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martes, 9 de julio de 2013

DISECCIÓN

PLD: ¿PROGRESISTA?
Por Rosario Espinal
rosares@hotmail.com


En un artículo de su autoría titulado “Evolución del PLD”, publicado en el Listín Diario el pasado lunes 1 de julio, el ex presidente Leonel Fernández señaló y refutó que algunos sectores en el país (no identificó cuáles) han planteado a través de los años que “el PLD se desvió de su objetivo inicial de liberación nacional” al participar en los procesos electorales.

Su argumento es que otras fuerzas progresistas de América Latina así lo hicieron a partir de las transiciones democráticas, y fue una buena decisión de su partido hacerlo.

Creo que pocos en el país, fuera de pequeños grupos muy aislados de izquierda radical, hacen tal planteamiento. Lo criticable del PLD si se hace un análisis desde el llamado progresivismo latinoamericano, no es que participe en elecciones, eso lo han hecho prácticamente todas las fuerzas políticas en América Latina después del colapso de las dictaduras, sino su entreguismo a las fuerzas más conservadoras de la República Dominicana que encarnó el balaguerismo.

Después de las elecciones de 1990, denunciada por muchos peledeístas como un fraude contra Juan Bosch, Balaguer inició un proceso de acomodamiento con los congresistas peledeístas. Su gobierno enfrentaba una crisis política, social y económica, y además, buscaba continuar en el poder en medio de la inflación y las movilizaciones sociales que se habían intensificado a fines de la década de 1980.

Para estabilizar su precario gobierno, Balaguer consintió la integración de congresistas peledeístas a posiciones de poder. Norge Botello presidió la Cámara de Diputados en 1990-1993, Danilo Medina en 1994-1995, y José Ramón Fadul en 1995-1996. Leonel Fernández no era legislador y en esa época se dedicaba a las labores intelectuales del partido.

Pero la gran unión del PLD con el balaguerismo ocurrió con el Frente Patriótico de 1996, cuando Fernández había ascendido a candidato presidencial, después de haber acompañado a Juan Bosch como candidato vice-presidencial en 1994.

En 1996, el PRD obtuvo más votos que el PRSC y que el PLD en la primera ronda de la elección presidencial, la primera que se realizaba bajo el sistema de ballotage, pero no suficientes para alcanzar la mayoría necesaria del 50+1. Ahí se afianzó la alianza Balaguer-PLD contra la candidatura presidencial de José F. Peña Gómez, que llevó a Fernández a la presidencia.

El PLD perdió su misión progresista, no por haber participado en elecciones, sino por la alianza macabra que hizo para llegar al poder, y que luego reafirmó a partir de 2004.

Balaguer no fue Trujillo, pero fue el hilo conductor con el trujillismo; Balaguer promovió el desarrollo de una burguesía y pequeña burguesía, pero también utilizó el clientelismo y la corrupción como mecanismos claves para alcanzar y mantener poder; Balaguer no se enriqueció materialmente, pero permitió que otros lo hicieran a cambio de que le profesaran apoyo; Balaguer promovió cambios para que luego nada cambiara y todos sus sucesores se dedicaran a imitarlo y vanagloriarlo.

El abandono de la misión para la que Juan Bosch creó el PLD no es que haya participado en elecciones, sino que después de haber ganado elecciones y gobernado por más de 12 años, no cambiara la forma de hacer política en República Dominicana, manteniendo el clientelismo y la corrupción como columnas de acumulación y apoyo político, y un país altamente desigual y lleno de pobreza a pesar del progreso que circunda el polígono central de Santo Domingo.

Superar esos males era la misión de liberación nacional del PLD cuando Bosch anunció su salida del PRD en 1973 por considerarlo un partido incapaz de impulsar grandes cambios.

Artículo publicado en el periódico HOY


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miércoles, 19 de junio de 2013

DISECCIÓN

20 MILLONES, Y MÁS
Por Rosario Espinal
rosares@hotmail.com


No es el premio mayor de la lotería nacional ni de otra de las tantas apuesta que se realizan en miles de bancas instaladas por toda la geografía para promover la vagancia nacional. 20 millones es aproximadamente la población conjunta de República Dominicana y Haití, dos pequeños países que ocupan una isla de sólo unos 75 mil kilómetros cuadrados, la mitad desforestada y súper-poblada.

De un lado no se vislumbra desarrollo por más ilusiones que se abriguen. Pugnas entre grupos y jefecitos, dictaduras, ocupaciones extranjeras, extenso analfabetismo y pobreza han impedido el despegue de Haití para trillar mejor sendero. Si hay buen arte, lo borró la pobreza; si hay orgullo nacional, lo borró el éxodo; y la propia naturaleza se encargó de remover hasta las raíces con un terremoto que echó abajo mucho de lo que se sostenía. El veredicto de sus propios pobladores es claro, la mayoría quiere irse.

En el Informe de Desarrollo Humano 2012, Haití ocupó el lugar 161 entre 186 países del mundo, y el último lugar entre los países de América Latina y el Caribe; y en la clasificación de desarrollo, Haití es el único país de la región que se coloca en el nivel bajo. Su índice de desarrollo humano en una escala de 0 a 1, medido en términos de expectativa de vida, escolaridad, e ingreso per cápita es 0.456; y el índice de desarrollo humano ajustado por desigualdad es 0.273. Esto significa que en Haití hay bajo nivel de desarrollo humano en general, pero además, muy pocos acceden al bienestar por la desigualdad.

Del otro lado de la isla domina la apariencia de progreso, que es real cuando se compara con el vecino país. La infraestructura vial, los cascos urbanos de confort y los gobiernos estables, adornan la idea de prosperidad dominicana. El país ocupa la posición 96 en desarrollo humano en la categoría media, pero 12 países de los 20 de América Latina, ocupan mejor posición. El índice de desarrollo humano es 0.702, pero cuando se ajusta por desigualdad sólo alcanza 0.51. Mejor que Haití, pero no halagüeño porque el crecimiento económico de medio siglo no ha reducido significativamente la desigualdad.

Muchos dominicanos marcharon al exterior porque los salarios locales no alcanzan para escalar las capas medias. Trabajan en fábricas, servicios básicos, pequeños negocios, prostitución, y unos pocos ocupan mejor posición. Por allá concretizan parcialmente sus sueños y se empeñan en enviar remesas a sus familiares.

Cuando sumamos los dominicanos y haitianos que emigraron a terceros países, la prole de estas dos naciones sobrepasa los 20 millones.

Si República Dominicana y Haití fueran sociedades prósperas, con buenos gobiernos, con una clase empresarial sólida y emprendedora, y creadora de empleos con buenos salarios, los 20 millones no constituirían un gran desafío; pero no es así. En Haití no se vislumbra asidero económico ni político, y en República Dominicana, a pesar del crecimiento y la estabilidad, hay muchas carencias y desafíos.

La clase política dominicana es irreverentemente corrupta, y esto marca la sociedad, no a la inversa. La élite económica es partícipe de los beneficios ilícitos y aprueba la corrupción que imposibilita la racionalidad pública. El pueblo imita o se irrita. El clientelismo acompaña la corrupción y la hace potable a un amplio segmento de la sociedad. La criminalidad es efecto de la corrupción, la pobreza y la desigualdad.

20 millones de habitantes es mucha gente para esta pequeña isla, pobre y desforestada. Tanto incremento poblacional obstaculizará siempre el bienestar. Tanta migración haitiana indocumentada a República Dominicana es una gran irresponsabilidad gubernamental de repercusión social.

Artículo publicado en el periódico HOY
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sábado, 25 de mayo de 2013

DISECCIÓN

BALAGUER: ¿SÍNDROME DE ESTOCOLMO O CONSERVADURISMO?
Rosario Espinal

Socióloga
rosares@hotmail.com


En un artículo publicado el pasado sábado 18 de mayo en el Listín Diario, Matías Bosch recurrió al llamado Síndrome de Estocolmo para explicar por qué 30 por ciento de la población encuestada por la Gallup-HOY en abril dijo que Joaquín Balaguer era el político más admirado.

Quizás el dato resultó inconcebible, y para explicarlo, Bosch utilizó un argumento sicológico. En pocas palabras, el Síndrome de Estocolmo se refiere a un acercamiento emotivo entre opresor y oprimido, y recibe este nombre porque la situación se codificó a partir del secuestro de un banco en Estocolmo donde se produjo una inesperada empatía entre rehenes y secuestradores.

Según Matías Bosch, el pueblo dominicano no ha podido liberarse de la subyugación balaguerista porque no ha hecho la terapia necesaria para superar su síndrome opresivo.

Sin duda, todo régimen político represivo tiene consecuencias en la siquis del pueblo, y así sucedió con el trujillismo y el balaguerismo. Pero recurrir al Síndrome de Estocolmo para explicar la admiración que 30 por ciento de la población expresa por Balaguer presenta un problema fundamental: libera de culpa a actores políticos claves que pudieron haber impulsado grandes reformas y no lo hicieron. Además, el dato no es nuevo, la masa conservadora devota de Balaguer ha estado siempre alrededor de ese porcentaje.

El problema no es la subyugación sicológica del pueblo dominicano por falta de terapia liberadora, sino que cada proceso de inspiración transformadora ha sido boicoteado por los sectores conservadores históricamente afines al balaguerismo, inclusive cuando llegaron al poder los partidos que en el pasado se definieron como anti-balagueristas: ahí están el PRD y el PLD.

