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viernes, 18 de mayo de 2012

IGUALITO QUE LOS REPUBLICANOS EN EE.UU.

LA POLÍTICA DEL MIEDO Y EL PROCESO ELECTORAL
Por Wilfredo Lozano

El aspecto más deplorable y ruin de la presente campaña electoral es la política del miedo. A través de esta estrategia se ha pretendido asustar a toda la población ante la real y cada vez más cercana posibilidad de un triunfo electoral de Hipólito Mejía. Los mecanismos empleados han sido varios.

El primer y más “abundante” rasgo ha sido el apabullamiento propagandístico. Miles de millones de pesos ha dilapidado el oficialismo para proyectar a sus candidatos Danilo Medina y la Primera Dama. Participación Ciudadana ha calculado que el 69% de la propaganda ha sido controlada por el PLD, lo que interpretando la Constitución casi podría permitir afirmar que se trata no sólo de un abuso, sino de una violación constitucional. Calles, emisoras radiales, canales de televisión, espacios públicos, y recientemente hasta los espacios privados a través de llamadas telefónicas y visitas dirigidas a los hogares, han ahogado la vida de las y los dominicanos con la imagen de los candidatos oficiales. A esto se une impresionantes caravanas y encuentros públicos donde el uso de recursos estatales no se oculta, sino que se exhibe. Y la idea es simple: dar no sólo la impresión de que se tiene el favor de las masas, sino y sobre todo, de que se posee el poder para controlarlas y dirigirlas.

El segundo elemento de la política del miedo y menos evidente, es el ejercicio de un chantaje publicitario que asume un discurso relativamente sencillo: si cambiamos, todo se derrumba; si nos atrevemos a pensar en un cambio, podríamos perder los “favores” estatales; y este mensaje concluye: por eso es necesario un cambio seguro. Por ello debemos ser personas dóciles y mantener las cosas como están, de ahí la idea -contradictoria en sus propios términos- del ¿“cambio seguro”?. Hay, pues, que mantener las cosas como están, pues es claro que todo cambio implica un riesgo, parece afirmar bajo cuerdas este argumento. El tercer aspecto de la política del miedo es el control de los medios de comunicación. Sobre esto ha corrido mucha tinta, pero la verdad es que se ha debatido poco. Sin embargo, poco a poco la gente ha ido tomando conciencia de lo aberrante de este ejercicio y del peligro a que somete a la vida democrática. La idea de esta parte de la política del miedo es estimular una especie de pensamiento único, que obliga a razonar solo en una dirección. Por eso debe silenciarse a quien se oponga, vale decir, no solo al PRD sino a todo actor político que dude del pensamiento oficial. Además de ello, el control monopolista de los medios constituye un vehículo formidable para inducir una cierta visión de las cosas que interiorice en la gente una idea: la de que tanto poder acumulado por la élite o corporación del PLD, les hace invencibles y por ello no vale la pena luchar contra esta gente todopoderosa, lo mejor es callarse si no se quiere sufrir las peligrosas consecuencias de la disidencia. Con el ejercicio de ese enorme poder mediático, la corporación peledeísta persigue acallar, pues, toda voz alternativa con un simple método: en el límite no permitir espacio público alguno donde se exprese una voz diferente a la oficial. Esto explica que la oposición casi no tenga espacio publicitario en la televisión en la campaña, las noticias en los medios impresos que dan cuenta de sus actividades van a las páginas interiores mientras un bostezo de los candidatos oficiales es tema de primera página.

Uno de los subproductos de estos ejercicios, que opera como cuarto elemento, es el de producir a través de los medios y sobre todo de la manipulación de las encuestas, la percepción de un triunfo seguro del oficialismo. No hay que ser un experto para darse cuenta de hechos evidentes: el esperado y natural crecimiento del candidato oficial se interpreta como indicador de victoria segura, la cercanía de los números que favorecen a los dos principales candidatos se interpretan como indicador de la ruina del candidato del PRD, se difunde a granel encuestas que dicen exactamente lo mismo y repiten lo mismo, lo cual podría mover a dudas en cualquier otro escenario político que no sea el dominicano, pero en este caso se interpreta como un indicador del triunfo oficial que nadie puede detener. Los números oficiales son los “buenos” los números de la oposición son “malos”, y paro de contar.

