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martes, 12 de junio de 2012

GLORIA DEL DEPORTE CUBANO

MURIÓ A LOS 60 AÑOS EL EX BOXEADOR TEÓFILO STEVENSON

En total, registró 301 victorias en los 321 combates que libró a lo largo de 20 años sobre el cuadrilátero. Apenas acumuló 20 reveses, dos de ellos ante el púgil ruso Igor Visotski.

La Habana, 11 jun (EFE).- El cubano Teófilo Stevenson, tres veces campeón mundial y olímpico de boxeo, falleció hoy en La Habana de una cardiopatía isquémica a la edad de 60 años, informaron medios oficiales.

Considerado uno de los más grandes boxeadores cubanos de todos los tiempos, Stevenson era vicepresidente de la Federación Cubana de Boxeo y trabajaba en la Comisión Nacional de Atención a Atletas Retirados y en Activo del Instituto Nacional de Deportes y Educación Física (Inder, oficial).

Stevenson participó el pasado sábado en una caminata celebrada en La Habana a propósito de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, junto a más de 100 figuras destacadas del deporte de la isla.

La televisión estatal resaltó hoy sus "triunfos, sencillez y patriotismo" y afirmó que "más allá de la gloria conquistada sobre los cuadriláteros su muerte deja un vacío incalculable en el seno del deporte revolucionario cubano".

Conocido popularmente como 'Pirolo' o 'el Gigante del Central Delicias', en alusión a la localidad de la provincia oriental de Las Tunas donde nació el 29 de marzo de 1952, Stevenson ganó todos los títulos de la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA).

Siguió los pasos como aficionado de boxeadores como Cassius Clay, George Foreman, Ken Norton y Laszlo Papp. Fue campeón mundial de los pesos semipesados en 1969 y pasó a la categoría máxima un año después para proclamarse campeón del Caribe.

Los primeros Juegos Panamericanos en los que participó fueron los de Cali, en 1971, pero logró su primer oro panamericano en el peso completo, en los de México'75.

Tenía entonces 25 años cuando se coronó por primera vez campeón olímpico en Múnich'72 y mundial, y desde entonces no dejaría de acumular títulos que le convirtieron en el mejor púgil aficionado de la historia: Montreal'76, San Juan'79 y Moscú'80 y varios mundiales.

También fue triple campeón como mediano y mediano ligero y tricampeón mundial en La Habana'74, Belgrado'78 y Reno'86.

En su brillante trayectoria se suman los títulos de bicampeón centroamericano y del Caribe en 1974 y 1982, fue seis veces campeón de los centroamericanos de boxeo entre 1970 y 1977.

Se destacó por la potente pegada de su derecha que, según los especialistas, puso fin a la mayoría de sus combates.

Después de la formidable victoria en el mundial de la ciudad estadounidense de Reno, en 1986, el gran campeón isleño decidió colgar los guantes. Se despidió en julio de 1988 durante el torneo internacional de boxeo Giraldo Córdova Cardín.

En total, registró 301 victorias en los 321 combates que libró a lo largo de 20 años sobre el cuadrilátero. Apenas acumuló 20 reveses, dos de ellos ante el púgil ruso Igor Visotski. EFE

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martes, 1 de septiembre de 2009

Juan Antonio Marichal Sánchez (1937- )

Beisbolista dominicano

Por Isaías Medina Ferreira

Conocido como el Dandy Dominicano, por su estilo único e impecable tanto dentro como fuera del diamante, Juan Marichal fue un dominante lanzador de béisbol, nacido en Laguna Verde, Provincia de Montecristi, en la República Dominicana, el día 20 de Octubre de 1937. Otro de los sobrenombres dado al lanzador fue el Monstruo de Laguna Verde.

Verlo lanzar, con su exagerado levantamiento del pie izquierdo, varios pies sobre su cabeza, mientras su mano derecha casi tocaba la tierra en la loma de lanzar, era un espectáculo sin precedentes. Dominaba cuatro lanzamientos, los cuales tiraba a tres diferentes velocidades y desde diferentes ángulos. Su carrera beisbolera, casi completa con los Gigantes de San Francisco, se extendió por 16 años, desde 1960 hasta 1975. En ese lapso de tiempo compiló una marca de 243 victorias y 142 derrotas, con un promedio de efectividad de 2.89.

