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sábado, 20 de julio de 2013

LA OPINIÓN DE MELVIN

TROPIEZOS
Por Melvin Mañón


Más de un año ha transcurrido desde las pasadas elecciones. Todavía no se acaba de entender que hay conflictos donde alguien tiene que perder y alguien tiene que ganar. Sea justo o no, sea correcto o no. Ese es el caso del PRD y lo ha sido desde el principio. Fue diseñado para que así fuera.

Todo el mundo ha visto y vivido la crisis del PRD. Todavía hay quienes siguen pensando y proponiendo acuerdos, soluciones, transacciones, negociaciones y demás.

Tiempo perdido.

Miguel Vargas encarna una estrategia peledeista. Ha sido y es pieza importante que ha garantizado la continuidad del PLD en el poder y que ahora le ha asegurado un primer año sin oposición de parte de un partido mayoritario. No es poca cosa.

Todo ese espectáculo me da pena. No solo por el PRD, sino por el país.

Formaron comisiones para dialogar. No lograron nada.

Se cayeron a tiros y a sillazos. No lograron nada.

Intercambiaron ofertas: No lograron nada.

Se reunieron con compadres y viejos robles: no lograron nada.

Aceptaron mediación de terceros y reuniones en casa de terceros: no lograron nada.

Propusieron a Hatuey como presidente del PRD. No lograron nada.
¿qué es lo que no acaban de entender?

Alguien se tiene que ir del PRD.

En lugar de haberle ofrecido la presidencia a Hatuey, podían haber negociado irse todos a ese partido que ya existe y, con su anuencia, hacerse cargo del mismo porque Hatuey no va a hacer nada con el PRSD y él mismo quedaría mejor parado si otros lo ponen en marcha. Así de paso pudieran haber vuelto al antiguo local de la avenida Bolivar.

Pero no importa que no haya sido así. El asunto es entender que alguien tiene que perder y otro que ganar y que no hay acuerdo posible, nada que conciliar. Mientras más rápido lo entiendan y hagan, mejor será, a menos que estén dispuestos a derramar sangre y no creo que ese sea el caso.

Que hagan un partido nuevo o revienten a Miguel Vargas y lo saquen, pero si así fuera, no pueden esperar a lograrlo para empezar a hacer oposición, sino que es la misma oposición la que puede ayudarlos a vertebrar esa victoria si es que así fuera.

De otra manera, tendrán que irse y total, que tanto es lo que suma el PRD franquicia versus el PRD gente de mérito que hay muchos. Miguel Vargas nunca tendrá partido aunque la JCE, el TSE, y todo el PLD le otorguen la franquicia.

Esta podría ser una oportunidad interesante para que, lo que queda de ese PRD histórico se limpie un poco de la tanta basura que ha acumulado desde que ese partido desbordó el legado de Peña Gómez y lo desbordó a él mismo.

Pero limpiarse es un proceso que solamente se puede materializar en la acción como partido opositor. Es decir, el PRD no puede sentarse a resolver su crisis para hacer oposición. Tiene que hacer oposición contra y a pesar de Vargas para cohesionar y moverse hacia una solución.

Pero un PRD que todavía hoy sale a la calle con la consigna de que “Unido jamás será vencido” es un PRD que no ha aprendido nada.

El PRD, no importa quien se quede con el nombre, solamente tiene posibilidad de futuro si es capaz de reinventarse, actualizarse, recomponerse, aprender de sus tropiezos, ponerse al día en el nuevo país y los nuevos males, así como los viejos.