Desde 1978, inicio de la apertura democrática, el PRD fue de mal en peor. Inspiró la ilusión democrática, vital para superar la opresión, pero poco después de iniciar gobierno, el descontento y el divisionismo abundaba, y facilitaron así el retorno de Balaguer en 1986. Si el PRD hubiese impulsado un programa económico para sacar el país del atraso y la desigualdad, y hubiese afincado la democracia, otra sería hoy la situación. Luego, en 2002, cambiaron la Constitución al vapor para promover la reelección de Hipólito Mejía y declararon a Balaguer “Padre de la Democracia”.

Con diez años más en el poder, Balaguer congeló todo intento de cambio, pero además, a fines de la década de 1980, el pueblo no tenía resorte político porque el PRD había fracasado.

Luego llegó el PLD, no por votos propios, sino porque el boicot de Balaguer a José Francisco Peña Gómez lo llevó a apoyar al PLD en 1996. El conservadurismo triunfó con el Frente Patriótico y el único líder de masas que ha producido el país murió poco después.

Desde el trono, el PLD hizo del balaguerismo un aliado, y una vez muerto Balaguer, los reformistas fluyeron hacia el gobernante PLD. Leonel Fernández se convirtió en el hombre de confianza de los sectores conservadores, y al igual que el otrora caudillo, promovió el crecimiento y la acumulación sin redistribución. Hizo alardes de constitucionalismo para crear instituciones nuevas que no han traído nada nuevo, y cambió la Constitución con un objetivo central: volver.

El pueblo dominicano no es un rehén aferrado sicológicamente a su verdugo. En República Dominicana hay una élite económica, política y social conservadora, siempre lista para dominar el país, sea con Balaguer, el PRD o el PLD; y hay una masa conservadora que admira a Balaguer. La admiración por Juan Bosch y Peña Gómez, que en su momento representaron el ala política progresista, es 36 por ciento según la Gallup-HOY, pero está dividida, como estuvieron ellos.

Artículo publicado en el periódico HOY.
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jueves, 28 de marzo de 2013

DISECCIÓN

LOS PELIGROS DE LA FARSA DEMOCRÁTICA
Rosario Espinal
rosares@hotmail.com


“La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes” es una expresión de Winston Churchill que hoy se conoce también como: la democracia es la mejor forma de gobierno. Concuerdo.

En América Latina, la democracia ha sido efímera y limitada. De hecho, en los últimos 30 años se ha vivido la experiencia más larga y extendida de sistemas políticos fundamentados en la elección ciudadana de sus gobernantes.

Diversos factores económicos, sociales y políticos explican la escasa experiencia democrática y la naturaleza restringida de los sistemas democráticos en América Latina, y una fundamental es la incapacidad sistémica de reducir sustancialmente los niveles de pobreza y desigualdad.

Es muy conocida la resistencia de los sectores dominantes latinoamericanos a redistribuir riqueza, tanto en regímenes políticos autoritarios como democráticos. El círculo vicioso económico se ha caracterizado por un alto nivel de concentración de riqueza, dificultad para expandir y consolidar la clase media, y amplios sectores populares en condiciones de marginalidad.

Por eso la relación élite-pueblo se ha estructurado en torno a tres modelos fundamentales: regímenes oligárquicos altamente excluyentes y autoritarios de corte militar o civil que dominaron en la región hasta la década de 1970, sistemas de incorporación clientelar y baja movilización social, y regímenes populistas de diferentes coloridos políticos.

Los sistemas democráticos de institucionalidad redistributiva han sido prácticamente inexistentes en América Latina. Costa Rica, y actualmente Chile, son los que más se acercan a este modelo, y Brasil aspira a llegar ahí.

En mi artículo “Danilo no te rajes” publicado en este medio el miércoles 6 de marzo de 2013 indiqué, a propósito de los planteamientos del presidente Medina sobre la Barrick Gold el 27 de febrero, que en República Dominicana no se había producido el fenómeno del populismo tan propio de la historia latinoamericana por el profundo conservadurismo, la alta dependencia externa y la compactada élite.

La crítica de Medina a la Barrick lo coloca en el umbral de una estrategia populista, lo cual no quiere decir que el Presidente la utilice, ya que en República Dominicana no hay tradición populista ni condiciones estructurales favorables para ello.

El populismo es un fenómeno de larga data en la región, mediante el cual gobiernos de distintas orientaciones políticas han apelado al pueblo para gestar procesos de redistribución económica. No es un modelo necesariamente democrático, y en América Latina ha ido de la mano con el personalismo autoritario.

En República Dominicana, el sistema político post-Trujillo se ha estructurado en torno a la redistribución clientelar, tanto en la época más excluyente del balaguerismo de los 12 años (1966-1978), como a partir de la transición democrática de 1978.
Todos los partidos, grandes y pequeños, que han accedido al poder han promovido una redistribución selectiva de recursos para beneficiar grupos favorecidos por el gobierno de turno, sean políticos o empresarios, mientras las grandes masas han permanecido desamparadas y dependen de la cooptación electoral para recibir beneficios.

La naturaleza excluyente y arbitraria de la asignación de recursos públicos hace de la democracia dominicana una farsa, a pesar de que se realicen elecciones y exista libertad de expresión. Esto constituye un serio obstáculo para la construcción democrática.

A diferencia de lo planteado por Eduardo Jorge Prats en su artículo del pasado 15 de marzo en el periódico HOY, el populismo latinoamericano no es fundamentalmente una proclama de algunos intelectuales, ni un rechazo a los derechos que garantiza la democracia constitucional, sino un tipo de respuesta política a la exclusión social en la región. La legalidad no está al margen de la justicia social.

Artículo publicado en el periódico HOY
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lunes, 11 de marzo de 2013

DISECCIÓN

DANILO NO TE RAJES
Por Rosario Espinal


La República Dominicana en su profundo conservadurismo, alta dependencia externa, y compactada élite, nunca ha experimentado el fenómeno del populismo nacionalista tan propio de la historia latinoamericana.

En la época del populismo clásico nacionalista en las décadas de 1930 y 1940, República Dominicana estuvo bajo la opresión de una dictadura conservadora. Trujiillo usó el nacionalismo como resorte para consolidar poder pero no el populismo; desmovilizó y excluyó al pueblo, mientras los populismos nacionalistas latinoamericanos movilizaron las masas para lograr la redistribución de riqueza. Lázaro Cárdenas en México y Juan Domingo Perón en Argentina fueron casos emblemáticos.

A principios de la década de 1960, América Latina vivió la ola del populismo nacionalista revolucionario que encabezó Fidel Castro. El fenómeno tuvo su impacto en República Dominicana pero el golpe de estado de 1963 y la intervención norteamericana de 1965 impidieron sostener un gobierno de base popular. Las fuerzas conservadoras anti-populares se impusieron nuevamente con Joaquín Balaguer de jefe.

En 1978, República Dominicana inició la ola de democratización que se expandió por América Latina, pero desde entonces ningún presidente dominicano ha asumido el populismo nacionalista para emprender cambios. El PRD y el PLD se convirtieron en instrumentos de las élites dominantes, y sus dirigentes, a cambio de servirles, pasaron a degustar las mieles del poder.
En América Latina, sin embargo, hay varios casos importantes de nacionalismo populista. Los más resonantes son Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador.

Esto significa que durante todo el siglo XX y en lo que va del XXI, en República Dominicana se ha impuesto siempre la élite nacional e internacional a expensas del pueblo.

La inmensa migración dominicana al exterior quitó presión redistributiva al sistema económico, y las remesas y el clientelismo político han servido de sustento a muchas familias de capas medias y bajas. Ahora se agrega el narco y micro-tráfico.
La democracia electoral abrió el Estado para que muchos políticos se enriquecieran, y desde principios de la década de 1980, el país ha venido acumulando déficits y endeudamiento. Pero en la medida que la población y sus expectativas aumentan, es más difícil sostener un sistema social caracterizado por la alta concentración del ingreso y la ineficiencia estatal.

Desde la campaña electoral, Danilo Medina prometió mejorar los servicios públicos y estimular la creación de empleos. Para lograrlo necesita muchos recursos y agallas, y para mantener estabilidad macroeconómica, los recursos tienen que provenir de impuestos porque la deuda pública es grande y el FMI espera.

El gobierno le giró al pueblo en octubre pasado con un aumento de impuestos que empeora la redistribución. ¿Le toca ahora a la Barrick Gold aportar?

Es un latrocinio lo que hizo el gobierno de Leonel Fernández con la renegociación del contrato con la Barrick, y que muchos legisladores que aplaudieron efusivamente a Medina del pasado 27 de febrero aprobaran.

Danilo Medina desafió a la Barrick y veremos qué pasa. ¿Irá la empresa a la negociación a hacer concesiones importantes, o se resistirá y Medina tendrá que escalar el populismo nacionalista o recular? Una u otra, habrá implicaciones políticas y económicas distintas.

En América Latina, para redistribuir recursos en sociedades con tanta inequidad como la dominicana, el populismo nacionalista ha sido con frecuencia la fórmula política ante la resistencia de las élites al cambio.

En República Dominicana no hay condiciones políticas ni sociales para que suceda lo de Venezuela, Bolivia o Ecuador, pero algo significativo hay que hacer para revertir la creciente inequidad que empobrece a tantos. Parafraseando aquella canción mexicana: Danilo no te rajes
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miércoles, 30 de enero de 2013

DISECCIÓN

PRD: SI QUISIERAN, PERO NO
Por Rosario Espinal
rosares@hotmail.com


Dicen que querer es poder, y bien caería esta expresión al PRD. Si quisieran, hubiera mediadores para aplacar los ánimos y encontrar un salvoconducto institucional. Si quisieran, ganarían las elecciones de 2016. Si quisieran, mantuvieran fuerte el partido más longevo del país. Si quisieran, ayudarían a afianzar el tambaleante sistema de partidos. Si quisieran, animarían su electorado de 47%.