Marichal, quien en su debut en las ligas mayores en 1960 blanqueó al equipo de Philadelphia limitándolo a un imparable, ganó 20 ó más juegos en seis ocasiones, lanzó un juego sin hits en contra de los Colts de Houston en 1963, (en el que sólo utilizó 89 lanzamientos), y ese mismo año, en duelo de 16 entradas con Warren Spahn, un fabuloso zurdo que ganó más de 300 juegos en su carrera, blanqueó a los Bravos de Milwakee, hoy Bravos de Atlanta, una carrera a cero; fue seleccionado al juego de estrellas nueve veces, abanicó 2,303 bateadores y fue líder de blanqueadas, de juegos ganados y juegos completos en dos ocasiones.

En 1968 completó la increíble cantidad de 30 juegos y en su carrera lo hizo 244 veces; eso es mucho más juegos completos que los que perdió, 142. Compárese esa hazaña a los serpentineros de hoy que raramente tiran más de 100 lanzamientos o lanzan más allá de la séptima entrada.

Juan Marichal, después de ciertos inconvenientes, producto de un altercado que había tenido en 1965 en que golpeó con un bate a John Roseboro, receptor de los Dodgers de los Angeles, fue justamente electo al Salón de la Fama del Béisbol en 1983. Hasta ahora es el único dominicano que ha sido electo a tan prestigioso club.

Los Gigantes retiraron el número 27 que llevó en su espalda durante su carrera y erigieron una estatua en su honor, a la entrada del AT&T park. Marichal es hoy uno de 15 miembros del Comité de Veteranos del Salón de la Fama, con potestad para elegir nuevos miembros al salón.

Juan Marichal: un gigante entre gigantes.
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miércoles, 24 de junio de 2009

Permitan los esteroides en el Salón de la Fama

Por ZEV CHAFETS

Cuando el Salón de la Fama del béisbol conmemore su 70 aniversario con un juego de exhibición en Cooperstown, NY, este domingo, cinco de sus miembros jugarán en el “campo de sueños” nacional. Por lo menos dos de ellos, Paul Molitor y Ferguson Jenkins, fueron atrapados en los 80 por usar cocaína. Molitor dijo luego que él estaba seguro de no ser el único jugador en su equipo que usaba drogas.

Dado lo que sabemos hoy acerca del hábito de drogas en el béisbol, la observación suena pasada de moda. El reporte de esta semana en que se cuenta que Sammy Sosa dio positivo al uso de drogas para mejorar el rendimiento en una prueba en 2003, es sólo la última en una larga lista de revelaciones. Barry Bonds, Roger Clemens, Alex Rodríguez, Manny Ramírez, Mark McGwire, ¿cuál de los grandes jugadores no ha sido vinculado al uso de drogas?

Desde los inicios del béisbol, los jugadores han usado cualquier sustancia que ellos crean les puede ayudar a rendir más, a curarse más rápido o a relajarse durante una temporada larga y estresante. Ya en 1889, el lanzador Pud Galvin ingirió testosteronas de monos. Durante la prohibición, Grover Cleveland Alexander, también lanzador, calmaba sus nervios con alcohol prohibido federalmente, y no menos un experto que Bill Veeck, quien fuera dueño de varios equipos de ligas mayores, decía que Alexander era mejor lanzador borracho que sobrio.

En 1961, durante su competencia de cuadrangulares con Roger Maris, a Mickey Mantle de repente le salió un absceso que lo mantuvo en el banco. Fue resultado de una aguja infectada utilizada por Max Jacobson, un curandero que inyectó a Mantle con un caldo casero conteniendo esteroides y “speed”. En su autobiografía, Hank Aaron admitió haber tomado una vez una pastilla de anfetaminas durante un juego. John Milner, de los Piratas, testificando en un juicio contra un narcotraficante, dijo que su compañero de equipo, Willie Mays, mantenía “jugo rojo”, una forma liquida de “Speed” en su armario. (Mays lo ha negado). Después de haberse retirado, Sandy Koufax admitió que él estaba a menudo “medio alto” en la lomita fruto de los calmantes que tomaba para calmar su brazo adolorido.

