sábado, 31 de octubre de 2009

Marcallé Abreu y la "horrible ciudad"

© Ventana – Listín Diario

Los personajes del autor escapan a los precedentes de la literatura nacional

No verán mis ojos esta horrible ciudad es el título de la más reciente novela de Roberto Marcallé Abreu, la cual circula en las principales librerías del país desde el pasado 25 de octubre. La obra, según el autor, "es una disección implacable de la descomposición que en todos los órdenes evidencia y agobia a la sociedad dominicana".

Sus personajes escapan a los precedentes de la literatura nacional, lo mismo que la generalidad de sus situaciones y circunstancias. El escritor la define como una vívida descripción del uso perverso del poder, del abuso contra la gente y de la desintegración social. Las 751 páginas del libro muestran un esfuerzo por ahondar en las razones por las cuales el pueblo dominicano parece encaminarse a su propia disolución, vista con indiferencia por muchos de los actores llamados a mantener una actitud de rechazo o confrontación ante el problema.

Marcallé Abreu resalta que, a pesar de todas las situaciones, realidades y personajes que se ventilan en este trabajo, los capítulos se corresponden con una larga y hasta amarga meditación. "Todos ellos integran el libro desde un ángulo literario e intelectual, pero muy humano", explica.

¿Provocación?

Al presentar el libro, el narrador dijo que el trabajo literario también servirá como provocación hacia la ruptura del círculo vicioso en que se ha encontrado inmerso el país desde su nacimiento, y la persistencia de los males y los personajes que representan el estancamiento, el abuso, la pobreza, el crimen, el sufrimiento y la degradación nacional.

"También posee las variables desencadenantes que hacen peligrar y ponen en entredicho una situación intolerable, cruel e insólita que se ha extendido por decenas de años contra las personas y que, en algunos ámbitos, se ha visto como normal, natural", resalta el crítico escritor.

No verán mis ojos esta horrible ciudad, asegura Roberto Marcallé Abreu, es la continuación de las situaciones y conflictos planteados en las Contrariedades y tribulaciones en la mezquina existencia del señor Manfredo Pemberton, pese a que ambas novelas poseen un carácter independiente.

La obra está disponible en las librerías de Santo Domingo y en breve en Santiago, La Romana, San Pedro de Macorís, San Francisco y otras ciudades.

Del autor y sus obras

Roberto Marcallé Abreu es narrador y periodista. En 1979 recibió el Premio Nacional de Novela por la obra Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado. Para 199 le fue otorgado el Premio Anual de Novela, por la publicación de Las siempre insólitas cartas del destino.

Otras obras de su autoría son Las dos muertes de José Inirio (cuentos, 1972); El minúsculo infierno del señor Lukas (cuentos, 1973); Sábado de sol después de las lluvias (cuentos, 1976); Espera de penumbras en el viejo bar (novela, 1990); Ya no están estos tiempos para trágicos finales de historias de amor (cuentos, 1982); Alternativa para una existencia gris (cuentos, 1988) , Sobre aves negras, cortes de media luna y lágrimas de sangre (novela, 2003), entre otras.




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viernes, 30 de octubre de 2009

Celebrando 40 años de Internet

Por Isaías Medina Ferreira

¿Cuándo nace en realidad la Internet? Muchos señalan el 29 de octubre de 1969 (hace 40 años) como la verdadera fecha de su nacimiento, porque fue la primera vez que se enviaron datos de un computador a otro situado en una localidad remota; pero tan significativo fue lo logrado el 2 de septiembre de 1969: por primera vez se comunicaban dos computadores entre sí en experimento llevado a cabo en UCLA (Universidad de California, Los Ángeles). Aunque el mensaje carecía de sentido, ese logro con el tiempo llevó a la formación de la Internet.

Pero esas dos fechas, siendo importantes, no son las únicas significativas en la vertiginosa evolución de la Internet. Veamos una breve cronología de algunos de los desarrollos más importantes de la Net:

2 de septiembre 1969: como señalamos, por primera vez dos computadoras se comunican entre sí.

29 de octubre 1969: por primera vez se enviaron datos de una computadora a otra situada en una localidad remota.

En 1971, Ray Tomlinson envió el primer mensaje de email (correo electrónico), iniciando el uso de @ para separar el nombre del usuario del nombre de la máquina. El mensaje fue enviado desde una computadora a otra que estaba a su lado.

1 de enero de 1983 ARPANET adoptó el protocolo TCP/IP como estándar.

En marzo de 1989 Tim Berners-Lee inventó el World Wide Web (Red Global Mundial). El invento de la WWW hizo posible pasar de la comunicación con textos solamente a páginas capaces de contener textos, imágenes, sonidos, videos y otros contenidos de multimedia.

El 22 de abril de 1993 apareció Mosaic, el primer navegador (web browser).

Con tantas fechas significativas en la evolución de la Red o Net, ¿cómo escoger la más importante?
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jueves, 29 de octubre de 2009

Ramera

La palabra del día

Por Ricardo Soca
El castellano

Hacia fines de la Edad Media, era costumbre en España colgar un ramo en la puerta de las tabernas para indicar que no se trataba de viviendas particulares y llamar de esta manera la atención de los clientes (v. cliente).

Las prostitutas, así como hoy ocultan sus negocios haciéndolos pasar por casas de masajes, en aquella época los disimulaban colgando en su puertas un ramo, como si se tratara de tabernas. Por esa razón, las comadres empezaron a llamarlas rameras, una palabra que les sonaba más púdica que prostituta. Este vocablo aparece registrado por primera vez en español a finales del siglo XV, como, por ejemplo, en La Celestina (1499), de Fernando de Rojas:

Esta mujer es marcada ramera, según tú me dijiste, cuanto con ella te pasó has de creer que no carece de engaño. Sus ofrecimientos fueron falsos y no sé yo a qué fin.