Un quinto elemento es el desvergonzado manejo de las instituciones del Estado para apuntalar el pregonado triunfo del candidato oficial. Esto se materializa en varias direcciones. El primer aspecto y más evidente son las inauguraciones del Presidente en Campaña, que asumen un doble lenguaje: el que apuntala al Presidente como el verdadero pather magister de todo este montaje y hace depender y somete a los candidatos oficiales del favor del primer mandatario y el que afirma de parte de las autoridades electorales que no hay razones legales para detener este abuso. El segundo elemento es la movilización del funcionariado del Estado en las tareas de campana. Esto no se oculta, más bien se estimula su visibilidad mediática, pues se trata de lo mismo: exhibir poder y asustar al electorado vacilante, incluidos los humildes empleados del sector público. Un tercer componente es la manipulación de las autoridades electorales en un doble discurso institucionalista que penaliza siempre a la oposición y a la sociedad civil. Basta pensar en la obstinada negligencia de la JCE ante el derecho de Participación Ciudadana a la observación electoral, la negligencia oficial ante pedidos del PRD, el escarceo inicial del funcionariado de la JCE ligado al procesamiento electrónico de los datos en las elecciones, hasta llegar a cuestiones burdas como las sentencias del Tribunal Superior Electoral en torno a aliados del PRD como fueron los casos del PNVC y del PRI. Se llega incluso al absurdo de que el Presidente de la JCE pretenda sustituir la función del Tribunal Superior Electoral, al dar plazos al PRD para que presente pruebas de que sus militantes han sido objeto de agresiones reiteradas, pues que sepamos la JCE no dirime estos asuntos sino el tribunal electoral.

Finalmente un sexto elemento es el discurso cifrado por el oficialismo de que resulte lo que resulte la corporación peledeísta se queda en el poder. Se trata de un discurso oculto que importantes funcionarios difunden en círculos privados, que se deja filtrar sutilmente y que al expresarse mediáticamente asume la forma de expresiones que se han hecho del sentido común: “para ganarle al PLD hay que reunir muchos votos de diferencia”, “con pocos votos de diferencia el PLD se queda”, etc. Si se acepta como verdades de sentido común estas frases, sencillamente apuntalamos el poder oficial, damos credibilidad y firmeza a la política del miedo.

En alguno de sus libros Horkheimer, el refunfuñón amigo de Adorno y padre de la Escuela de Fráncfort, ha sostenido que la lucha contra la opresión y el miedo es la lucha contra sus autores. No podemos equivocarnos en esto. Si dejamos que el miedo invada nuestras vidas por el temor infundado a la necesidad del cambio nos anulamos como personas, entes de razón y sujetos de derecho. Podemos cambiar las cosas y las cambiaremos.

Tenemos entonces un reto inmediato que se hace necesario para evitar el naufragio de nuestra democracia, conseguida con tanto sacrificio de los dominicanos y dominicanas. Votemos este 20 de mayo con la conciencia de que hay que parar la corporación política que ha hecho de la democracia un engaño; votemos con la certidumbre de que debemos de parar el continuismo de la corporación PLD. Respeto y admiro a los candidatos y candidatas de Dominicanos por el Cambio, Alianza País, Frente Amplio, Acción por la Democracia. Todos luchadores y luchadoras por la democracia y personas integras e inteligentes. De mi parte exhorto a un voto que detenga en primera vuelta el continuismo de la corporación PLD, y ello sólo lo lograremos aquí y ahora dando un voto condicionado al PRD y su candidato Hipólito Mejía, como proponen Ciudadanos y Ciudadanas por la Democracia. Si se va a segunda vuelta, no nos equivoquemos, debemos formar un amplio frente ciudadano que detenga el continuismo oficial.

acento.com.do
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domingo, 13 de mayo de 2012

¿DICTADURA EN REPÚBLICA DOMINICANA?

MIGUEL GUERRERO, REVEL Y EL DESPOTISMO MODERNO
José F. Ramírez
josefr77@gmail.com

... cuando Usted ejerza el sufragio en las venideras elecciones, asegúrese de que su voto sirva para frenar, en seco los planes totalitarios de la corporación PLDista, única garantía de que más tarde no tengamos que pagar un más alto precio de sangre y lágrimas para liberarnos de ellos.

Cuando se denuncia que estamos inmersos en una dictadura, que busca -desesperadamente- su consolidación, tal vez bastaría con sólo citar los ejemplos de asalto rastrero a un conjunto de libertades básicas que son indispensables para el desarrollo pacífico de una sociedad democrática.

Un botón de muestra es el mensaje que se envía, a través de "comunicadores" (que hace tiempo cruzaron la tenue línea que divide la investigación periodística del "caliesaje" vulgar) de que el ejercicio de los derechos de reunión y privacidad es considerado hoy, por el gobierno, como una actividad subversiva o, cuando menos, sospechosa.

El caso de la violación a esos derechos del periodista Miguel Guerrero es más que elocuente.

Pero como la primera monarquía dominicana, y sus alabarderos, insisten en cubrir su cesarismo de hecho con su ya rasgado disfraz de democracia, vamos a tratar, dentro de las limitaciones de un artículo de opinión, de revelar su verdadera faz opresiva utilizando las síntesis que hace el filosofo francés Jean-François Revel, en su prefacio al libro de su compatriota Maurice Joly, Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu. Refiere sobre la teoría de lo que llama "Despotismo moderno".