Por décadas, los cronistas de béisbol con derecho al voto para elegir los jugadores al Salón de la Fama, protegían a estos del escrutinio público. Cuando la Internet (y los libros de denuncias de dos ex jugadores, Jim Bouton y José Canseco) les permitió a los fanáticos ver la realidad, los cronistas de béisbol fueron tildados de imbéciles o payasos. Encolerizados, estos formaron un frente para sacar a todos los consumidores de drogas del juego.

Pero las súper estrellas de hoy tienen abogados y un sindicato. Ellos saben cómo manipular los medios noticiosos. Y tienen mucho dinero. La única forma de castigarlos es negarles un lugar en Cooperstown. El castigo se ha aplicado ya a Mark McGwire y muchos otros están en línea.
Eso no hace sentido. En un día cualquiera, las gradas están abarrotadas de jóvenes que usan Addarell y Ritalin (estimulantes utilizados para tratar el desorden de déficit de atención por hiperactividad) y de estudiantes universitarios que usan Provigil (una droga para combatir la narcolepsia) como ayuda para el estudio. El tipo que canta el himno nacional probablemente ha tomado un bloqueador beta para calmar su miedo al escenario. Le guste o no, las sustancias de realce están aquí para quedarse. Y son tan parte del juego nacional como son los hot dogs a $5.50, los agentes libres y la cirugía de codo Tommy John.

Los puristas dicen que los esteroides alteran el juego. Pero desde que el salón abrió sus puertas, el béisbol nunca ha parado de cambiar. Los bateadores ahora usan material de relleno en el cuerpo y cascos protectores. El montículo ha subido y ha bajado. Los bates ahora son más explosivos. Los juegos nocturnos afectan la visibilidad. Los jugadores se mantienen en forma entre una temporada y la venidera. La expansión ha alterado la geografía del juego. Y su composición demográfica lo ha cambiado más allá del reconocimiento. Babe Ruth nunca enfrentó un lanzador negro. Como dijo Chris Rock, el comediante, el récord de Ruth consistió de “714 cuadrangulares de acción afirmativa”. Esto no disminuye los logros de Ruth, pero los pone en contexto.

Las estadísticas cambian también. En 1908, Ed Walsh lanzó 464 entradas; en 2008, C. C. Sabathia encabezó las mayores con 253. ¿Y qué? Tanto uno como el otro fue el líder bajo las condiciones prevalentes en sus respectivas eras.

A pesar de esos cambios, o debido a ellos, los estadounidenses continúan amando el béisbol. Los fanáticos aceptarían cualquier cosa excepto el presentimiento de que se les está mintiendo. Las sustancias de realce no matarán el juego; es el encubrimiento lo que podría ser fatal.

El béisbol, encabezado por el Salón de la Fama, debe aceptar eso y reemplazar la mitología y las tergiversaciones con el realismo y la honestidad. Si todos tienen acceso a las mismas drogas y métodos de entrenamiento, y a los fanáticos se les dice cuáles son, entonces el campo estará nivelado y los fanáticos serán capaces de interpretar lo que ven en el diamante y en los numeritos.

El último argumento de los puristas es que el uso de drogas para mejorar el rendimiento da un mal ejemplo a los atletas jóvenes. Pero los jugadores de béisbol no son niños; son adultos en una profesión muy competitiva y estresante. Si ellos quieren utilizar esteroides anabólicos, u hormonas de crecimiento humano o testosteronas de toros, son ellos quienes deben decidir. En cuanto a los niños, el gobierno puede regular el uso de esas sustancias como hace con el tabaco, el alcohol y las medicinas recetadas.

El Salón de la Fama del béisbol, que comenzó como una atracción turística local y un truco de publicidad de las ligas mayores, se ha convertido desde entonces en un campo de sueños nacional, y ahora en un campo de batalla. Si se rinde ante los moralistas que quieren retornar el reloj a una imaginada edad de oro, y excomulga a los más grandes atletas jamás visto, sufrirá el destino de todos los campos de batallas para quienes se hallaban en el lado equivocado de la historia: la oscuridad.

Publicado el día 20 de junio como una opinión editorial por The New York Times. Traducido por Isaías Medina-Ferreira. Siga Leyendo...