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miércoles, 28 de octubre de 2009

Halloween: ¿Cristianismo o paganismo? ¿Lo debe celebrar un cristiano?

Por Tere Fernández
Fuente: Catholic.net

No se puede negar que es divertido disfrazar a los pequeños de la casa y salir con ellos a pedir dulces por las calles, muchos de nosotros tenemos recuerdos gratos de las fiestas de Halloween en donde compartíamos dulces y echábamos mano de todo lo que estaba a nuestro alcance para confeccionarnos el mejor de los disfraces.

Halloween, ¿Lo debe celebrar un cristiano?

Pero no podemos pasar por alto que las fiestas que celebramos reflejan quiénes somos e influyen en nuestros valores. Desgraciadamente muchos cristianos han olvidado el testimonio de los santos y la importancia de rezar por los muertos y se dejan llevar por costumbres paganas para festejar con brujas y fantasmas.

"Halloween" significa (All hallow´s eve), del inglés antiguo, all hallows eve, o Víspera Santa, pues se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos. La fantasía anglosajona, sin embargo, le ha robado su sentido religioso para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un triste retorno al antiguo paganismo, tendencia que se ha propagado también entre los pueblos hispanos.

Raíces pagana de Halloween

Ya desde el siglo VI antes de Cristo los celtas del norte de Europa celebraban el fin del año con la fiesta de Samhein (o La Samon), fiesta del sol que comenzaba la noche del 31 de octubre. Marcaba el fin del verano y de las cosechas. El colorido de los campos y el calor del sol desaparecían ante la llegada de los días de frío y oscuridad.

Creían que aquella noche el dios de la muerte permitía a los muertos volver a la tierra fomentando un ambiente de muerte y terror. La separación entre los vivos y los muertos se disolvía aquella noche y haciendo posible la comunicación entre unos y otros. Según la religión celta, las almas de algunos difuntos estaban atrapadas dentro de animales feroces y podían ser liberadas ofreciéndoles a los dioses sacrificios de toda índole, incluso sacrificios humanos. Sin duda Samhein no es otro sino el mismo demonio que en todas las épocas busca implantar la cultura de la muerte.

Aquellos desafortunados también creían que esa noche los espíritus malignos, fantasmas y otros monstruos salían libremente para aterrorizar a los hombres. Para aplacarlos y protegerse se hacían grandes hogueras. Estas hogueras tuvieron su origen en rituales sagrados de la fiesta del sol. Otras formas de evitar el acoso de estos macabros personajes era preparándole alimentos, montando macabras escenografías y disfrazándose para tratar de asemejarse a ellos y así pasar desapercibidos sus miradas amenazantes.

¿Como sabía aquella gente la apariencia de brujas, fantasmas y monstruos? Al no conocer al verdadero Dios vivían aterrorizados ante las fuerzas de la naturaleza y las realidades del sufrimiento y la muerte. De alguna forma buscaban desahogar aquella situación dándole expresión en toda clase de fantasías. Todo lo feo, lo monstruoso y lo amenazante que se puede imaginar en figuras de animales y seres humanos constituye la base para darle riendas libres a la imaginación del terror.

Mezcla con el cristianismo

Cuando los pueblos celtas se cristianizaron, no todos renunciaron a las costumbres paganas. Es decir, la conversión no fue completa. La coincidencia cronológica de la fiesta pagana con la fiesta cristiana de Todos los Santos y la de los difuntos, que es el día siguiente, hizo que algunos las mezclaran. En vez de recordar los buenos ejemplos de los santos y orar por los antepasados, se llenaban de miedo ante las antiguas supersticiones sobre la muerte y los difuntos.

Algunos inmigrantes Irlandeses introdujeron Halloween en los Estados Unidos donde llegó a ser parte del folklore popular. Se le añadieron diversos elementos paganos tomados de los diferentes grupos de inmigrantes hasta llegar a incluir la creencia en brujas, fantasmas, duendes, drácula y monstruos de toda especie. Desde USA, Halloween se ha propagado por todo el mundo.

Algunas costumbres de Halloween

Trick or Treat

Los niños (y no tan niños) se disfrazan (es una verdadera competencia para hacer el disfraz más horrible y temerario) y van de casa en casa exigiendo «trick or treat» (truco o regalo). La idea es que si no se les da alguna golosina le harán alguna maldad al residente del lugar que visitan. Para algunos esto ha sido un gracioso juego de niños. Últimamente esta práctica se ha convertido en algo peligroso tanto para los residentes (que pueden ser visitados por una ganga violenta), como para los que visitan (Hay residentes que reaccionan con violencia y ha habido casos de golosinas envenenadas).

La Calabaza
Según una antigua leyenda irlandesa un hombre llamado Jack había sido muy malo y no podía entrar en el cielo. Tampoco podía ir al infierno porque le había jugado demasiados trucos al demonio. Tuvo por eso que permanecer en la tierra vagando por los caminos, con una linterna a cuesta. Esta linterna primitiva se hace vaciando un vegetal y poniéndole dentro un carbón encendido. Jack entonces se conocía como "Jack of the Lantern" (Jack de la Linterna) o, abreviado, Jack-o-´Lantern. Para ahuyentar a Jack-o-´Lantern la gente supersticiosa ponía una linterna similar en la ventana o frente a la casa. Cuando la tradición se popularizó en USA, el vegetal con que se hace la linterna comenzó a ser una calabaza la cual es parte de las tradiciones supersticiosas de Halloween. Para producir un efecto tenebroso, la luz sale de la calabaza por agujeros en forma del rostro de una carabela o bruja.