Si la gente decente y de mérito que todavía está en el PRD no entiende que hay una forma de hacer política que ya caducó, si no entienden que las reglas del juego han cambiado, si no entienden que su situación actual es el epílogo a años de errores y dislates, si no tienen eso claro, lamentablemente no podrán jugar el papel que deberían y lo digo con verdadera pena porque no hay mayor tragedia en nuestra historia reciente que el PLD de un lado y nuestros propios errores del otro.

www.fines.org
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jueves, 19 de abril de 2012

VERDADES CON HUMOR

CARTA ABIERTA A HIPÓLITO MEJÍA

Saludos, don Hipólito

Me va a excusar que no lo llame presidente todavía; eso está por verse y me queda alguna esperanza de que este pueblo entre en sus cabales. Declino también llamarle “Papá”; yo conozco al mío y, a mi entender, ese es un título que no se presta a la mojiganga. Por otro lado, así le decían a François Duvalier y todos sabemos cómo acabó eso… Ni de juego me sumo a la alabanza paternalista de nadie. Ese tipo de irresponsabilidades suele costar caro.

Le diré don, por ahora, en honor a sus años.

Todo parece indicar, don Hipólito, que usted va a ganar las elecciones. Los desmanes de un peledeísmo criminal, avariento, insaciable, voraz, pervertido y desaforadamente anti-boschista han empujado a este pueblo a la amnesia: se levanta, colosal, hidrocefálico, babeante, y aparta de sí el cuchillo de matarife que lentamente lo degüella, pero no para salvarse, sino para más cómodamente entrar la cabeza en el lazo de una horca. Huyó de usted, este bebé colosal que gatea sin pañales por el territorio nacional, y se ocultó en las faldas de Leonel… No le gustó lo que encontró ahí y ahora se devuelve, buscando solaz en donde no lo hallara durante el 2000-2004…

La historia no es algo que le preocupe mucho a los líderes actuales… a muy poca gente, de hecho. Los conspiradores del atentado a la vida de Adolf Hitler del 20 de julio de 1944 se entregaron a la faena sospechando que les iría mal, que no podrían cambiar nada. Casi todos alegaron que lo hicieron de todas formas para que la posteridad supiera que, durante ese período de locura nazi, hubo alemanes bragados e íntegros que hicieron lo que pudieron. Podría afirmarse que de igual manera actuó Caamaño y sus seguidores constitucionalistas. Con ese espíritu escribo esta carta, sin ninguna esperanza de que pueda siquiera ser entendida. Lo hago para que la posteridad (que sí me importa, que me importa mucho) sepa que existieron hombres y mujeres cuerdos en este paisaje de insania. Con todo, me gustaría, don Hipólito, que si lo hacen presidente de nuevo tuviera la bondad de cumplir con los puntos a continuación. Y como es una carta abierta, recomiendo a mis lectores que impriman esta lista y la peguen en algún lugar visible para que no se les pierda en estos próximos cuatro años (la puerta de la nevera es ideal). Vayan tachando las que don Hipólito cumpla.

1. Encarcele a Leonel Fernández y a toda su cohorte. Luego de una investigación meticulosa, claro está. Después de que usted haga eso, por mí puede hacer todos los chistes que quiera. Y si van presos, que sea presos de verdad, no presos tipo Álvarez Renta, a quien aparentemente le han permitido cumplir su sentencia en Sofía’s.

2. Deslíguese de Pepe Goico. Por favor… ¿Cómo perseguir de manera convincente a un Félix Bautista, por ejemplo, conservando la cercanía de alguien como Pepe? Apunte a la coherencia; esa debe ser la virtud más codiciada de un líder. Si le hace falta inspiración, recuerde a Peña… O mejor: recuerde a Bosch. No olvide que su partido también es hijo del profesor, por más que su hermano menor morado quiera hacerse pasar por hijo único.

3. Persiga realmente la corrupción. Designe a un verdugo para que dirija la DPCA. Óigame bien: a un VERDUGO. Y no se meta más con él o con ella. Déjela hacer su trabajo. Y de paso resucite el proyecto del Ombudsman o Defensor del Pueblo.