Pero no, no quieren, y ahí radica el problema del PRD. No quieren porque cada facción ha definido su existencia en función de la aniquilación de la otra. No quieren porque Hipólito Mejía y Miguel Vargas se creen propietarios de la candidatura presidencial. No quieren porque el protagonismo personal sobrepasa el más elemental cálculo de éxito político. No quieren porque han puesto el partido al servicio de sus propios intereses. No quieren porque no tienen nada especial que ofertar.

El PRD dejó de ser porque no fue; dejó de hacer porque no hizo. En 1962 prometió la democracia y se desvaneció. En 1978 prometió la socialdemocracia y se olvidó. En ambas oportunidades Joaquín Balaguer y sus huestes conservadoras estuvieron prestos para deshacer las esperanzas de justicia y libertad que la sociedad dominicana había depositado desde 1962 en el PRD. El 2000 fue la tercera, pero salieron derrotados en el 2004, con el partido y su liderazgo hipotecado en medio de una gran crisis económica-institucional.

Miguel Vargas ha sido el financista del partido, pero para llegar al poder se necesita más que dinero. Hipólito Mejía ha sido el carisma desbordado, pero para gobernar se necesita una meticulosa racionalidad. Ambos copan el liderazgo del PRD y ninguno aporta los ingredientes necesarios para articular el partido, encaminarlo en la oposición, y guiarlo hacia un futuro electoral promisorio. Por eso se acusan, disputan, pelean.

El domingo pasado el conflicto dio un giro significativo. Ya no es solo acusaciones o elecciones amañadas, sentencias acatadas o desacatadas. El pleito fue a sillazos, a piedras y tiros, a empujones y bombazos. Una verdadera irresponsabilidad pública. Los jueces del Tribunal Superior Electoral pueden colgar sus togas; lo que digan tiene poca relevancia. El conflicto es más político que legal, más visceral que racional, y el Tribunal no tiene suficiente legitimidad para cantar verdad.

Las sentencias han favorecido a Miguel Vargas, ¿pero qué hará él con una franquicia partidaria sin energía política y sin su dirigencia histórica? ¿Una empresa contratista del gobierno como hicieron los reformistas con el PRSC? ¿Y qué hará Hipólito Mejía en su agonía por volver al poder sin las legendarias siglas del PRD? Para avanzar en sus objetivos, ambos se necesitan más que los perredeístas a ellos, pero tienen el PRD secuestrado.

La iglesia no es mediación viable porque el PRD es una cruz muy pesada para cargar más allá de semana santa.

Cualquier intento serio de mediación requeriría de mucho tiempo y muchas condiciones. Que la mediación sea legítima y justa para ambas partes. Que Mejía y Vargas acepten encuentros cara a cara. Que se comprometan a respetar los acuerdos establecidos. Que la mediación se mantenga hasta concluir una convención democrática que instale nuevas autoridades con legitimidad para embarcar el partido en la selección de candidatos.

Se me ocurre que la única institución que podría tener interés y capacidad de una mediación larga y compleja es la Internacional Socialista. Si Mejía y Vargas deciden en algún momento someterse a los procedimientos democráticos, que recurran a esta instancia de impronta peñagomista. Si no, seguirá feroz la lucha entre ellos por la insignia del PRD. ¿Y el PLD? Gobernando a sus anchas con el PRD destrozándose.

Tomado de acento.com.do
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lunes, 28 de enero de 2013

DISECCIÓN

TANTOS MINISTERIOS, ALTAS CORTES Y LEGISLADORES
Por Rosario Espinal
rosares@hotmail.com


Cada presidente agrega instituciones y empleados para agrandar la red clientelar que ampara la legitimidad de los gobiernos dominicanos. Danilo Medina cerró algunas pequeñas oficinas, pero dejó el personal para ser reubicado en nuevos programas. Efecto ahorro: probablemente cero.

¿De dónde sale el dinero para costear este Estado abultado? De un pueblo que por más que le digan que la presión fiscal es baja no aguanta, en su mayoría, pagar más impuestos.

Comencemos por los ministerios. En un país pequeño de 10 millones de habitantes hay 21 ministerios. Reducir el número sería una decisión lógica, pero implicaría eliminar personal, y ahí se traba cualquier reforma del Estado Dominicano.

Por ejemplo, no se necesita un Ministerio de Deportes ni uno de Juventud, pero si no lo van a eliminar, podrían fusionarlos. El deporte escolar debe ser responsabilidad del Ministerio de Educación, y el resto de las actividades deportivas que incumben al gobierno son fundamentalmente para jóvenes. Con estos ministerios fusionados se ahorraría con un ministro en vez de dos, seis vice-ministros en vez de 12, la mitad de los vehículos, gasolina, oficinas y directores regionales, secretarias y ayudantes.

Tampoco se necesita un Ministerio de la Presidencia y otro Administrativo de la Presidencia. Deberían fusionarse en un Ministerio de la Presidencia que abarque ambos. Ahí también se ahorraría reduciendo a la mitad muchos gastos.

En conclusión, de 21 ministerios, podrían reducirse a unos 15 que fueran más eficaces y económicos. Si predominara la racionalidad estatal, se haría, pero el clientelismo lo impide.

También deberían fusionarse dependencias del Estado que han crecido como yerba mala. Por ejemplo, la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) que creó Leonel Fernández para la construcción del Metro debe ser una dependencia del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, o estar fusionada con otras entidades públicas destinadas a regular el transporte.

Veamos las altas cortes. La Constitución Dominicana de 2010 creó el Tribunal Constitucional y el Tribunal Superior Electoral en adición a la Suprema Corte de Justicia.

Tener 13 jueces en un Tribunal Constitucional en un país de 10 millones de habitantes es una aberración administrativa. La Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, un país de más de 300 millones de habitantes, tiene nueve jueces. Pero en República Dominicana hay 17 jueces en la Suprema Corte, 13 en el Tribunal Constitucional y 5 en el Superior Electoral (35 en total).

El Tribunal Constitucional lo hicieron gigante para acomodar facciones políticas, y el Tribunal Superior Electoral es innecesario porque habrá elecciones cada cuatro años. Fuera de algunas disputas electorales, los conflictos partidarios de naturaleza legal son mínimos, expulsiones casi siempre como escenifica ahora el PRD, por lo que debió especializarse una corte regular para tratar asuntos electorales cuando fuese necesario.

Todos esos ministerios y cortes tienen un funcionariado de altos sueldos, con vehículos caros, consumo de gasolina, secretarias y ayudantes, quieren edificios remodelados, y además, inventan lujosas pensiones como hizo la Junta Central Electoral.

¿Y qué decir del Banco Central, la Superintendencia de Bancos o el Banco de Reservas? De ahí salen millonarios los altos funcionarios.

Sobre el Congreso basta indicar que un sistema unicameral como tienen los países centroamericanos hubiese sido suficiente y más económico. Pero la nueva Constitución Dominicana aumentó (en vez de reducir) el número de diputaciones para acomodar más políticos, y mantuvo intacto el Senado. El número de provincias y municipios es también excesivo y agranda la nómina pública.

El pueblo dominicano no puede seguir costeando con más impuestos este abultado Estado para que un grupo se convierta en clase privilegiada por sus vínculos políticos.

Tomado de acento.com.do
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domingo, 20 de enero de 2013

DISECCIÓN

PRD: UNA VERGÜENZA NACIONAL
Por Rosario Espinal


La expulsión de Hipólito Mejía y Andrés Bautista, y la suspensión de Orlando Jorge Mera y Geanilda Vásquez eran sentencias esperadas. En la lucha fratricida del PRD, cada bando intenta rematar al otro para surgir triunfante.

La facción que lidera Hipólito Mejía se equivocó al sancionar a Miguel Vargas poco después de concluir el proceso electoral de 2012 sin contar con aval jurídico suficiente. Ahora se equivoca Miguel Vargas al expulsar o sancionar a sus opositores. El Tribunal Superior Electoral impidió la sanción de Vargas y le dejó la presidencia del PRD, ¿impedirá el Tribunal ahora la sanción de Mejía y compartes?

Desde hace mucho tiempo, en el PRD no funcionan las instancias partidarias de decisión y control; por tanto, no hay fiscal ni tribunal disciplinario con legitimidad para proceder a sancionar a nadie, y mucho menos cuando los sancionadores y sancionados pertenecen a facciones políticas opuestas que buscan aniquilarse una a otra. No hay un gran líder para mediar y no hay mecanismo democrático confiable para dirimir diferencias.

Lo que sí hay en el PRD es un gran déficit de inteligencia política. Miguel Vargas tiene un déficit de carisma y de formación política, e Hipólito Mejía tiene un déficit de racionalidad política. No obstante, ambas figuras se creen con capacidad para impulsar un renacer perredeísta y llevar el partido a un triunfo electoral. Como no pueden armonizar estrategias ni consolidar fortalezas, se pelean y buscan la aniquilación total. El espectáculo adquiere ya características patéticas.