Fiestas de Disfraces

Una fiesta de disfraces no es intrínsecamente algo malo. Pero si hay que tener cuidado cuando estas se abren a una cultura desenfrenada como la nuestra. Detrás de un disfraz se pueden hacer muchas cosas vergonzosas con impunidad. Con frecuencia se hace pretexto para esconderse y aprovecharse de la situación. Como hemos visto, los disfraces de Halloween tienen origen en el paganismo y por lo general aluden a miedo y a la muerte. Hoy día con frecuencia los disfraces se burlan de las cosas sagradas. Vemos, por ejemplo, disfraces de monjas embarazadas, sacerdotisas, pervertidos sexuales, etc. Nada de eso es gracioso y sólo puede ofender a Dios.

Con el reciente incremento de satanismo y lo oculto, la noche de Halloween se ha convertido en la ocasión para celebrar en grande toda clase ritos tenebrosos desde brujerías hasta misas negras y asesinatos. Es lamentable que, con el pretexto de la curiosidad o de ser sólo por pasar el tiempo, no son pocos los cristianos que juegan con las artes del maligno.

Jesucristo es la victoria sobre el mal

La cultura moderna, jactándose de ser pragmática y científica, ha rechazado a Dios por considerarlo un mito ya superado. Al mismo tiempo, para llenar el vacío del alma, el hombre de hoy retrocede cada vez más al absurdo de la superstición y del paganismo. Ha cambiado a Dios por el mismo demonio. No es de extrañar entonces que vivamos en una cultura de la muerte en la que millones de niños son abortados cada año y muchos más mueren de hambre y abandono.

Es más fácil dejarse llevar por la corriente de la cultura y regresar al miedo, a la muerte y a un "más allá" sin Dios porque, sin la fe, el hombre se arrastra hacia la necesidad de protegerse de fuerzas que no puede dominar. Busca de alguna manera con sus ritos exorcizar las fuerzas superiores.

Como católicos, profesamos que sólo Jesucristo nos libera de la muerte. Sólo Él es la luz que brilla en la oscuridad de los largos inviernos espirituales del hombre. Sólo Él nos protege de la monstruosidad de Satanás y los demonios. Sólo Él le da sentido al sufrimiento con su Cruz. Sólo Él es vencedor sobre el horror y la muerte. Sólo Dios basta para quién ha recibido la gracia y vive como discípulo de Cristo. Ante Cristo la cultura de la muerte cede el paso al amor y la vida.
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Mamá Tingó: Mártir campesina

Por José Gómez Cerda
Guasábara

El primero de noviembre se conmemora un aniversario más de la muerte de la líder sindical campesina Florinda Soriano Muñoz (Mamá Tingó), asesinada ese día en 1974 en Gualey, Hato Viejo, Yamasá, República Dominicana.

Mamá Tingó es un símbolo de la lucha por la tierra y un ejemplo de la mujer rural en la defensa de los derechos del campesinado en toda América Latina y el Caribe.

Florinda Soriano Muñoz, Mamá Tingó, nació el 8 de noviembre de 1921, hija natural de Eusebia Soriano. Fue bautizada en la parroquia Espíritu Santo de esta comunidad de Villa Mella, el día 6 de diciembre de 1922. Contrajo matrimonio con un campesino llamado Felipe con el cual procreó una familia.

Mamá Tingó era un militante de la Liga Agraria Cristiana de una comunidad de 350 familias pobres, quienes venían luchando por varios años por la tierra que los vio nacer y que habían trabajado por varias décadas, pero terratenientes y políticos disfrutaban de los títulos de propiedad, en forma mal adquirida.

Varios acontecimientos ocurrieron antes del asesinato de la líder sindical. Varios jóvenes fueron heridos, a la señora Altagracia Rosario le cortaron una oreja, decenas de campesinos de esa comunidad estuvieron en prisión en varias ocasiones, entre ellos su líder natural, Florinda Soriano Muñoz (Mamá Tingó), mujer de edad avanzada y analfabeta, pero con cualidades y autoridad suficientes para encabezar la lucha contra los desalojos injustificados.

Después de poner una querella contra el terrateniente Pablo Díaz, la sindicalista fue asesinada por Ernesto Díaz (Turín).

La Federación Dominicana de Ligas Agrarias Cristianas (FEDELAC), y la Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC) denunciaron a nivel nacional e internacional este asesinato. Hay que destacar la labor del periodista Juan Manuel García, quien hizo varios reportajes, antes y después del asesinato, sobre la situación de los campesinos en esa comunidad; toda la prensa nacional, radio, periódicos y televisión destacaron el asesinato.

Décimas, poemas y canciones resaltaron las virtudes de la líder sindical campesina, entre ellas un merengue del cantante Johnny Ventura titulado « Mamá Tingó », y la referencia de la cantante argentina Mercedes Sosa durante el espectáculo « 7 días con el Pueblo », que organizó la CGT.

Pero el asesinato de Mamá Tingó no es un caso aislado en la lucha por la tierra. El 30 de junio de 1975, en Alto de Peguero, El Cuey, en El Seybo, fue asesinado Dionisio Frías (Míster Beca) también militante de las ligas agrarias cristianas.

En Honduras ocurrió la Masacre de la Talanquera, el 18 de febrero de 1972, y las Masacres de Santa Clara y Los Horcones, el 25 de junio de 1975 en OLANCHO, donde fueron asesinados 25 campesinos, entre ellos 2 sacerdotes. Lidia Madariaga, de Nicaragua, líder campesina, fue asesinada, cuando estaba embarazada de su cuarto hijo.

