domingo, 9 de diciembre de 2012

ENTRE USTED Y YO

¡ODIO A LEONEL… Y?
Por Rafael Calderón


NEW YORK. Frente a la ausencia de argumentos e imposibilitados de negar que con el liderazgo de Leonel Fernández las arcas del estado dominicano fueron saqueadas como nunca antes en la historia del país, los críticos anónimos de quienes denunciamos y/o comentamos las barbaridades cometidas por el régimen aún vigente y encabezado por éste se valen de la palabra odio, como recurso máximo, y de otras como frustrados, irrespetuosos, envidiosos o cualquier otro epíteto para tratar de silenciarnos.

Nos acusan de estar llenos de odio, y lo hacen con la aparente seguridad de que están convencidos de que odiar el robo -¿sólo en el estado?- y, de pasada, al ladrón es un pecado capital que nos descalifica para opinar.

Pregunto que si sólo el robo en el estado convierte en pecador a quien lo odia porque tengo amigos y conocidos peledeístas que, como cualquier ciudadano común, son implacables con los ladrones callejeros, frente a quienes no lo piensan dos veces para caerles a tiros, o palos, o patadas y, en el mejor de los casos para el ladrón, a pescozones.

Usted lo sabe, en el caso de los rateros callejeros nadie, ni siquiera un peledeísta -de esos a los que les pagan para esgrimirla a diario contra quienes condenamos las perversidades gubernamentales- se atrevería a salir en defensa del ladrón frente a los ciudadanos que lo zarandean diciendo, por ejemplo: “oigan, llenos de odio, frustrados, irrespetuosos, envidiosos no maltraten a ese hombre”. Nadie se arriesgaría a decir algo así, porque es automático el odio contra el atrapado desconocido que acaba de arrebatarle un celular a una persona desprevenida e indefensa. Y en el caso de que el delincuente resulte ser un conocido, lo automático es que la vergüenza ajena, la frustración y el desengaño sacudan y hagan bajar la cabeza, envuelta en silencio, a cualquier persona sensata.

Si todos procedemos de igual manera: con odio a los delincuentes callejeros, pregunto: ¿Por qué los defensores del príncipe del engaño y la mentira y de su perverso manejo del estado insisten en proteger a Leonel con la palabra odio?

La razón no es otra que, en sentido general, odio es una palabra pesada, ligada a malos deseos. Implica corrosión espiritual, lo que provoca pavor, rechazo natural y subconsciente. La esperanza de Leonel y sus secuaces manipuladores de la opinión pública es chantajear y sorprender, como acostumbran, a los incautos. Pretenden que ignoremos que ODIAR (con mayúsculas) la perversidad, la mentira, el robo, sea callejero o monstruoso, como el cometido por ello en el gobierno, es SALUDABLE (también en mayúsculas) espiritual y materialmente. Y, más importante, La Biblia lo recomienda.

Qué lejos han llegado esos tunantes. Se sienten sin límites, pues sólo así pueden concebir la idea de que la población termine viendo como frustrados, irrespetuosos o envidiosos a quienes les criticamos sus robos en el estado.

¿De verdad creen ellos, ahora con Danilo Medina como presidente nominal y guillándose de mosca muerta, que lograrán que el pueblo (que reacciona airado ante el ratero callejero que se roba un celular y lo persigue con saña), no termine atrapando a quienes le despojan de cientos de miles de millones de pesos? ¿Piensan que lograrán que dejemos de reclamar, de denunciar hasta que todo el abuso cometido por ellos sea ventilado en las cortes internacionales, donde sus injusticias nunca han ganado un caso? Si están pensando en eso se equivocan.

¿Cree Danilo que prosperará su aspiración de que palabras y protestas se confundan con piedras lanzadas hacia atrás? Más temprano que tarde se dará cuenta de que eso es imposible. No hay forma de que el pueblo soporte mayor peso en la carga económica que le han impuesto. Sólo le queda una opción: sacudirse, pues otra cosa sería aniquilación total a partir de enero.

Aunque Usted crea que exagero, le voy a decir que tengo totalmente claro que Danilo, si lo dejan, termina siendo peor que Leonel. Mire, sólo hay que ver con la tranquilidad que sale a dar abrazos de campaña a los infelices, a pesar de que como presidente en funciones ya logró clavarles el mayor aumento impositivo de la historia, algo que no había hecho ningún presidente durante el famoso período de 100 días. Danilo tiene un corazón frío, por eso se lo manosea mucho cuando discursea. ¡Puede creerlo!

Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones, y se apiade de la República Dominicana.

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