Miguel Vargas tiene la presidencia legal del PRD pero carece de legitimidad política para ejercer eficazmente sus funciones. Muchos en la dirección y las bases perredeístas le imputan no haberse integrado de manera genuina a la campaña electoral de 2012. Su liderazgo comprado ha quedado debilitado.

Proceder ahora con la expulsión y sanción de los dirigentes opuestos es agudizar un conflicto sin perspectiva de resolución con mecanismos políticos legítimos. Por eso Vargas comete un error al promover juicios disciplinarios con montaje de mal teatro.

Asumir que eliminar temprano una parte importante de la dirección del PRD dará al partido la posibilidad de levantarse con tiempo suficiente antes de las elecciones de 2016, es un cálculo peregrino de la facción de Vargas. El PRD es una vejiga inflada que se desinfla de cualquier pinchazo.

Además, la expulsión o sanción de Mejía y compartes los puede convertir en víctimas, y como sucede con frecuencia en política, las víctimas tienden a recibir de la sociedad un tratamiento balsámico. Por eso, en vez de hundirlo, al cuquearlo, Vargas podría impulsar un renacer político de Hipólito Mejía, por lo menos ante las masas donde prima la emoción política.

El PRD se ha convertido en una vergüenza nacional por más de una razón. Es el partido más antiguo pero el que menos ha gobernado de la trilogía. Tiene más base leal que cualquier otro pero no las convoca para impulsar cambios importantes ni hacer oposición. Era el más progresista del sistema pero abandonó en cada ocasión las luchas sociales. Cuenta con más líderes conocidos a nivel nacional, pero es incapaz de encontrar una forma democrática de autogobernarse. Ha sido el más participativo pero no logró institucionalizar la democracia en el partido ni en el país. Como siempre, es degradado desde dentro y desde fuera.

El PRD es una reliquia maltratada de la política dominicana que ha perdido valor como antigüedad y como novedad. Sus líderes no inspiran; atemorizan o desconciertan. Su historia se diluye en episodios negativos, y su presente no hilvana un futuro de esperanzas para el pueblo dominicano.

hoy.com.do
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jueves, 27 de diciembre de 2012

DISECCIÓN

LOOR, DISFRUTE
Por Rosario Espinal


Disfrute, sobrevivimos el 21 de diciembre, se acerca 31, no hay problemas, o no muy grandes, o nada insoluble. ¿El gobierno? Bien gracias, en estos días reparte cajas, dicen que sin caras, para evitar confusión de quién realmente manda.

Mire alrededor: gente feliz, cielo y mar azul, edificios que se elevan como un haz de luz, amplias avenidas, túneles y elevados, Metro con subterráneos, líderes clarividentes, educación y salud de calidad, presupuestos balanceados, deuda pública baja, inversionistas emprendedores, buenos salarios, baja delincuencia, policías honestos, electricidad y agua potable para todos, y no hay basura mal oliente. ¿Qué más quiere la gente?

Loor a los alcaldes, gobernadores, legisladores, ministros, al presidente (el de ahora y los anteriores).

Los problemas están en Europa, en Estados Unidos, en el Medio Oriente (por eso llegó un emisario tropical), en el lejano Oriente, en África o en América del Sur. Aquí no. Este país está blindado, los gobernantes nos libran de todo mal; siempre atentos, siempre dispuestos, siempre entregados a las mejores causas del pueblo dominicano.

¿Qué unos cuantos desquiciados han estado protestando? Ignoren semejante disparate. Fueron engañados, manipulados o pagados; son mentirosos y envidiosos; se esconden en las redes sociales, los instiga la llamada sociedad civil, los intelectuales, o los raquíticos políticos de la oposición que no representan a nadie.

El gobierno es bueno, de servidores públicos honestos, honrados, transparentes y eficaces. Así lo testifican los informes de Transparencia Internacional y el Índice de Competitividad Global, donde República Dominicana ocupa los primeros lugares de excelencia junto a los países escandinavos.

No preste atención a los críticos ni a las críticas, abra sus ojos y oídos, escuche los que defienden la magna obra del gobierno. Ellos propagan la verdad por radio y televisión, en papel o internet.

Si se entera de un atraco, de dos o tres, de cuatro o cinco, son falsos, se lo buscaron las víctimas, o quizás fue la casualidad, o una simple mala suerte, o una trama para que destituyan el jefe de la policía, o una campaña en contra del gobierno. Aquí la violencia es mínima, y si ha aumentado, es culpa de misteriosos aviones que llegan de tierras lejanas y escapan a la inspección de las dignas autoridades dominicanas.

Porque los militares y policías son eficientes y honestos, viven de un sueldo justo como manda la ley, nunca cobran comisiones ni se enriquecen ilícitamente. Igual sucede con los jueces y fiscales. Todo el sistema judicial brilla por su anuencia, no hay propinas ni sobornos, solo que las altas cortes quieren locales con aire acondicionado y buenos baños.

Si a usted no le alcanza el dinero, no se queje. Busque otro trabajo, no malgaste, o tómese un traguito para olvidar sus penas. En este país los impuestos son muy bajos; ya lo dijo el gobierno y el FMI. Créale y pague contento más impuestos a partir del día primero; serán utilizados para el bienestar de todo el pueblo dominicano.

¿Qué hubo un déficit fiscal? No se preocupe, déficit fiscal hay dondequiera, pero aquí nadie robó ni malgastó.

¿Qué la gasolina está cara? No ombe. ¿Qué no hay luz? Pero cómo dice semejante barbaridad si hay cobertura total a precio de ganga.

En este fin de año, prenda su arbolito lleno de bombillitos cortesía de las edes y dé su bailadita. Traigo una Trulla para que te levantes, esta trulla está caliente esta trulla está que arde… Volvió Juanita y dijo que no volvía, volvió con una maleta cargada de lejanía… De las montañas venimos… Inocente mariposa.
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jueves, 13 de diciembre de 2012

DISECCIÓN

¡BASTA YA!
Por Rosario Espinal


Son 50 años de intentos que en cada ocasión se frustran, tronadas democráticas que siempre mueren en el anhelo. Que hay más libertad de expresión, sí. Que es una conquista vital, sin duda. Pero muchas malas mañas se han mantenido y expandido en esta tierra de despojos económico y político. Un Estado expoliador, un empresariado súper explotador, una población sedienta de justicia y progreso pero acostumbrada a la dádiva y la conformidad.

El experimento con Juan Bosch en 1962-63 naufragó, y ahí vino otra era de terror orquestada por el otrora titiritero, como si 31 años de Trujillo no hubiesen sido suficientes para que el pueblo dominicano se sacudiera de la opresión.

Fracasó el PRD de la transición, y en 1986 volvió el mismísimo titiritero. Diez años más para que sus seguidores siguieran desfalcando el Estado y robando elecciones. Las protestas crecieron en aquellos años de crisis económica, pero el fin de Balaguer llegó mucho después, en 1996, por una gran presión nacional e internacional.

Languideció pero no murió de una vez. Maquinó, pactó, escogió, y el país se enfiló nuevamente por la embobada opción de una supuesta modernidad. El 1996-2000 fue un caramelo de entretenimiento; un ensayo de novatos que vendrían a dominar luego con viejas mañas.

En el ínterin llegó el ciclón de Hipólito Mejía. Otro fracaso del PRD y de la nación dominicana. Desparpajo verbal, ineficacia institucional, y una gran crisis financiera con bancos desfalcados y quebrados. Un intento absurdo de reeleción cerró ese desafortunado episodio.

El 2004-2012 es una obra de realismo mágico dominicano. Crecimiento económico y relativa estabilidad macroeconómica, combinada con un acelerado proceso de endeudamiento público subsidiado con un constante aumento de impuestos.

E’palante pa’ca y e’palante pa’lla. Túneles por aquí y Metro por allá. Las medallitas de oro abundaban y el pueblo embobado las miraba. Enriquecimiento al vapor para algunos afortunados.

El más reciente fuetazo impositivo rebozó la paciencia de los jóvenes. Con menos ataduras clientelares, ellos han llevado la voz cantante en esta catarsis nacional de indignación. Porque resulta que los únicos blindados del pago por el derroche de 2012 son los funcionarios del gobierno y sus allegados. Ellos reciben beneficios a cambio de mostrar poder soberano.

Ensimismados en su espejismo de progreso y bondad, los beneficiarios ven conspiración donde hay legítima denuncia, trama donde hay quejas válidas. Para ellos, en el país casi todo anda bien. Quien se queja es malsano, tiene un plan macabro, busca hacer daño, es manipulado, o no tiene validez para hablar.

En esta catarsis dominicana de las últimas semanas hay velas, pancartas, tweets, juicios populares, concentraciones y denuncias. Hay juventud, sangre nueva, ilusión, utopía.

Salen a enfrentarlos los mismos soldados del pasado, comandantes del viejo titiritero, los que no imaginan una mejor democracia para República Dominicana porque todo esfuerzo de enrumbar el país por mejores senderos los dejaría aniquilados por la historia.

A la teoría de la conspiración que expresan en cada declaración o en cada artículo periodístico, agregan ahora rezos pueblerinos que en un cántico democrático no podrán llegar a los oídos de la divinidad porque es tiempo de que en República Dominicana triunfe la justicia y la decencia.