Los asesinatos de líderes campesinos en Colombia y Brasil son permanentes y en masas, siendo estos dos países los de mayores atropellos a los derechos elementales de los campesinos; pero los asesinatos también han ocurrido en diversas ocasiones en El Salvador, Guatemala, Haití, Perú y Paraguay.

Recientemente fue asesinada en Colombia Cecilia Gallego, Secretaria femenina de Acción Campesina Colombiana (ACC), también han sido asesinados otros dirigentes campesinos en otros países latinoamericanos.

Mamá Tingó es un ejemplo de la participación de las mujeres en el sindicalismo y en la lucha para que la tierra sea de los hombres y mujeres que la trabajan.
Al conmemorarse un nuevo aniversario del asesinato de Mamá Tingó, rendimos homenaje a todos los mártires agrícolas de América Latina y el Caribe, reconocemos a las mujeres trabajadoras rurales, que trabajan en regiones donde la lucha por la tierra es la más peligrosa del mundo.

El sindicalismo dominicano y latinoamericano tiene a esa mujer campesina, Doña Florinda Soriano Muñoz, (Mamá Tingó), como un ejemplo de las personas organizadas.

Anécdotas

Desde la muerte de Mamá Tingó, quien fuera un símbolo de la lucha y defensora de los derechos del campesino en América Latina y el Caribe, Juan Muñoz de la Cruz, su primo, recuerda cada año aquellas vivencias.

“Éstos eran terrenos comuneros, pero que tenían dueño. Se decía que las tierras eran de unos Marchena, pero la gente siguió trabajando...

Vino el mayor Román, jefe de las Fuerzas Armadas y dizque le compró a la gente; vino, desalojó y esta parte la cercó un tal Carbucia, no dejaban que uno trabajara y empezó esa lucha’’, cuenta Muñoz de la Cruz.

Más adelante Román vendió las tierras a Virgilio Pérez Bernard para sembrar piña, lo que activó la lucha y provocó el apresamiento por un mes de decenas de agricultores.

Luego Mamá Tingó y un señor conocido como Higinio arrendaron por un año un terreno, y llegaron los tiempos de campaña balaguerista, y los políticos prometieron que repartirían la tierra. Empero lo que hicieron fue cercar los terrenos, provocando así la movilización de todos para asegurar sus terrenos con alambres de púa.

“Ella empezó a moverse por los partidos, nosotros teníamos ya la organización Liga Agraria Cristiana de la FEDELAC y estábamos afiliados a la Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC), que siempre defendió a los campesinos, entonces cuando se empezó a tratar de verse con los políticos y cuando ellos ganaban no daban la cara. Vio que los campesinos estábamos en lucha y entonces se unió con decisión y sin miedo, se hizo cargo de todo y se hizo dueña y vocero de todos’’, comentó el primo de 73 años de edad.

Recuerda que formó en una ocasión un movimiento de niños y ocupó la sindicatura de Yamasá en su defensa por la tierra. Sus agresores no sabían que al matarla las acciones se recrudecerían.

“Valió la pena porque se consiguieron las tierras y producen pimientas, cada quien trabaja, siembran naranjas y hay hasta granjas de pollo. Si no hubiese sido por ella fuera peor, aunque siguen los enfrentamientos entre los mismos campesinos’’.

Aunque Muñoz de la Cruz entiende que en su época la lucha valió la pena, en el poblado hay muchos intereses encontrados. En efecto, allí existen versiones de que hasta la familia de Mamá Tingó se disputa terrenos y parte de su buen nombre. Por igual, se han disgregado y nadie defiende sus ideales.

Inspirado en la valentía de Florinda Soriano (Mamá Tingó), Brígido Nolasco, profesor de primaria y quien fuera su vecino en Gualey (hoy Sabana Grande), conserva unos apuntes que escribió hace un tiempo para ella, y reconoce lo servicial que era la sindicalista campesina. “Ella era una persona trabajadora, vendía leña a las panaderías y carne para criar dignamente a sus hijos”, refiere al remembrar la disputa de su tierra con el terrateniente Pablo Díaz, luego que ella pusiera una querella en su contra y ordenó su muerte a través del capataz Ernesto Díaz (Turín).

Fue en medio de una discusión cuando éste dispuso que le soltaran los cerdos con miras a despojarla de sus terrenos, y le dijo que de no cederlos quería que la mataran.

“Ella y su esposo fueron donde Balaguer a ver si les cedían la tierra, pero les hacían promesa y no hacían nada, era su deseo comprarla, pero actuaron muy tarde”.

Entre sus apuntes, Brígido dice que Mamá Tingó era oriunda de San Felipe de Villa Mella; llegó un día al lugar en que más tarde contrajo matrimonio con Felipe Muñoz, procreando siete hijos, a quienes cuidaba y protegía junto a una hermana. ‘’Ni ella ni su esposo tuvieron oportunidad de asistir a la escuela, vivían con el pan de cada día”.

Relevos

Una hija de crianza de Florinda Soriano Muñoz (Mamá Tingó), ha continuado la lucha, junto a otros compañeros y compañeras sindicalistas de la región de Yamasá; su nombre es Jesús María de Paula, mejor conocida como “Enriqueta”.

En el año 2000 el Programa Mundial de Alimentación (PMA), de Naciones Unidas, con motivo del Día Internacional de la Mujer, rindió homenaje a Jesús María de Paula, líder de la Federación de Mujeres Campesinas Mamá Tingó, de República Dominicana, por su labor en favor de mejorar la condición del sector campesino.

Las vivencias experimentadas por Enriqueta junto a Mamá Tingó, a pesar de su corta edad, la impulsan a continuar la lucha que iniciara la líder comunitaria y sindicalista, proponiéndose esto como meta en la vida.