4. No hable en público. O hágalo lo menos posible. Sobre todo si viaja al exterior. Callar es de sabios y no todo el mundo entiende su humor. Para hacernos reír está Boruga, Boca de Piano, Raymond Pozo y el Cardenal López Rodríguez. Usted está ahí para gobernar un país y asegurarles a los ciudadanos reglas limpias en su carrera hacia la prosperidad y la felicidad.

5. No viaje tanto. El horno no está para galletitas. Los días de la bonanza auspiciada por Baninter son cosa del pasado. Usted lo sabe mejor que nadie, pues tuvo suficiente gravilla en el vas deferens para trancar a su amigo Ramoncito. Este cuatrienio que viene es para recogerse, reenfocarse, trabajar duro y tratar de salvar al país del cataclismo morado.

6. No persiga a sus detractores y críticos. De lo contrario, el primero que irá preso seré yo. Recuerde que el mejoramiento de una sociedad surge del debate de las ideas, de contraponer, negociar y consensuar, siempre sobre la base de la razón. Si usted tranca a todo el que se le oponga, el colectivo se torna en un soliloquio que empobrece y que, casi siempre, erosiona el desarrollo del país. Sea paciente con la parodia, con la sátira: la capacidad de reírnos de nuestros líderes fortalece a la ciudadanía. De modo que la próxima vez que el diablo le gane unas encuestas, ríase, no mande a trancar a nadie.

7. Deje tranquilas a las Fuerzas Armadas. O bien deshágase de ellas. Disuélvalas. Mantenga dos o tres compañías en la frontera por si a Martelly se le zafa el único tornillo que le queda. Basta con hacer un balance lógico: qué beneficios nos reporta seguir manteniendo a todos esos guardias vs. qué problemas nos acarrean constantemente la indisciplina y deshonor de nuestro ejército. Todos conocemos la índole de noticias en las que siempre están involucradas las FF.AA. Quizá estoy equivocado. Quizá el balance revele que mantener a las FF.AA. reporta más beneficios que problemas. Pero el balance hay que hacerlo.

8. Asigne el 4% a la educación. Y encarcele a quienes se atrevan a tocar el dinero de nuestros jóvenes. ¿Hace falta, a estas alturas, explicarle a usted que solo los países que invierten en la educación de su gente han podido dar saltos cualitativos en el desarrollo de sus sociedades?

9. Reduzca la nómina gubernamental. La población está pensando reelegirlo para que sea AUSTERO, no para que permita más relajitos con el erario. Menos es más. Vuélvase loco eliminando botellas, disolviendo comités, desmantelando dependencias redundantes, acabando con nominillas e igualas.

10. Desbande el aparato judicial y renuévelo. Habrá que corregir el desastre que ha hecho el PLD en la rama judicial, pero no para sustituirlo con otro desastre. Expulse a los jueces que aceptan sobornos, sean del partido que sean. Todos saben quiénes son. Coloque magistrados probos e íntegros. Podrá reconocerlos fácilmente: son pobres. Tienen la increíble noción de que la justicia existe. Desígnelos. Y déjelos hacer su trabajo en paz.

11. Encarcele a los truhanes de la Junta Central Electoral. Siempre que sea posible demostrar sus fechorías, por supuesto (y eso no ha de ser difícil). Desbándelos, pero no para colocar simpatizantes del PRD. Ese tipo de actuaciones suma cero. Todo queda en lo mismo. Tiene usted la potencial y maravillosa oportunidad de hacer las cosas bien esta vez. Aprovéchela.

12. No pelee con Participación Ciudadana. Esa organización está ahí para colaborar con el estado en la construcción de un mejor país. No mande a sus dirigentes a hacer campaña o a convertirse en un partido cada vez que quieran inmiscuirse en la cosa pública, como solía hacer durante su cuatrienio. La cosa pública es de todos, y usted gobierna ciudadanos y ciudadanas, no miembros de un partido político. Ajústese a tiempos nuevos en que los dominicanos y dominicanas están empoderados de sus roles en la sociedad y quieren participar activamente del destino de la república. La época de los caudillos y los “papás” pasó.