Basta ya de arrogancia e indiferencia gubernamental. Basta ya de que tantos dominicanos y dominicanas no tengan acceso a los bienes más indispensable de la vida. Basta ya de que muchos funcionarios se erijan en sujetos de poder vitalicio con excesivo acceso a los bienes públicos. Basta ya de tanta delincuencia de Estado y callejera que corroe el alma más noble del pueblo dominicano
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miércoles, 12 de septiembre de 2012

DISECCIÓN

GARATA POR LOS SALARIOS: ¿AL ZAFACÓN LEGISLATIVO?
Por Rosario Espinal

La garata que generó la observada Ley de Salarios fue digna de contemplación con perplejidad. Por largo tiempo se ha dicho que en el Estado Dominicano hay ineficiencia, derroche de recursos, malgasto, muchas botellas, y que los salarios varían de institución en institución sin razones válidas que expliquen la discrepancia.

El proyecto de Ley de Salarios provino del Ministerio de Administración Pública, después de análisis y supuestos acuerdos, así que era de asumirse que la pieza sería aprobada a pesar del forcejeo.

Pero no. Los afectados sacaron dientes y uñas en defensa de sus beneficios. Utilizaron diversos argumentos en comunicados y declaraciones, desde la autonomía constitucional hasta pagar bien para no robar.

Los principales opositores a la propuesta Ley de Salarios fueron los mismos que han adquirido una posición privilegiada en la administración pública: Banco Central, Superintendencia de Bancos, Dirección General de Impuestos Internos, entre otros.

Fue tal la garata en las últimas semanas del gobierno de Leonel Fernández, que el Presidente del Tribunal Constitucional criticó la propuesta ley, violando el protocolo de su investidura que le impide hablar libremente al público ante un asunto que puede llegar a su instancia.

Se sabe que en el Estado Dominicano hay paraísos terrenales. Instituciones donde se respira modernidad burocrática, son altos los salarios, hay buenos beneficios, se trabaja con aire acondicionado, y hay papel higiénico en los baños. Esta es la aristocracia de la administración pública, mientras la mayoría de las oficinas carecen de tales condiciones.

Sin duda, un Banco Central fuerte e independiente es fundamental para la estabilidad económica. Pero ojo: ¿son los recursos del Banco Central privados? Ante la crisis financiera de 2003-2004, ¿quién pagó por los platos rotos que en gran medida fue producto de la inadecuada supervisión bancaria? Pagó el pueblo dominicano con inflación, devaluación, pobreza y aumento de impuestos.

Si se argumenta como hicieron algunos que un técnico del Banco Central debe ganar bien porque ha sido capacitado para sus funciones, ¿no debería decirse lo mismo de los maestros, los médicos o los policías?

Las Altas Cortes, ah sí, necesitan independencia para emitir sus sentencias con objetividad, apego a la ley, y en base a las evidencias. ¿Pero quiere decir esto que pueden establecer salarios a su antojo?

¿Y el Congreso? Hace las leyes y se considera inmune a todo lo que no le gusta.

Una cosa es la independencia para realizar las funciones, y otra es contar con un esquema general de salarios racional y justo en la administración pública.

Todas las instituciones del Estado reciben sus recursos del Presupuesto Nacional, por tanto, la supuesta autonomía financiera que contempla la Constitución para algunas entidades es una falacia.

Si la Ley de Salarios no puede incluir ni al Poder Legislativo, ni a la Suprema Corte de Justicia, ni al Tribunal Constitucional, ni a la Junta Central Electoral, ni al Tribunal Superior Electoral, ni a la Cámara de Cuentas, ni al Banco Central, ni a la Superintendencia de Bancos, ni a INDOTEL, ni a la Dirección General de Impuestos Internos, entonces que no se apruebe.

El Estado Dominicano no debe seguir dividido entre aristócratas y plebeyos como está ahora. ¿Para qué aprobar una ley que mantenga la misma división?

En este país, donde tantos quieren vivir con sueldos altos, yipeta, gastos de representación y jugosas pensiones (todo a costa del pueblo), sucede con frecuencia que cualquier intento de organizar la administración pública se vuelve un tollo.

Así sucedió con la propuesta Ley de Salarios que, en la víspera del cambio de gobierno, fue tirada al zafacón legislativo.
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miércoles, 29 de agosto de 2012

DISECCIÓN

¿ERA LEONEL FERNÁNDEZ EL PROBLEMA?
Por ROSARIO ESPINAL


Esperemos que en los próximos 100 días no aumenten impuestos

Dicen que la esperanza no debe perderse, y en eso cifran muchos dominicanos su optimismo cuando llega un nuevo presidente al Palacio.

Ha sido harto repetido el eslogan de campaña con el cual Danilo Medina buscó congraciarse con Leonel Fernández, y a la vez, generar expectativas de cambio en una sociedad cansada del PLD y sin alternativas creíbles.

Ante la perplejidad general con la ratificación de muchos altos funcionarios, una de las interpretaciones más socorrida es que con un nuevo director, la orquesta tocará mejor. ¡Espere la función!

Al escuchar este cántico, imagino que Leonel Fernández soltará carcajadas, o quizás se haya molestado, porque si el argumento anterior es correcto, entonces el culpable de los males era él.

La revista The Economist, citada a veces por el gobierno dominicano cuando le conviene (no ahora), publicó recientemente un artículo titulado: “El turno de Medina: ron nuevo en botellas viejas” (en inglés, “Medina’s Turn: New Rum in Old Bottles”). La interrogante central del artículo es la misma que ha circulado en la sociedad dominicana desde el 16 de agosto: ¿puede Medina impulsar los cambios prometidos con los mismos funcionarios?

Algunos son nuevos, es cierto, pero no tienen poder en la estructura del PLD y serán secundarios a los comandantes del Comité Político. Además, y muy preocupante, es que algunos de esos nuevos funcionarios fueron los encargados de buscar dinero para sostener las campañas de Medina, entonces: ¿han ido al gobierno a ganar suelditos y a coger lucha apagando luces y aire acondicionados por los déficits acumulados? ¡Por favor!

Ah, y no olvidemos a los campeones de la política dominicana. Me refiero a los jefes de partiditos aliados que repiten en sus cargos. ¿Qué incentivos tienen estos funcionarios para impulsar buenos cambios? Su vínculo con el Estado es de lechero: ordeñar para su parcelita, así de craso.

Han pasado ya dos semanas de la toma de posesión y la estructura de funcionarios gubernamentales es prácticamente la misma de Fernández: miembros del Comité Político y el Comité Central, jefes de partidos aliados, y figuras del sector externo que sostuvieron económicamente a Medina. Si este equipo corregirá lo que está mal y hará lo (bueno) que nunca se hizo, entonces Danilo Medina será un mago.

Cuando aumente la frustración con lo que siempre se ha hecho se dirá que hay que esperar 100 días para emitir juicios. ¡Fabuloso calmante! Tómelo.

Mientras tanto, esperemos que en los próximos 100 días no aumenten los impuestos a las capas medias y bajas. Que los funcionarios repitientes a cargo de la Policía impulsen una buena reforma para mejorar la seguridad ciudadana. Que la Comisión de Ética (ahora Dirección) devele los corruptos (¿por qué será que sólo le cambiaron el nombre a esa institución?). Que el Ministerio Público defienda verdaderamente los intereses públicos. Que se destinen los recursos prometidos a la educación sin un gancho impositivo y se impulse una reforma del sistema educativo. Que no domine la politiquería y el robo en el sistema eléctrico, ojalá, ojalá.

Cuando pasen los 100 días, si no hay primicias de los cambios prometidos, entonces los voceros del gobierno dirán que debe esperarse cuatro años para emitir un juicio final.

Para entonces, si Danilo Medina corrige lo que está mal y hace lo que nunca se hizo, quedará comprobado que el problema era Leonel Fernández. Si no, Medina caerá en la lista de presidentes sin voluntad para corregir lo que está mal y hacer lo bueno que nunca se hizo. ¿Qué será, será? El tiempo te lo dirá. ¿Qué será, será?
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miércoles, 22 de agosto de 2012

DISECCIÓN

EUFORIA DE UNA HORA
Por ROSARIO ESPINAL

El dominicano es un pueblo forjado para la esperanza efímera

El 16 de agosto, Danilo Medina tenía dos grandes retos: pronunciar un buen discurso y nombrar un buen gabinete.

El discurso tuvo excelente recepción. Pasó con notas de honor. Corto de verbo, Medina compensó la presentación con gesticulaciones de sinceridad, con palabras de aliento a un pueblo sediento de cambios buenos, con reafirmación de sus promesas de campaña, con la oferta de un 4% que apenas esa mañana parecía una quimera, con el llamado a la ética pública y el látigo para los corruptos, con la asonada de un manos a la obra.

La euforia se sintió en canales de televisión, en las redes sociales, en los hogares y calles. Hay gente que incluso me dijo que lagrimeó.

El cambio seguro prometido en campaña se transformó de repente en un grito de cambios profundos que desde hace mucho había desaparecido de la discursiva política. El giro de un modelo económico de varilla y cemento a la inversión en la gente convocaba: educación, salud, equidad de género, financiamiento accesible a pequeños y medianos empresarios, etc.

El Danilo Medina trabado en lengua a principios del discurso se transformó en sujeto animado y animador mientras transcurría la disertación. Los asistentes, tímidos de aplausos al principio quizás por la presencia de su antiguo jefe, se entusiasmaron cuando vieron al nuevo capitán motivado y dando lo mejor de sí para comunicar un sueño de progreso.

Sus párrafos dirigidos a las mujeres alentaron la esperanza de que por primera vez un presidente dominicano tuviera las agallas de colocarlas en el sitial merecido de las altas funciones públicas. Sus quejidos internos al hablar de pobreza y desigualdad social parecían diseñados para copar la administración de funcionarios entregados a una gran causa.