En esta proposición "se trata de definir un 'modelo' político que difiera de la verdadera democracia y de la dictadura brutal". *1

Así, sostiene que "el Despotismo moderno se propone no tanto violentar a los hombres como desarmarlos, no tanto combatir sus pasiones políticas como borrarlas, menos combatir sus instintos que burlarlos, no simplemente proscribir sus ideas sino trastocarlas, apropiándose de ellas”.

El primer cuidado que debe tener un régimen de derecha aggiornato es, en efecto, envolver la confiscación del poder en un ropaje de fraseología liberal. Joly percibe con clarividencia el papel que un régimen semejante asigna a la técnica de manipulación de la opinión pública.

A esta opinión – y de paso ¿cómo no reconocer también aquí tantos procederes familiares?- “es preciso aturdirla, sumirla en la incertidumbre mediante asombrosas contradicciones, obrar en ella incesantes distorsiones, desconcertarla mediante toda suerte de movimientos diversos...”

¿Cómo no identificar también una táctica clásica en nuestros tiempos cuando Joly hace que Maquiavelo aconseje al déspota moderno que multiplique las declaraciones izquierdizantes sobre política exterior con el objeto de ejercer más fácilmente la opresión en lo interno?

Fingirse progresista platónico en el exterior, mientras en el país explota el terror a la anarquía, el miedo al desorden, cada vez que un movimiento reivindicativo traduce alguna aspiración de cambio...

Teórico avant la lettre de los mass media, nuestro Maquiavelo Segundo Imperio subraya con fuerza “el importante papel que, en materia de política moderna, está llamado a desempeñar el arte de la palabra”.

Indica cómo se debe diseñar la fisonomía – “la imagen”, diríamos nosotros – del príncipe: insistir en la impenetrabilidad de sus designios, en su poder de simulación, en el misterio de su “verdadero” pensamiento.

De este modo, la versatilidad del jefe, al amparo de su mutismo, parece profundidad, y su oportunismo enigmático sabiduría; se olvidan los mediocres resultados de su accionar por medio de palabras pomposas, pues se termina por no distinguir una cosa de otra" *2

En cuanto a las relaciones entre el poder y la prensa, Revel apunta que: "Joly percibe que el Déspota Moderno no debe de ninguna manera suprimir la libertad de prensa, lo cual sería una torpeza, sino canalizarla, guiarla a la distancia, empleando mil estratagemas", "la más inocente de las cuales es hacerse criticar por uno de los periódicos a sueldo a fin de mostrar hasta qué punto se respeta la libertad de expresión". "Conviene al déspota moderno dejar en libertad a un sector de la prensa (suscitando, empero, una saludable propensión a la auto-censura por medio de un depurado arte de intimidación) y, en otro sector, el Estado mismo debe hacerse periodista".- *3

Las diferentes controversias acerca de la dictadura, el “fascismo” etc., son vanas y aproximativas si se reduce la esencia del régimen autoritario únicamente a ciertas formas de su encarnación histórica.

Pretender que un detentador del poder no es un dictador porque no se asemeja a Hitler equivale a decir que la única forma de robo es el asalto, o que la única forma de violencia es el asesinato. Lo que caracteriza a la dictadura es la confusión y concentración de poderes, el triunfo de la arbitrariedad sobre el respeto a las instituciones, sea cual fuere la magnitud de tal usurpación; lo que la caracteriza es que el individuo no está jamás al abrigo de la injusticia cuando sólo la ley lo ampara". *4

Otra de las tretas que Revel señala son usadas por el déspota moderno son "transformar el acto legislativo en una homologación pura y simple", "politizar el papel económico y financiero del Estado", "cercenar la independencia de la magistratura", "fabricar diputados incondicionales", "promover una civilización policial" y "desquiciar las instituciones liberales sin abrogarlas expresamente".

En síntesis, lo que plantea Joly, traducido al idioma dominicano, es que el déspota moderno procura metérselo frío al pueblo, aunque manteniendo la represión brutal como una opción permanente y de uso circunstancial, tal cual Pinocho Fernández y su jauría pretenden hacer con nosotros.

La persona que no se convence de que estas consideraciones, más la colusión financiera de la corporación PLDista con la jerarquía eclesiástica para asegurar el apoyo de la Iglesia Católica como institución, son una radiografía exacta del accionar y las intenciones de Leonel Primero y su séquito de maleantes, se está condenando a sí misma a despertar un día bajo la férula de la mordaza, el balazo artero y la macana usada con alevosía.

Por eso, cuando Usted ejerza el sufragio en las venideras elecciones, asegúrese de que su voto sirva para frenar, en seco los planes totalitarios de la corporación PLDista, única garantía de que más tarde no tengamos que pagar un más alto precio de sangre y lágrimas para liberarnos de ellos.

No queda más que coincidir con Maurice Joly en que "unos años de anarquía son a veces menos funestos que varios años de silencioso despotismo".

(Todas las citas entre comillas son de J. F. Revel)

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