viernes, 23 de marzo de 2012

LAMENTABLE

José Carvajal, o la crítica despoblada
Por Osiris Vallejo

Suelo leer los artículos que el periodista José Carvajal publica en su blog personal. Hace un tiempo le expresé por escrito que su postura combativa y desenfadada, me hace cierta gracia, y que me parece bien que enfile armas contra lo que a él le parezca objetable. De vez en cuando acierta, como lo hizo hace un tiempo en un texto sin desperdicio que publicó tras la muerte del escritor dominicano Viriato Sención. Sin embargo, en un escrito de publicación reciente, del que se hace eco el portal Almomento.net, Carvajal emite unos juicios que me desconciertan y que en mi opinión deben dejar en la incertidumbre a todo el que tenga el más elemental sentido del arte literario.

El referido artículo, que lleva por título Libro súbito de José Acosta, hace las veces de crítica literaria, pero no es tal. Carvajal pasa revista al libro más reciente de José Acosta, la colección de relatos El enigma del anticuario. Pero Carvajal no se limita a señalar supuestas deficiencias de la prosa de Acosta, sino que parte de una pretendida crítica del libro y de inmediato pasa a generalizaciones sobre Acosta como escritor, en un tono perceptiblemente descalificatorio. El artículo entretiene, pero no convence. Y es evidente que deja peor parado a su autor que al escritor José Acosta.

Después de presentar objeciones sobre algunas frases o ideas elaboradas por Acosta, José Carvajal se despacha con esta joya:

“Hay más: “sonrisa escapada de mi boca” (¿de dónde más?); “cara poblada de arrugas” (poblar tiene que ver con gente); “la puerta de entrada” (¿entonces no se sale?); “velocidad de cortejo fúnebre” (¿cuántas millas o kilómetros por hora es eso?); “afirmó con la cabeza” (¿y por qué no solamente asintió?); “era una anciana de pelo canoso” (lástima que no se puso el tinte); “la puerta se abrió con un crujir de tapa de sarcófago” (¿qué sonido es ese?); “el pelo recogido en un moño a un lado de la cabeza” (¿en qué otra cabeza podía ser?); "Los palos del equipo de golf testificaron a favor de la foto" (pero ¿los palos de golf hablan?). Para muestra ya es suficiente.”

Es decir, que según José Carvajal, el adjetivo “poblada” debe usarse exclusivamente cuando se trata de gente. Podría aludir aquí a una interminable lista de ocasiones en que “poblada” se ha usado en otros contextos. Pero, en cambio, prefiero limitarme a lo más esencial. O sea, a la realidad axiomática de que el uso figurado es parte de la espina dorsal de la escritura creativa. Claro, esto solo serviría para que José Carvajal me señale que la frase “espina dorsal” es privativa del esqueleto y, por lo mismo, la he usado mal. Aparentemente, en la cosmovisión literaria de José Carvajal no tienen lugar las alusiones metafóricas ni el símil. Yo me resisto a creer que Carvajal esté hablado en serio. Con toda honestidad, todavía dejo abierta la posibilidad de que nos diga que todo ha sido una broma.

Si Carvajal habla en serio, entonces, las editoriales deben darse prisa y corregir de inmediato la obra de maestros de la literatura que han caído en errores de la misma especie. Por solo citar un ejemplo, el cuento “Las ruinas circulares”, de Jorge Luís Borges comienza con esta frase: “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche”. Si le hacemos caso a Carvajal, debemos concluir que la noche no es un congreso, ni una sesión corporativa, ni una reunión de líderes sindicales, por lo tanto, no puede ser “unánime”.

Las demás objeciones de Carvajal caen en el terreno del absurdo. Le parece descalificable la frase “velocidad de cortejo fúnebre”, y se pregunta, “¿cuántas millas o kilómetros por hora es eso?”. Yo tengo la respuesta. Seguramente el lector ha tropezado alguna vez con la frase “a paso de tortuga”. ¿Cuántos kilómetros es eso? Según datos de National Geographic, algunas especies de tortugas pueden alcanzar un máximo de 1.7 kilómetros por hora. Todo buen observador se habrá dado cuenta de que un cortejo fúnebre avanza a un ritmo muy parecido al de la tortuga promedio. ¡Eureka! Hemos hallado el ritmo exacto de la “velocidad de cortejo fúnebre”.