Pero no, el dominicano es un pueblo forjado para la esperanza efímera. La euforia del discurso duró aproximadamente una hora; el tiempo que tomó movilizar tanta gente importante del Congreso al Palacio.

Comenzaron los decretos de nombramientos y caían chorros de agua helada.

Ah, que quede claro, el Presidente tiene absoluta potestad para nombrar sus funcionarios, pero el pueblo tiene absoluta libertad para sentirse frustrado. Hubo alegría y rabia, esperanza y desesperanza. Todo en apenas las primeras horas de la tarde.

Cuando pasaron al Tedeum a ser santificados por el jerarca de la iglesia católica, ya una gran parte del pueblo había emitido su veredicto político sobre los nombramientos: “más de lo mismo”.

No recuerdo en la historia política dominicana haber visto en tan poco tiempo un giro tan grande en el estado de ánimo de la gente. La euforia se transformó en perplejidad y la alegría en desconsuelo o rabia. Danilo Medina perdió en unos minutos el capital político que había ganado con su discurso.

Luego vinieron las justificaciones: esos funcionarios lo llevaron al poder, los impuso el Comité Político, está atado, hay que darle tiempo, un buen director puede tocar mejor música con la misma orquesta. Vaya usted a saber.

No voy a emitir juicios aquí sobre los nombramientos específicos. Creo que hay buenos y malos, pero mi opinión al respecto es irrelevante.

Lo que quiero resaltar por la importancia para la gobernabilidad democrática es que Danilo Medina y el Comité Político deben entender que un tercer gobierno consecutivo del PLD comienza cansado, y muchos que votaron por ellos ni siquiera lo hicieron con entusiasmo sino por miedo al contrincante.

Por eso el presidente Medina debe administrar mejor los desencantos. Una hora de euforia fue muy poco tiempo para un discurso inspirador y con promesas de transformación que debió cosechar mejores frutos emotivos.
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lunes, 13 de agosto de 2012

PROMESAS HAN HABÍO...

¿TIENE DANILO MEDINA LAS AGALLAS?
Por ROSARIO ESPINAL

La población cree que la corrupción es generalizada

Prometió continuar lo que está bien, corregir lo que está mal y hacer lo que nunca se hizo. Pero no sabemos con certeza qué va a continuar, qué va a corregir, y qué hará que no se ha hecho. Promesas hizo como todo candidato en campaña, y ya anunció que los cambios no vendrán tan pronto como esperaba. ¿Ave de mal agüero? ¿Otro traicionero?

No es la primera vez, ni será la última, que un candidato promete lo que no cumple. Pero de incumplimientos se cansa la gente y se abate un pueblo. Ahí estamos.

Un tercer gobierno consecutivo del PLD tiene un mal de entrada: mucha gente está cansada. Más que esperanzas, el triunfo electoral se debió al efecto combinado de la unidad del PLD, el uso de recursos públicos en campaña, la división del PRD y el miedo que generaba su candidato.

Los problemas principales del país son claros.

La población tiene bajo nivel educativo. El promedio de escolaridad no alcanza el octavo curso de primaria aunque todo el mundo ande con un celular en mano. Se necesita mayor calidad en la formación y más recursos. La educación es cimiento para una mejor economía y una mejor democracia. ¿Tendrá Medina las agallas de transformar el sistema educativo?

La electricidad es el eterno retranque de la economía dominicana. Depende mucho del petróleo en un país no petrolero. La estatizan y la privatizan como si fuera un juego populista. Muchos no la pagan aunque tengan aire acondicionado. Otros llevan la carga de los que no pagan. Y mientras tanto, el gobierno subsidia y subsidia. ¿Tendrá Medina las agallas de poner en orden este sistema de ineficiencias e injusticias?

La delincuencia se ha tornado un espectáculo de desconsuelo. Si no es un atraco es un feminicidio, si no es el micro es el narco, si no arrebatan una cartera arrancan una cadena. Ocurre en todo el mundo, así es, pero mal de muchos consuelo de tontos. La policía quiere más poder para enfrentarla, pero resulta que entre los delincuentes figuran también los agentes. ¿Tendrá Medina las agallas para adecentar la policía, la justicia, y mejorar las condiciones de vida, únicos remedios para combatir la delincuencia?

La corrupción, ¡oh mal eterno! No se sabe con certeza cuántos son ni cuánto cogieron, pero la gente cree que la corrupción es generalizada. Por eso un puesto en el gobierno es muy codiciado; en época de servicio no estamos. Prima la moral de la vista gorda: se roba ahora bajo el lema de que antes lo hicieron otros (o los mismos). ¡Que actúe el Ministerio Público! Es el mayor chiste en boca de un alto funcionario. La única solución creíble y con posibilidades de éxito es la destitución inmediata cuando el Presidente confirme trampa. ¿Tendrá Medina las agallas para destituir todo funcionario que se pesque robando o traficando?

Un presidente tiene gran poder para hacer cambios, y sobre todo, para dar ejemplos e inspirar optimismo. La sociedad dominicana está ávida de cambio, de cambios positivos, pero también entiende que no todos los cambios son posibles de inmediato, o al mismo tiempo. Lo que sí se puede es mostrar una señal de cambio y ser consistente con la esperanza. De ahí deviene la acción transformadora que todo buen gobernante busca impulsar a favor del pueblo.

El país requiere un presidente con agallas para emprender grandes tareas pendientes desde siempre, cambios necesarios para gestar una patria digna, para corregir lo que está mal y hacer (lo bueno) que nunca se hizo. ¿Tiene Danilo Medina las agallas?
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lunes, 30 de julio de 2012

CLIENTELISMO Y CRIMINALIDAD NOMÁS

LEONEL FERNÁNDEZ Y SU GENERACIÓN
Por Rosario Espinal

Leonel Fernández pertenece a la generación del 70, aquella que llegó a la adultez juvenil durante los 12 años de gobierno de Joaquín Balaguer.

Es la primera generación que podría llamarse post-trujillista, aunque parte de la infancia la viviera bajo la dictadura. Encarnó la democracia como derecho, idea que provenía de las luchas heroicas anti-trujillistas.

Es una generación de capas medias formadas en las aulas universitarias, conocedora de la derecha balaguerista, la izquierda marxista y las terceras vías; del capitalismo y del comunismo; de la reforma y la revolución.

Fue la primera generación con rasgos marcados de laicismo político, con grandes expectativas de movilidad social, y con la firme creencia de que la transformación era posible mediante la lucha democrática.

Si en la historia dominicana ha existido una generación con el ideal y el camino allanado para impulsar grandes cambios democráticos, es ésta.

Leonel Fernández fue el primero de su generación en llegar a la Presidencia de la Republica. Eso generó expectativas de cambio cuando en la campaña de 1996 prometió un “nuevo camino.”

Pero el gobierno de Fernández nació infestado en 1996. El triunfo sobre José Francisco Peña Gómez se produjo con la ayuda de Balaguer. Así lo reconoció el mismo Fernández cuando declaró que si los peledeístas no entendían la derrota del 2000, tampoco entendían la victoria de 1996.

Llegar a la Presidencia de la mano de Balaguer castró la promesa boschista de liberación nacional. No obstante, en 1996-2000, Fernández encabezó un gobierno que intentó algunas reformas institucionales, sobre todo en el mejoramiento de algunos servicios públicos. Balaguer, por su lado, mantuvo las huestes reformistas contenidas para que siguieran apoyándolo en futuras repostulaciones, aún a la esquina de la tumba.

La fallida administración del PRD en el 2000-2004 y la muerte de Balaguer en 2002, abrieron la compuerta nuevamente a Leonel Fernández. Regresó a la presidencia con el PRD y el PRSC en declive. Sin embargo, Fernández no aprovechó ese vacío de poder para impulsar reformas que contribuyeran a gestar una sociedad más justa, más igualitaria, más solidaria, menos corrupta y menos clientelar.

Por el contrario, se empleó a fondo en el 2004-2012 para mantener vivos los sectores más conservadores y clientelistas de la sociedad dominicana, que en el post-trujillismo se articularon en torno a Balaguer.

La masa votante balaguerista era vital para el PLD convertirse en un partido electoralmente competitivo, y para lograr ese apoyo, Fernández reintegró muchos dirigentes reformistas al sistema clientelar. El PLD, por su parte, abandonó la mística de servicio y se convirtió en un partido arribista y oportunista.

Durante su gestión, Fernández impulsó una política de estabilidad macroeconómica con inflación y devaluación moderadas, y un amplio proyecto de construcción de obras sobre todo en el Gran Santo Domingo. Esto se erigió con grandes empréstitos, poca transparencia en las concesiones, y en desmedro de la inversión pública social.

La economía dominicana volvió a crecer, pero la riqueza generada se concentró arriba porque los salarios de la mayoría se mantuvieron deprimidos y los servicios públicos de baja calidad.

Con esta ecuación económica, el terreno siguió siendo fértil para el clientelismo, la corrupción y el personalismo, coordenadas históricas de la política dominicana que Fernández no tuvo voluntad para cambiar en 12 años de gobierno.

Con gran habilidad política, Leonel Fernández extendió y afianzó una democracia clientelar que cortocircuita la posibilidad de un real avance democrático en República Dominicana.