13. No endeude más al país. Repajile a los coyotes del FMI, esos sepulcros blanqueados, esos buitres. Como usted, creo que la exportación es una vía inteligente (entre muchas otras) para generar divisas y fortalecer nuestra moneda. Pero, ¿qué tal si en lugar de malangas (o además de ellas) exportáramos microchips, pantallas planas, controles de PlaySation, medicinas? ¿O es que aquí para lo único que damos es para fumigar arroz? Yo no creo. Salgamos de esta deuda colosal que solo ha servido para que los funcionarios del PLD se construyan torres, se compren carros y funden compañías transnacionales.

14. No se refiera a su pene. En la medida de lo posible, por favor. Y no lo compare con una yuca.

15. Ceda su turno. Esta sí que es difícil. A ver: yo le pido, en nombre de toda la ciudadanía, que no permita que su cohorte piense que “llegó el turno del PRD”. No permita, por Dios, si es que usted cree en seres sobrenaturales, que esto se convierta en un quítate tú pa ponerme yo. No permita que el PRD llegue al poder pensando que le toca a ellos ahora hacer fiesta. No hay tal fiesta, solo ruinas, devastación social y económica, desgaste moral, pérdida de rumbo. Entren al poder con solemnidad, con el semblante sombrío de los que deben enfrentarse a desafíos descomunales sin posibilidad de recompensa, con el talante de hombres y mujeres que vinieron a joderse, a dejar el pellejo, con verdaderas ganas de sacrificarse.

Sé que muchos de mis lectores tienen que estar malos de la risa con esto último, pero no importa. Quizá también usted está doblado por la mitad riéndose. Tampoco importa.

Lo cierto es que este país necesita un líder lo suficientemente loco como para renunciar a prebendas, distribuir y compartir su poder, perseguir a sus amigos cuando sus amigos se apropian de lo que no es de ellos y defender posturas justas, aunque lo debiliten frente a su partido… Lo suficientemente loco como para aceptar terminar peor, económicamente, de cómo empezó.

¿Se siente cualificado para el reto? Fracasar, en este caso, es confirmar que usted no es fundamentalmente distinto de Leonel, y que el PRD es, esencialmente, la misma criatura que el PLD. Pero eso pronto lo sabremos.

Sin más,

Pedro Cabiya

Tomado de Tungsteno
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viernes, 11 de marzo de 2011

HIPÓLITO, EL REDENTOR

Por Wilfredo Mora
El autor es criminólogo y perito forense

Las elecciones internas del PRD fueron épicas; en principio, angustia interna para los que aupaban al fenómeno de Hipólito Mejía, y para los del otro sector, muchas ansias, por las otras elecciones, en las que hay que vencer al oficialismo. ¿Cuántos líderes de la oposición hay que puedan vencer al partido de gobierno? Hipólito Mejía, es el redentor que tenemos en estos momentos de desaliento nacional.

Mis felicitaciones a los convencionistas, que dieron el ejemplo en las votaciones, los cuales transcurrieron sin incidentes, y los boletines, pusieron en claro el valor y la firmeza de sus autoridades. En muchos años no habían sido tan masivas como las presentes, y ejemplo de civismo de parte de los electores.

A los del PLD, decirle que tienen que prepararse, porque, al parecer, es un hijo del pueblo, con un carisma que nada tiene que ver con falsa erudición del Presidente de la República Dominicana, quien le ganará las elecciones del próximo 2012. Sólo un redentor de la oposición puede liberarnos de la mala situación social y económica en la que se encuentra el país.

Nos referimos al estilo de hacer política del ingeniero Mejía, como el hombre que quiere erradicar el mal, sobre todo ese monstruoso mal que es la corrupción, que está anidada en su mayor parte en los funcionarios públicos. Hipólito es humano, un ciudadano del Estado, no ha estado tranquilo ni un solo momento desde su derrota pasada.