Una mirada cercana al artículo de Carvajal deja claro que no se trata de un análisis objetivo, ni mucho menos honesto, del libro El enigma del anticuario. No alude de manera específica a las historias; no se detiene a valorar la psicología de los personajes; no emite un solo juicio intelectualmente defendible. Pero eso no es todo. Lo más terrible es que el mismo Carvajal deja entrever que no ha leído ningún otro libro de Acosta, pues en su artículo declara que la única referencia que tenía de Acosta eran los elogios que le rodean. Pero el desconocimiento absoluto de la obra de Acosta no le impide emprenderla contra el escritor con generalizaciones injustas e infundadas.

Todo el que se haya aventurado a una lectura desapasionada de los libros de José Acosta, ha de concluir que se trata de un autor con una imaginación privilegiada. Por solo aludir a unos pocos ejemplos, en el libro de cuentos Los derrotados huyen a París, Acosta da muestras de una maestría literaria y lingüística admirable. En su novela La multitud traza un universo de cuestionamientos espirituales y filosóficos de una profundidad exquisita. Y ni hablar de su poesía, género en el que ha publicado varios libros de una riqueza lírica incuestionable. Ni siquiera es necesario esgrimir los premios nacionales e internacionales (que son muchos) de que ha sido merecedor el escritor dominicano para entender que estamos ante una literatura de una solidez evidente y un escritor de alto vuelo.

En suma, en el artículo de José Carvajal no hay análisis, ni juicios literarios sólidos, ni rigor intelectual. Se trata, no hay duda, de una crítica hueca, peregrina, ligera, infundada y despoblada.

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Osiris Vallejo. Nació en la República Dominicana y reside en Estados Unidos desde 1990. Ha publicado los libros Saint Domingue, 2044, poemario con el que obtuvo el premio Letras de Ultramar, que otorga el Ministerio de Estado de Cultura (2005) a través del Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, y Cicatriz, una colección de cuentos fantásticos. Ha recibido varios premios literarios por trabajos de ficción, entre ellos el segundo lugar en el concurso internacional de cuentos Casa de Teatro, 2003. Tiene una licenciatura en Ciencias Sociales de City College of New York y una Maestría en Literatura Hispánica en North Carolina State University. Artículos y textos literarios suyos suelen aparecer en periódicos dominicanos y extranjeros.

2 comentarios:

  1. Sigo los escritos de José Carvajal. He notado sus ataques despiadados a las instituciones vacías e inoperantes y a los escritores y asociaciones mediocres de estos. Lo cual no está mal. José es un hombre leído, inteligente. Noto, sin embargo, que en el fondo de sus críticas hay un dejo de enfado, causado quizás por algún despecho, que en él se convierte en grito hiriente de alguien que quiere llamar la atención. Ese resentimiento con que escribe parece cegarlo y en vez de crítico que invita a la superación y quiere abrir un diálogo constructivo, lo hace ver como un “criticón” irracional, con aires de superioridad, dispuesto a destruir todo lo que no esté a la altura de los formulismos manidos, seguros, requetetrillados y aprendidos como papagayo de lo que se considera “buena literatura”, en el sentido de los autores del “boom”, que parecen ser sus maestros. Lo lamentable de José es que no canalice esa inteligencia y energía desbordante con que ataca a los demás, mediocres mortales sin méritos, en un esfuerzo creativo que lo lleve a escribir la novela del siglo y lo coloque al lado de Benedetti, Borges, García Márquez, Cortázar o Vargas Llosa.
    ¡Cuánto desperdicio!

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  2. Eso es lo que yo llamo una critica mediocre!

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galley472@yahoo.com