Las pinceladas de modernidad urbana de su Nueva York chiquito se asientan en una sociedad de bajo nivel educativo, poca competitividad económica, alto desempleo y subempleo, y mucha criminalidad.
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jueves, 14 de junio de 2012

LO RARO ES QUE EL PRD NO SE HAYA HECHO TRIZAS

PRD, ¡CUÁNTOS ERRORES!
Por Rosario Espinal

A pesar de todos los errores que el PRD ha cometido desde el poder y fuera, el partido mantuvo con José Francisco Peña Gómez cierta capacidad de arbitraje para dirimir conflictos internos.

Al morir Peña Gómez, con el deseo truncado de llegar al poder por la confabulación de la derecha dominicana, el electorado regaló al PRD tres triunfos electorales consecutivos: en 1998, 2000 y 2002. Fue una especie de venganza contra Balaguer y contra el PLD derechizado.

Sin embargo, desde el año 2000, los perredeístas han desaprovechado cada oportunidad para consolidarse como partido y como gobierno.

Primer error: en 2000-2004, el PRD malgastó una oportunidad brillante para afianzarse como ente de racionalidad estatal: Balaguer murió y el PLD era todavía un partido minúsculo. Pero Hipólito Mejía promovió un gran mercado clientelar sin racionalidad gubernamental que contribuyó a agudizar la crisis económica de 2003-2004.

Segundo error: en el contexto de desasosiego y orfandad que quedó el PRD después de la derrota electoral de 2004, Miguel Vargas gestó un liderazgo financiero-corporativo que mantuvo viva la organización, pero sin suficiente energía política. Aumentaron el caudal de votos entre 2006 y 2012 sin lograr la construcción de una mayoría electoral.

Tercer error: el llamado Nuevo PRD era también eminentemente conservador, y mantuvo alejada las fuerzas progresistas dominicanas, sin las cuales es muy difícil que el PRD gane elecciones.

Cuarto error: como Vargas no lograba afianzar su liderazgo en el partido a pesar de la gran inversión económica que hizo, necesitó la ayuda de Leonel Fernández para ascender como jefe del perredeísmo. Fernández necesitaba que Vargas firmara el pacto de la reforma constitucional para darle legitimidad, y Vargas necesitaba la antorcha para alcanzar rápidamente la presidencia del PRD. Aquí los perredeístas confundieron coyuntura con liderazgo.

Quinto error: con el pacto para la reforma constitucional de 2009, conocido como el pacto de las corbatas azules, que estableció la reelección no consecutiva, Miguel Vargas rehabilitó electoralmente a las dos principales figuras políticas del país: Leonel Fernández e Hipólito Mejía. Ambos le han dado con mandarria.

Sexto error: con la presidencia del PRD en manos, Vargas pensó que podía disponer a diestra y siniestra de los cargos y se ganó enemigos internos. El caso más relevante fue desplazar a Guido Gómez Mazara y a Tony Peña Guaba de las posiciones directivas a que aspiraban.

Séptimo error: bajo un democratismo sin institucionalidad, el PRD realizó primarias semi-abiertas. Miguel Vargas pensó que tenía los cabos atados para triunfar pero Hipólito Mejía ganó. El gobierno pescó en la contienda.

Octavo error: ni Hipólito Mejía ni Miguel Vargas tenían muchas posibilidades de ganarle a un PLD unificado, aunque las encuestas dijeran lo contrario a mediados de 2011. En vez de buscar una candidatura alternativa, atractiva y menos contaminada, ambos insistieron en ser precandidatos.

Noveno error: muchos perredeístas asumieron que ganarían las elecciones de 2012 por el descontento acumulado con el gobierno, y porque Leonel Fernández no daría su apoyo entusiasta a otro candidato peledeísta. Sin embargo, Fernández se empeñó a fondo en la campaña para dejar su partido y aliados en el poder.

Décimo error: como presidente del PRD, Miguel Vargas debió integrarse a la campaña. Así hubiese afirmado su poder en el partido si el PRD perdía, o hubiese ganado dinero si el PRD triunfaba. Con la derrota, tiene ahora una presidencia legal con legitimidad cuestionada, y un amplio segmento del partido en su contra.

La guerra abierta por el control del PRD que se escenifica en estos momentos será muy desgastante para el partido y tiene un claro beneficiario: el PLD.
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jueves, 7 de junio de 2012

TREMENDA NEGLIGENCIA

PRESIDENTE ELECTO: ¿Y LAS MUJERES, DÓNDE ESTÁN?
Rosario Espinal

Una constante de los gobiernos dominicanos, incluido los del presidente Leonel Fernández, autoproclamado propulsor de la modernidad, es la exclusión de las mujeres de las altas esferas de poder político.

En 12 años de gobierno, Fernández ha nombrado poquísimas mujeres en sus gabinetes, y actualmente sólo hay tres de 21 ministerios. Igual baja representación de las mujeres hay en el Comité Político del PLD.

La semana pasada, al leer la designación de las comisiones de transición gubernamental, me impactó la total ausencia de mujeres. En la comisión nombrada por el presidente Fernández hay cinco hombres, todos altos funcionarios. En la comisión designada por Danilo Medina, también hay cinco hombres.

Me pregunté: ¿cómo es posible que Leonel Fernández haya gobernado 12 años, y en todo ese tiempo no surgieran mujeres en posiciones ministeriales en las que pudiera confiar para ser parte ahora del equipo de transición?

También me pregunté: ¿cómo es posible que Danilo Medina no encontrara entre sus más cercanos colaboradores una mujer que pudiera participar en su equipo de transición?

Leonel Fernández pasará a la historia como un presidente que a pesar de su inmenso poder entre 2004 y 2012, y su persistente discurso de modernidad, nunca se comprometió con las causas de las mujeres, a pesar de que las mujeres le dieron su apoyo mayoritario en la reelección de 2008. ¿Va Danilo Medina por el mismo camino?

La designación de la comisión de transición es mal augurio, y en agosto veremos si en la designación del gabinete Medina seguirá la política de Fernández de exclusión de las mujeres de las altas esferas de poder, o si por el contrario, mostrará un real compromiso con la equidad de género de la cual habló en campaña.

La designación de Margarita Cedeño como candidata vice-presidencial dio buenos resultados electorales, pero esa designación no estuvo motivada por la representación igualitaria de género, sino por el peso de Fernández. Por eso, el nombramiento del gabinete será la prueba de fuego que Medina pasará o reprobará pocas horas después de tomar posesión.

A los que se oponen a la equidad de género en la representación política quiero decirles que históricamente las mujeres han estado excluidas de las posiciones de poder por ser mujeres. Eso se llama discriminación de género.

Revertir esta tendencia no depende sólo de que las mujeres se capaciten. Mujeres con preparación hay muchas en el país. Lo fundamental en los inicios de un proceso de cambio es que los líderes políticos asuman los derechos de las mujeres y den pasos concretos para abrir oportunidades de igualdad.

No es asunto de promesas huecas en campaña, sino de acciones desde el gobierno. Si Danilo Medina no nombra un número significativo de mujeres en el gabinete, será compromisario de las políticas de discriminación contra las mujeres que han dominado en República Dominicana.

En América Latina, varios presidentes asumieron la equidad de género como tema importante y han jugado un papel clave en romper el bloqueo histórico para el ascenso de las mujeres en política. Michelle Bachelet, Dilma Rousseff, Rafael Correa y Evo Morales nombraron gabinetes con amplia representación de mujeres.

Esperemos que Danilo Medina siga esta línea. Así haría algo que nunca se ha hecho, y sería para bien del país, de las mujeres y de su gobierno. La decisión depende de él y no implica gastos extras.

Ser mujer no significa automáticamente mejor ejecutoria, pero sin la participación igualitaria de las mujeres no hay real democracia. Las mujeres son la mitad de la población y tienen una ínfima representación política.

Artículo publicado el miércoles 6 de junio de 2012 en el periódico HOY y en los portales de Acento y Noticias SIN y tomado del blog de la autora.
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miércoles, 30 de mayo de 2012

¿CAMINO A LA DIVISIÓN?

PRD: CUERPO GRANDE SIN CABEZA
Por Rosario Espinal

No es mi intención aquí criticar el PRD para azuzar como hacen en estos días muchos opinantes en los medios de comunicación. Asumir una derrota cuando se estuvo cerca de la victoria y las condiciones se presentaban favorables, es duro para cualquier organización política. El tiempo curará algunas heridas y otras requerirán quizás de mayor escisión.

De todas maneras, la importancia del PRD para el sistema político dominicano obliga a ofrecer pinceladas de reflexión, porque lo que suceda en las próximas semanas tendrá gran impacto en el devenir de ese partido en los próximos años.

Por los resultados de las elecciones del pasado 20 de mayo, es evidente que el PRD tiene un gran cuerpo electoral.

En 2004 perdió las elecciones presidenciales con 33.6% de los votos en medio de una crisis económica, en 2008 aumentó su caudal de votantes a 40.2%, en 2010 a 42.3%, y en 2012 a 46.9%. O sea, entre 2004 y 2012, el PRD incrementó su masa votante en 13.3%.

Dos factores fundamentales dan cuenta de este caudal electoral. La persistencia del voto duro del PRD, que podría estimarse en alrededor de 30% si tomamos como referencia los votos que obtuvo en las condiciones adversas de 2004, y el descontento con el gobierno peledeísta.

La cuestión ahora es qué hará el PRD con esa fortaleza electoral, y cómo construirá una mayoría que le permita llegar al poder.

Hay dos posibles caminos: que el PRD espere el desplome del PLD, o que se unifique y fortalezca. Para trillar este segundo camino, el PRD necesita buenas cabezas políticas y acciones inteligentes.

