ganador del Trofeo Emmy, director senior de noticias deUnivision Network. Nació en México y es autor de nueve libros de gran venta, el más reciente A Country for All: An Immigrant Manifesto

NUEVA YORK - Llegué a cenar a un restaurante que tiene la reputación de ser uno de los mejores de Manhattan. Pero lo que nadie me había dicho es que casi toda la comida era preparada por indocumentados.

Y eso es algo que los dueños del restaurante, al igual que los mismos inmigrantes, prefieren mantener en secreto. Este restaurante es el mejor ejemplo de lo que mucha gente no sabe sobre este país.

Al llegar, por supuesto, me hicieron esperar a pesar de tener un reservación: una señal inequívoca de que era un lugar de moda. Luego de que se dignaran sentarme, nos dieron un menú a mí y a mi acompañante. Ordenamos nuestra comida y seguimos esperando. De pronto su secreto quedó al descubierto. Los dos muchachos que servían el agua y el pan en las mesas hablaban español. Y también uno de los meseros, quien, ya hacia el final de la noche y con los jefes distraídos, me invitó a la cocina.

Ahí me encontré a una decena de mexicanos, de los estados de Puebla, Tlaxcala yMichoacán, que cocinaban a la perfección el pato, la chuleta de puerco y el branzino del mediterráneo a la sal.

En esa cocina no había un solo norteamericano. Ni uno.

Esto me hizo pensar acerca de los ideales estadounidenses. En la superficie, parece un país que no esconde nada. Ni sus guerras ni sus crisis. Aún queda mucho de la tradición histórica del protestantismo, que premia a quienes dicen la verdad y son transparentes. Sin embargo, basta rascar un poquito esa superficie para darnos cuenta del mundo oculto que permite funcionar a Estados Unidos.

Y contrariamente a lo que muchos pudieran pensar, la crisis económica no ha enviado a millones de norteamericanos desempleados a las cocinas de los restaurantes y a los campos de cultivo. Tampoco a limpiar cuartos de hoteles ni a despellejar pollos. La realidad es que la mayoría de los estadounidenses no quieren hacer los trabajos que realizan los indocumentados porque son los más difíciles y los peor pagados.

El éxito de este restaurante consistía en una imagen de mucha exclusividad y en un talentoso grupo de indocumentados que cocinaban para celebridades, abogados, doctores y nuevos ricos. Pero quien no se haya metido a su cocina, jamás se hubiera podido imaginar esto. Lo mismo ocurre en miles de empresas de Estados Unidos. Lo tienen muy calladito, pero sin indocumentados, muchas industrias no sobrevivirían.

Y, no obstante, obligamos a estos inmigrantes a seguir viviendo en las sombras como ciudadanos de segunda clase, particularmente en lo relativo a la educación. Por ejemplo, una madre desesperada en Nueva Jersey me envió un conmovedor correo electrónico sobre su hijo, quien tras terminar su high school con mención honorífica, no podrá ir a la universidad por ser indocumentado. Hay miles de historias como la suya en Estados Unidos.

Es cruel y absurdo que niños indocumentados puedan asistir a la escuela hasta llegar a la fecha de graduación de la preparatoria, o high school, a pesar de su estatus de ciudadanía, y sin embargo se les niegue la oportunidad de seguir avanzando porque no son elegibles para la mayoría de las becas universitarias o para el pago especial de colegiaturas que reciben los jóvenes estadounidenses de sus estados de residencia. Así que cada año unos 60.000 estudiantes, dedicados pero indocumentados, que desean contribuir al futuro de la nación, están impedidos de pasar a la educación superior. El Dream Act - una legislación que crearía una ruta hacia la ciudadanía para los hijos de los indocumentados - por supuesto podría ayudar a resolver este problema. Pero los demócratas y los republicanos siguen jugando fútbol con la legislación y, al final, ninguno de los dos partidos ha hecho nada.

Todo esto forma parte del mundo oculto que se vive en Estados Unidos. Hay millones de trabajadores y de estudiantes que dan lo mejor de sí mismos para salir adelante y para hacer de este un país mejor. Pero nadie los reconoce. Están escondidos en escuelas, bodegas, fábricas y cocinas.

Estoy seguro de que las sonrisas y bromas en el restaurante al que fui en Manhattan desaparecerían si sus elegantes y poderosos clientes se dieran cuenta que sus suculentos alimentos fueron preparados por indocumentados que viven ocultos, con miedo a ser deportados y separados de sus familias, y en la más absoluta clandestinidad.

Así nada sabe bien.

Si tiene algún comentario o pregunta para Jorge Ramos, envíe un correo electrónico a Jorge.Ramos@nytimes.com
Siga Leyendo...