¿Cuál es el valor de este hombre honrado, moral y con característica de guía de la mejor organización política del país, el PRD, que es la más parecido al pueblo?, ¿es Hipólito un redentor de masas? La Convención de los blancos fue una decisión nacional y sólo los redentores mueven a elecciones parecidas. De una política superficial que estamos viviendo, determinada por el ser social de quienes fueron individuos miserables y pobres, surge una esperanza de volver a nuestra verdadera identidad, de conseguir mayor libertad y mejorar la terrible situación de hambre, dolor y desaliento con la que inútilmente enfrentamos la vida cotidiana. Hipólito Mejía Domínguez, al menos representa a los que no pueden deponer de sus dirigentes. El está con las mayorías.

La auténtica cultura está en ser buen mandatario, en ser un hombre de bien para el pueblo, no en ser un intelectual constipado, al que nadie entiende, ni puede llegar a conocer, ni nadie conocía antes de ser gobernante. No conozco intelectuales así; todo lo contrario, los líderes políticos tienen la obligación de ser redentores, de un mayor compromiso con sus súbditos. Y además son seres sencillos y democráticos.

A los que me van a criticar con palabras inmerecidas, por estos elogios al ex Presidente Hipólito Mejía, decirles que al menos hemos tenido el valor de oponernos al gobierno, que está dando señales claras de que no sabe gobernar para los pobres.
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jueves, 17 de febrero de 2011

DE AYER A HOY

Por Bonaparte Gautreaux Piñeyro

El domingo pasado conversaba con mi amigo Julio Hazim en el programa “E’ pa’donde que vamo” que producimos para el Supercanal de TV y recordaba la situación en la cual Hipólito Mejía tomó el poder en el año 2000.

El gobierno de Leonel Fernández 1996-2000 dejó las finanzas públicas en tan desastrosa situación que para el 25 de agosto del 2000 no había fondos para pagar a los empleados públicos.

De manera alegre e irresponsable, el gobierno había consumido el Presupuesto correspondiente al año 2000 en el período enero-agosto.

Eso no era lo peor: el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana dejaba una deuda interna superior a los 25 mil millones de pesos en compromisos vencidos con suplidores, contratistas y otros servicios consumidos y no pagados.

Desangraron las divisas del Banco Central pagando las importaciones de derivados del petróleo sin ajustar los precios de los combustibles.

Esas y otras diabluras las hicieron al final, cuando dejaban el poder, cuando habían cambiado los fondillos rotos y roídos de pantalones únicos gastados por tanto uso, sin relevo.

Ya habían entrado en un nivel social más elevado y en la borrachera de la corrupción para mantenerse en el lugar al que habían ascendido.

Descubrieron, que el camino de la corrupción era el único para mantener su nueva situación personal, dejando de lado antiguos principios olvidados al otro día de iniciar las libaciones de las mieles del poder.

Ellos dijeron, de ellos se esperaba…es cierto que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.

¿Quién ha dicho que hay que honrar la palabra empeñada?

El error fue que no nos dimos cuenta de que si antes de llegar al gobierno iban a una casa de empeño no tenían ni siquiera la palabra para empeñar.

Hoy, la situación nacional es mucho peor que la de agosto del 2000.

La deuda externa es enorme para nuestra capacidad, la corrupción se ha centuplicado, el desorden arropa las instituciones guardianas del orden, la situación de la salud pública es desastrosa, las carencias y fallas en el sistema educativo amenazan el futuro de la nación, la baja en la producción de alimentos y el incremento constante de las importaciones, para favorecer con permisos a funcionarios del gobierno, el aumento acelerado del narcotráfico y la criminalidad, la falta de una visión de futuro que permita sembrar esperanzas convertidas en realidades, conforman un cuadro que obliga a pensar en un hombre y un equipo capaz, honrado, con planes claros y disposición para sacar el país del abismo en que nos han metido: ese hombre es Hipólito Mejía.
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