Primero, que Hipólito Mejía y Miguel Vargas depongan sus intereses particulares y piensen en el fortalecimiento de la organización. Esto es fácil de decir y difícil de conseguir, pero si no lo hacen, el PRD pasará por una fuerte crisis divisionista. El gobierno y muchos en los medios de comunicación instigarán la división y el debilitamiento.

Segundo, que Mejía y Vargas envíen señales claras a sus dirigentes y adeptos para que cese la confrontación y la animadversión.

Tercero, que el partido organice múltiples eventos de consulta y educativos en un período de varios meses, donde dirigentes altos y medios tengan un espacio para interactuar, pensar y forjar un sentido de propósito partidario más allá del objetivo clientelar y del apego a liderazgos personalistas. Esto debe culminar con una nueva convención que renueve la dirección. La asesoría de la Internacional Socialista sería muy útil.

Este camino podrá parecer risible a muchos y aburrido a la dirigencia perredeísta, pero las alternativas son peores. Una fuerte crisis interna del PRD le restaría apoyo en la población y beneficiaría al gobierno.

Ni Hipólito Mejía ni Miguel Vargas se curtieron en la política mediante la formación intelectual. Ambos son empresarios que llegaron al PRD cuando José F. Peña Gómez suplía las ideas, pero Peña desapareció y nadie lo ha remplazado en esa función.

Mejía tiene ahora los votos y el carisma, Vargas la presidencia legal del partido con una legitimidad cuestionada por el distanciamiento de la campaña.

No habrá elecciones hasta el 2016. Durante este tiempo, el PRD no podrá satisfacer muchas expectativas clientelares de su base, ni tendrá una elección próxima que obligue al reagrupamiento. Proyectar unidad, dinamismo y coherencia política sería la mejor opción.

Si en el PRD no surgen buenas cabezas políticas que promuevan la restructuración y gesten un sentido de propósito partidario hacia el futuro, le será difícil construir una mayoría electoral en el 2016. A eso apuesta el PLD y su coalición de aliados.
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miércoles, 18 de abril de 2012

IZQUIERDA FALLIDA

LA IZQUIERDA DOMINICANA, EL ETERNO FRACASO
Rosario Espinal

El panorama político dominicano amilana. Dos partidos desgastados compiten por el trofeo constitucional para desfalcar el Estado en el cuatrienio 2012-2016. El tercer partido, antaño mayoritario, se diluyó fuera del poder y se pega como la hiedra a los potenciales ganadores.

El PLD ha devenido en un partido concentrador de poder y traicionero de la ética de su fundador; el PRD es un partido agotado por los fracasos gubernamentales y las luchas intestinas; y el PRSC es una caricatura de partido, minimizado por su propio fundador.

No obstante, estos tres partidos obtendrán más del 90% de los votos el próximo 20 de mayo según pronostican las encuestas. Realmente asombrosa la capacidad de convocatoria electoral que mantienen a pesar de los desafueros. Mueven masas en mítines y caravaneos, y movilizan un alto porcentaje de la población a votar por ellos.

Podríamos señalar el imperialismo, el balaguerismo, el clientelismo, la corrupción, o cualquier otro factor para explicar esta situación. Pero entre las razones hay que incluir el eterno fracaso de la izquierda dominicana para superar el personalismo y su endémico divisionismo.

Si pasamos revista rápida a América Latina, independientemente de los méritos o desméritos de diversos gobiernos, en varios países han surgido movimientos políticos de izquierda que han generado transformaciones importantes.

En Chile, el Partido Socialista en las presidencias de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet impulsó cambios significativos a favor de la inclusión social.

En Brasil, país de gran pobreza y desigualdad, los gobiernos del Partido de los Trabajadores en las presidencias de Lula Da Silva y Dilma Rousseff han impulsado amplios programas de reducción de pobreza y mayores niveles de transparencia institucional.

En Bolivia y Ecuador, Evo Morales y Rafael Correa han socavado el poder de las oligarquías tradicionales a favor de políticas más inclusivas y la expansión de derechos.

En cada uno de estos países hay graves problemas y esos gobiernos no están libres de faltas, pero han generado grandes cambios bajo el manto de la izquierda.

En República Dominicana, en más de 30 años de elecciones pluralistas, no ha surgido un gobierno capaz de impulsar cambios sociales significativos que mejoren las condiciones de vida de amplios sectores y avive el optimismo nacional. Todavía se invierte menos del 2% del PIB en educación.

El PRD, partido históricamente de masas, nunca adoptó, ni siquiera en la transición de 1978, un proyecto de vanguardia a favor de los desposeídos y el fortalecimiento de las capas medias. Su populismo devino rápidamente en clientelismo, corrupción, e incoherencias políticas.

Durante la crisis económica nacional e internacional de la década de 1980, se produjo el mayor éxodo de dominicanos hacia el exterior, y a partir de ahí, irse del país es el anhelo de muchos. Las yolas son testigos.

El PLD, partido que nunca fue de masas, fue capturado tempranamente por la derecha dominicana, pacto que formalizó Joaquín Balaguer en el llamado Frente Patriótico de 1996.

Con Juan Bosch en declive físico y mental, los principales dirigentes peledeístas apostaron al poder y a su enriquecimiento a cambio de mantener intactos los privilegios de los sectores conservadores del país.

Huérfanos de liderazgo ante la muerte de sus caudillos, los balagueristas y peledeístas asumieron a Leonel Fernández como el nuevo líder.

Llegamos al 2012 con la elección presidencial número 10 desde la transición de 1978, sin una opción unificada de izquierda con posibilidades de triunfo. Ni siquiera se vislumbra que obtengan más del 5% de los votos los tres candidatos que se considerarían de izquierda: Guillermo Moreno, Max Puig y Julián Serulle. Una lástima histórica.
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miércoles, 7 de diciembre de 2011

SOCIEDAD Y DERECHOS HUMANOS

SONIA PIERRE, LUCHADORA VITUPERADA
Por Rosario Espinal

La conocí en un seminario en el año 2003, y luego coincidimos en otro en el 2009. En ambas ocasiones me impactaron sus ojos abiertos de par en par con una mezcla de timidez y fortaleza, tristeza y coraje.

Su lucha y avatares estuvieron guiados por un objetivo fundamental: el reconocimiento de derechos a los dominicanos de origen haitiano, sobre todo el derecho a la identidad legal para los hijos de haitianos indocumentados.

Su causa la trasciende porque el problema que enfrentó es mayor que todos sus esfuerzos por resolverlo. Se lleva al morir el honor de la lucha asumida con dignidad y el dolor de un sistema intolerante que nunca dejó de vituperarla.

Hace unos días, la Suprema Corte de Justicia ratificó su veredicto de diciembre de 2005, reafirmado en la Constitución de 2010, que los niños nacidos en territorio dominicano de inmigrantes indocumentados no son ciudadanos dominicanos.

Si fueran pocos, quizás la ley sería intrascendente. Pero no. República Dominicana ha permitido por muchas décadas un flujo constante de inmigrantes haitianos indocumentados para satisfacer la voracidad explotadora de empresarios agrícolas y de la construcción.

Por eso, el fallo de la Suprema y la disposición constitucional de no otorgar nacionalidad a los hijos de inmigrantes indocumentados nacidos en República Dominicana constituye un atentado a la realidad social y a los derechos humanos.

Sonia Pierre, consciente de esta situación, conocedora de la privación de derechos a muchos niños nacidos y criados en bateyes de padres haitianos indocumentados, se dedicó a luchar por el reconocimiento a una existencia legal.

Su voz crítica le ganó muchos detractores porque la maquinaria propagandística más aceitada de República Dominicana, es la que se dedica a defender los intereses de empresarios explotadores de la mano de obra haitiana bajo la consigna de un amañado patriotismo.

La migración legal e ilegal genera turbulencias en cualquier país del mundo, y en el caso dominicano es aún peor por dos razones.

Entre Haití y República Dominicana ha primado una historia de discordias por los excesos de gobiernos autoritarios en ambos lados de la isla. Los haitianos ocuparon la parte oriental en el siglo 19, y Trujillo los mató en el siglo 20.

Además, Haití es un país muy pobre y el gran flujo migratorio es de personas sin calificaciones laborales que sólo pueden aportar su fuerza física para realizar trabajos de bajos salarios.

Esto crea un paraíso perfecto para la explotación laboral, y representa a la vez un alto costo de inserción social.

Por eso el gobierno dominicano estableció en la Constitución de 2010 la negación de derechos de ciudadanía a toda la población de origen haitiano indocumentada. A menores derechos, mayor explotación.

República Dominicana tiene soberanía para establecer su política migratoria y sus disposiciones constitucionales, pero tener ese derecho no significa que lo ejerza bien.

Mantener la frontera sin controles adecuados es una violación a la soberanía nacional de los gobiernos dominicanos que han fomentado la entrada masiva de inmigrantes indocumentados para beneficio empresarial.

Una vez están en el país, trabajan y procrean, no deben ser tratados constitucionalmente como si no existieran.

La lucha de Sonia Pierre consistió en levantar la voz y motivar casos judiciales para que República Dominicana reconozca los derechos de los inmigrantes haitianos y sus descendientes.

Su lucha no fue fácil ni agradable. En República Dominicana toda demanda a favor de los derechos humanos de los haitianos y sus descendientes es calificada de anti-patriótica, porque la maquinaria mediática difamatoria está siempre en posición de disparo contra quien cuestione el brutal sistema de explotación económica que se fundamenta en el tráfico ilegal de haitianos.

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