En octubre 2005, el síndico del municipio Santo Domingo Norte, licenciado Daniel Carvajal Louis, develizó una tarja en honor a la heroína campesina Florinda Soriano Muñoz (Mamá Tingó), asesinada en 1974. La tarja está en la plaza del mismo nombre, en El Cruce de la Bomba, en la carretera que comunica a Yamasá con Guanuma. Al acto asistieron hijos y hermanos de Mamá Tingó, y grupos de dirigentes comunitarios.

Recientemente el gobierno dominicano designó la primera línea del METRO, de Santo Domingo, con el nombre de “MAMÁ TINGÓ”.

Mamá Tingó es un ejemplo en la lucha en defensa de los intereses de los hombres y mujeres que trabajan la tierra, para que no hayan NI HOMBRES SIN TIERRAS; NI TIERRAS SIN HOMBRES.

José Gómez Cerda
Santo Domingo, 2009
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lunes, 26 de octubre de 2009

Ahora que vuelvo, Ton

Cuento
Por René del Risco Bermúdez (1937-1972)

Eras realmente pintoresco, Ton; con aquella gorra de los Tigres del Licey, que ya no era azul sino berrenda, y el pantalón de kaky que te ponías planchadito los sábados por la tarde para ir a juntarte con nosotros en la glorieta del Parque Salvador a ver las paradas de los Boys Scouts en la avenida y a corretear y bromear hasta que de repente la noche oscurecía el recinto y nuestros gritos se apagaban por las calles del barrio.

Te recuerdo, porque hoy he aprendido a querer a los muchachos como tú y entonces me empeño en recordar esa tu voz cansona y timorata y aquella insistente cojera que te hacía brincar a cada paso y que sin embargo no te impedía correr de home a primera, cuando Juan se te acercaba y te decía al oído "vamos a sorprenderlos, Ton; toca por tercera y corre mucho". Como jugabas con los muchachos del "Aurora", compartiste con nosotros muchas veces la alegría de formar aquella rueda en el box "¡rosi, rosi, sin bom-ba - Aurora - Aurora - ra- ra- ra!" y eso que tú no podías jugar todas las entradas de un partido porque había que esperar a que nos fuéramos por encima del "Miramar" o "la Barca" para darle "un chance a Ton que vino tempranito" y "no te apures, Ton que ahorita entras de emergente ".

¿Cómo llegaste al barrio? ¿Cuándo? ¿Quién te invitó a la pandilla? ¿Qué cuento de Pedro Animal hizo Toñín esa noche, Ton? ¿Serías capaz de recordar que en el radio en casa de Candelario todas las noches "Mejoral, el calmante sin rival, presenta "Cárcel de mujeres", y entonces alguien daba palmadas desde la puerta de una casa y ya era hora de irse a dormir, "se rompió la taza..."

Yo no sé si tú, con esa manera de mirar con un guiño que tenías cuando el sol te molestaba, podrías reconocerme ahora. Probablemente la pipa apretada entre los dientes me presta una apariencia demasiado extraña a ti, o esta gordura que empieza a redondear mi cara y las entradas cada vez más obvias en mi cabeza, han desdibujado ya lo que podría recordarse de aquel muchacho que se hacía la raya a un lado, y que algunas tardes te acompañó a ver los training de Kid Barquerito y de 22-22 en la cancha, en los tiempos en que "Barquero se va para La Habana a pelear con Acevedo" y Efraín, el entrenador, con el bigote de Joaquín Pardavé, "¡Arriba, arriba, así es; la izquierda, el jab ahora; eso es" y tú después, apoyándote en tu pie siempre empinado, "¡can-can-can-can!" golpeando el aire con tus puños, bajábamos por la calle Sánchez, "¡can-can-can!", jugabas la soga contra la pared, siempre saltando por tu cojera incorregible y yo te decía que "no jodas Ton" pero tú seguías y entonces, ya en pleno barrio, yo te quitaba la gorra, dejando al descubierto el óvalo grande de tu cabeza de zeppelin, aquella cabeza del "Ton, Melitón, cojo y cabezón!" con que el Flaco Pérez acompañaba el redoble de los tambores de los Boys Scouts para hacerte rabiar hasta el extremo de mentarle "¡Tumadrehijodelagranputa", y así llegábamos corriendo, uno detrás del otro, hasta la puerta de mi casa, donde, poniéndote la gorra, decías siempre lo mismo: "¡a mí no me hables!".

Para esos tiempos el barrio no estaba tan triste, Ton; no caía esa luz desteñida y polvorienta sobre las casas ni este deprimente olor a toallas viejas se le pegaba a uno en la piel como un tierno y resignado vaho de miseria, a través de las calles por donde minutos atrás yo he venido inútilmente echando de menos los ojos juntos y cejudos del "búho Pujols", las latas de carbón a la puerta de la casa amarilla, el perro blanco y negro de los Pascual, la algarabía en las fiestas de cumpleaños de Pin Báez, en las que su padre tomaba cervezas con sus amigos sentado contra la pared de ladrillos, en un rincón sombrío del patio, y nosotros, yo con mi traje blanco almidonado; ahora recuerdo el bordoneo puntual y melancólico de la guitarra de Negro Alcántara, mientras alrededor del pozo corríamos y gritábamos y entre el ruido de la heladera el diente careado de Asia salía y se escondía alternativamente en cada grito.

Era para morirse de risa, Ton, para enlodarse los zapatos; para empinarse junto al brocal y verse en el espejo negro del pozo, cara de círculos concéntricos, cabellos de helechos, salivazo en el ojo, y después "mira como te has puesto, cualquiera te revienta, perdiste dos botones, tigre, eso eres, un tigre, a este muchacho, Arturo, hay que quemarlo a golpes"; pero entonces éramos tan iguales, tan lo mismo, tan "fraile y convento, convento sin fraile, que vaya y que venga", Ton, que la vida era lo mismo, "un gustazo: un trancazo", para todos.

Claro que ahora no es lo mismo. Los años han pasado. Comenzaron a pasar desde aquel día en que miré las aguas verdosas de la zanja, cuando papá cerró el candado y mamá se quedó mirando la casa por el vidrio trasero del carro y yo los saludé a ustedes, a ti, a Fremio, a Juan, a Toñín, que estaban en la esquina, y me quedé recordando esa cara que pusieron todos, un poco de tristeza y de rencor, cuando aquella mañana, (ocho y quince en la radio del carro) nos marchamos definitivamente del barrio y del pueblo.

Ustedes quedarían para siempre contra la pared grisácea de la pulpería de Ulises. La puya del trompo haciendo un hoyo en el pavimento, la gangorra lanzada al aire con violenta soltura, machacando a puyazos y cabezazos la moneda ya negra de rodar por la calle; no tendrían en lo adelante otro lugar que junto a ese muro que se iría oscureciendo con los años "a Milita se la tiró Alberto en el callejoncito del tullío" escrito con carbón allí, y los días pasando con una sorda modorra que acabaría en recuerdo, en remota y desvaída imagen de un tiempo inexplicablemente perdido para siempre.

Una mañana me dio por contarles a mis amigos de San Carlos cómo eran ustedes; les dije de Fremio, que descubrió que en el piso de los vagones, en el muelle, siempre quedaba azúcar parda cuando los barcos estaban cargando, y que se podía recoger a puñados y hasta llenar una funda y sentarnos a comerla en las escalinatas del viejo edificio de aduanas; les conté también de las zambullidas en el río y llegar hasta la goleta de tres palos, encallada en el lodo sobre uno de sus costados, y que una vez allí, con los pies en el agua, mirando el pueblo, el humo de la chimenea, las carretas que subían del puerto cargadas de mercancías, pasábamos el tiempo orinan-do, charlando, correteando de la popa al bauprés, hasta que en el reloj de la iglesia se hacía tarde y otra vez, braceando, ganamos la orilla en un escandaloso chapoteo que ahora me parece estar oyendo, aunque no lo creas, Ton.

Los muchachos quedaron fascinados con nuestro mundo de manglares, de locomotoras, de cigüas, de cuevas de cangrejos, y desde entonces me hicieron relatar historias que en el curso de los días yo fui alterando poco a poco hasta llegar a atribuir a ustedes y a mí verdaderas epopeyas que yo mismo fui creyendo y repitiendo, no sé qué día en que quizás comprendí que sería completamente inútil ese afán por mostrarnos de una imagen que, como las viejas fotos, se amarilleaba y desteñía ineludiblemente. La vida fue cambiando, Ton; entonces yo me fui inclinando un poco a los libros y me interné en un extraño mundo mezcla de la Ciencia Natural de Fesquet, versos de Bécquer, y láminas de Billiken; me gustaba el camino al colegio cada mañana bajo los árboles de la avenida Independencia, el rostro de Rita Hayworth, en la pequeña y amarilla pantalla del "Capitolio", me hizo olvidar a Flash Gordon y a los Tres Chiflados. Ya para entonces papá ganaba buen dinero en su puesto de la Secretaría de Educación, y nos mudamos a una casa desde donde yo podía ver el mar y a Ivette, con sus shorts a rayas y sus trenzas doradas que marcaban el vivo ritmo de sus ojos y su cabeza; con ella me acostumbré a Nat King Cole, a Fernando Fernández, los viejos discos de los Modernaires, y aprendía a llevar el compás de sus golpes junto a la mesa de Ping-Pong; no le hablé nunca de ustedes, esa es la verdad, quizás porque nunca hubo la oportunidad para ello o tal vez porque los días de Ivette pasaron tan rápidos, tan llenos de "ven-mira-esta es Gretchen el Pontiac de papi dice Albertico - me voy a Canadá" que nunca tuve la necesidad ni el tiempo para recordarlos.

¿Tú sabes qué fue del Andrea Doria, Ton? Probablemente no lo sepas; yo lo recuerdo por unas fotos del "Miami Herald" y porque los muchachos latinos de la Universidad nos íbamos a un café de Coral Gables a cantar junto a jarrones de cerveza "Arrivederci Roma", balanceándonos en las sillas como si fuésemos en un bote salvavidas; yo estudiaba el inglés y me gustaba pronunciar el "good bay..." de la canción, con ese extraño gesto de la barbilla muy peculiar en las muchachas y muchachos de aquel país. ¿Y sabes, Ton, que una vez pensé en ustedes? Fue una mañana en que íbamos a lo largo de un muelle mirando los yates y vi un grupo de muchachos despeinados y sucios que sacaban sardinas de un jarro oxidado y las clavaban a la punta de sus anzuelos, yo me quedé mirando un instante aquella pandilla y vi un vivo retrato nuestro en el muelle de Macorís, sólo que nosotros no éramos rubios, ni llevábamos zapatos tennis, ni teníamos caña de pescar, ahí se deshizo mi sueño y seguí mirando los yates en compañía de mi amigo nicaragüense, muy aficionado a los deportes marinos.

Y los años van cayendo con todo su peso sobre los recuerdos, sobre la vida vivida, y el pasado comienza a enterrarse en algún desconocido lugar, en una región del corazón y de los sueños en donde permanecerán, intactos tal vez, pero cubiertos por la mugre de los días sepultados bajo los libros leídos, la impresión de otros países, los apretones de manos, las tardes de fútbol, las borracheras, los malentendidos, el amor, las indigestiones, los trabajos. Por eso, Ton, cuando años más tarde me gradué de Médico, la fiesta no fue con ustedes sino que se celebró en varios lugares, corriendo alocadamente en aquel Triumph sin muffler que tronaba sobre el pavimento, bailando hasta el cansancio en el Country Club, descorchando botellas en la terraza, mientras mamá traía platos de bocadillos y papá me llamaba "doctor" entre las risas de los muchachos; ustedes no estuvieron allí ni yo estuve en ánimo, de reconstruir viejas y melancólicas imágenes de paredes derruidas, calles polvorientas, pitos de locomotoras y pies descalzos metidos en el agua lodosa del río, ahora los nombres eran Héctor, Fred, Américo, y hablaríamos del Mal de Parkinson, de las alergias, de los test de Jung y de Adler y también de ciertas obras de Thomas Mann y François Mauriac.

Todo esto deberá serte tan extraño, Ton; te será tan "había una vez y dos son tres, el que no tiene azúcar no toma café " que me parece verte sentado a horcajadas sobre el muro sucio de la Avenida, perdidos los ojos vagos entre las ramas rojas de los almendros, escuchando a Juan contar las fabulosas historias de su tío marinero que había naufragado en el canal de la Mona y que en tiempos de la guerra estuvo prisionero de un submarino alemán, cerca de Curazao. Siempre asumieron tus ojos esa vaguedad triste e ingenua cuando algo te hacía ver que el mundo tenía otras dimensiones que tú, durmiendo entre sacos de carbón y naranjas podridas, no alcanzarías a conocer más que en las palabras de Juan, o en las películas de la guagüita Bayer o en las láminas deportivas de "Carteles".

Yo no sé cuáles serían entonces tus sueños, Ton, o si no los tenías; yo no sé si las gentes como tú tienen sueños o si la cruda conciencia de sus realidades no se lo permiten, pero de todos modos yo no te dejaría soñar, te desvelaría contándote todo esto para de alguna forma volver a ser uno de ustedes, aunque sea por esta tarde solamente. Ahora te diría cómo, años después, mientras hacía estudios de Psiquiatría en España, conocí a Rosina, recién llegada de Italia con un grupo de excursionistas entre los que se hallaban sus dos hermanos, Piero y Francesco, que llevaban camisetas a rayas y el cabello caído sobre la frente. Nos encontramos accidentalmente, Ton, como suelen encontrarse las gentes en ciertas novelas de Françoise Sagan; tomábamos "Valdepeñas" en un mesón, después de una corrida de toros, y Rosina, que acostumbra a hablar haciendo grandes movimientos, levantaba los brazos y enseñaba el ombligo una pulgada más arriba de su pantalón blanco. Después sólo recuerdo que alguien volcó una botella de vino sobre mi chaqueta y que Piero cambiaba sonrisitas con el pianista en un oscuro lugar que nunca volví a encontrar. Meses más tarde, Rosina volvió a Madrid y nos alojamos en un pequeño piso al final de la Avenida Generalísimo; fuimos al fútbol, a los museos, al cine-club, a las ferias, al teatro, leímos, veraneamos, tocamos guitarra, escribimos versos, y una vez terminada mi especialidad, metimos los libros, los discos, la cámara fotográfica, la guitarra y la ropa en grandes maletas, y nos hicimos al mar.

"¿Cómo es Santo Domingo?", me preguntaba Rosina una semana antes, cuando decidimos casarnos, y yo me limitaba a contestarle, "algo más que las palmas y tamboras que has visto en los afiches del Consulado".

Eso pasó hace tiempo, Ton; todavía vivía papá cuando volvimos. ¿Sabes que murió papá? Debes saberlo. Lo enterramos aquí porque él siempre dijo que en este pueblo descansaría entre camaradas. Si vieras cómo se puso el viejo, tú que chanceabas con su rápido andar y sus ademanes vigorosos de "muñequito de cuerda", no lo hubieras reconocido; ralo el cabello grisáceo, desencajado el rostro, ronca la voz y la respiración, se fue gastando angustiosamente hasta morir una tarde en la penumbra de su habitación entre el fuerte olor de los medicamentos. Ahí mismo iba a morir mamá un año más tarde apenas; la vieja murió en sus cabales, con los ojos duros y brillantes, con la misma enérgica expresión que tanto nos asustaba Ton.

Por mi parte, con Rosina no me fue tan bien como yo esperaba; nos hicimos de un bonito apartamento en la avenida Bolívar y yo comencé a trabajar con relativo éxito en mi consultorio. Los meses pasaron a un ritmo normal para quienes llegan del extranjero y empiezan a montar el mecanismo de sus relaciones: invitaciones a la playa los domingos, cenas, a bailar los fines de semanas, paseos por las montañas, tertulias con artistas y colegas, invitaciones a las galerías, llamadas telefónicas de amigos, en fin ese relajamiento a que tiene uno que someterse cuando llega graduado del exterior y casado con una extranjera. Rosina asimilaba con naturalidad el ambiente y, salvo pequeñas resistencias, se mostraba feliz e interesada por todo lo que iba formando el ovillo de nuestra vida. Pero pronto las cosas comenzaron a cambiar, entré a dar cátedras a la Universidad y a la vez mi clientela crecía, con lo que mis ocupaciones y responsabilidades fueron cada vez mayores, en tanto había nacido Francesco José, y todo eso unido, dio un giro absoluto a nuestras relaciones.

Rosina empezó a lamentarse de su gordura y entre el "Metrecal" y la balanza del baño dejaba a cada instante un rosario de palabras amargadas e hirientes, la vida era demasiado cara en el país, en Italia los taxis no son así, aquí no hace más que llover y cuando no el polvo se traga a la gente, el niño va a tener el pelo demasiado duro, el servicio es detestable, un matrimonio joven no debe ser un par de aburridos, Europa hace demasiada falta, uno no puede estar pegando botones a cada rato, el maldito frasco de "Sucaril" se rompió esta mañana, y así se fue amargando todo, amigo Ton, hasta que un día no fue posible oponer más sensatez ni más mesura y Rosina voló a Roma en "Alitalia" y yo no sé de mi hijo Francesco más que por dos cartas mensuales y unas cuantas fotos a colores que voy guardando aquí, en mi cartera, para sentir que crece junto a mí. Esa es la historia.

Lo demás no será extraño, Ton. Mañana es Día de Finados y yo he venido a estar algún momento junto a la tumba de mis padres; quise venir desde hoy porque desde hace mucho tiempo me golpeaba en la mente la ilusión de este regreso. Pensé en volver a atravesar las calles del barrio, entrar en los callejones, respirar el olor de los cerezos, de los limoncillos, de la yerba de los solares, ir a aquella ventana por donde se podía ver el río y sus lanchones; encontrarlos a ustedes junto al muro gris de la pulpería de Ulises, tirar de los cabellos al "Búho Pujols", retozar con Fremio, chancear con Toñín y con Pericles, irnos a la glorieta del parque Salvador y buscar en el viento de la tarde el sonido uniforme de los redoblantes de los Boys Scouts. Pero quizás deba admitir que ya es un poco tarde, que no podré volver sobre mis pasos para buscar tal vez una parte más pura de la vida.

Por eso hace un instante he dejado el barrio, Ton, y he venido aquí, a esta mesa y me he puesto a pedir casi sin querer, botellas de cerveza que estoy tomando sin darme cuenta, porque, cuando te vi entrar con esa misma cojera que no me engaña y esa velada ingenuidad en la mirada, y esa cabeza inconfundible de "Ton Melitón cojo y cabezón" mirándome como a un extraño, sólo he tenido tiempo para comprender que tú sí que has permanecido inalterable, Ton; que tu pureza es siempre igual la misma de aquellos días, porque sólo los muchachos como tú pueden verdaderamente permanecer incorruptibles aun por debajo de ese olvido, de esa pobreza, de esa amargura que siempre te hizo mirar las rojas ramas del almendro cuando pensabas ciertas cosas. Por eso yo soy quien ha cambiado, Ton, creo que me iré esta noche y por eso también no sé si decirte ahora quién soy y contarte todo esto, o simplemente dejar que termines de lustrarme los zapatos y marcharme para siempre.

Noviembre 3, 1968, Santo Domingo, R. D.

RENÉ DEL RISCO BERMÚDEZ (1937-1972). San Pedro de Macorís, República Dominicana.
Publicaciones:
El viento frío (1967), Del júbilo a la sangre (1967), En el barrio no hay banderas (1974).

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domingo, 25 de octubre de 2009

Locos de invierno

Por Pablo Neruda

Fragmento de sus memorias, Confieso que he vivido.

Entre los poetas locos que conocí en otros tiempos, hablaré de Alberto Valdivia. El poeta Alberto Valdivia era uno de los hombres más flacos del mundo y era tan amarillento como si hubiera sido hecho sólo de hueso, con una brava melena gris y un par de gafas que cubrían sus ojos miopes, de mirada distante. Lo llamábamos “el cadáver Valdivia”.

Entraba y salía silenciosamente en bares y cenáculos, en cafés y en conciertos, sin hacer ruido y con un misterioso paquetito de periódicos bajo el brazo. “Querido cadáver” le decíamos sus amigos, abrazando su cuerpo incorpóreo con la sensación de abrazar una corriente de aire.

Escribió preciosos versos cargados de sentimiento sutil, de intensa dulzura. Algunos de ellos son estos: “Todo se irá, la tarde, el sol, la vida: /será el triunfo del mal, lo irreparable. /Sólo tú quedarás, inseparable / hermana del ocaso de mi vida”.

Un verdadero poeta era aquel a quien llamábamos “el cadáver Valdivia”, y lo llamábamos así, con cariño. Muchas veces le dijimos: “Cadáver, quédate a comer con nosotros”. Nuestro sobrenombre no le molestó nunca. A veces, en sus delgadísimos labios, había una sonrisa. Sus frases eran escasas, pero cargadas de intención. Se hizo un rito llevarlo todos los años al cementerio. La noche anterior al primero de noviembre se le ofrecía una cena tan suntuosa como lo permitían los escuálidos bolsillos de nuestra juventud estudiantil y literaria. Nuestro “cadáver” ocupaba el sitio de honor. A las 12 en punto se levantaba la mesa y en alegre procesión nos íbamos al cementerio. En el silencio nocturno se pronunciaba algún discurso celebrando al poeta “difunto”. Luego, cada uno de nosotros se despedía de él con solemnidad y partíamos dejándolo completamente solo en la puerta del camposanto. El “cadáver Valdivia” había ya aceptado esta tradición en la que no había ninguna crueldad, puesto que hasta el último momento él compartía la farsa. Antes de irnos se le entregaban algunos pesos para que comiera un sándwich en el nicho.

Dos o tres días después no sorprendía a nadie que el poeta cadáver entrara de nuevo sigilosamente por corrillos y cafés. Su tranquilidad estaba asegurada hasta el próximo primero de noviembre.

En Buenos Aires conocí a un escritor argentino, muy excéntrico, que se llamaba Omar Vignole. No sé si vive aún. Era un hombre grandote, con un grueso bastón en la mano. Una vez, en un restaurante del centro donde me había invitado a comer, ya junto a la mesa se dirigió a mí con un ademán oferente y me dijo con voz estentórea que se escuchó en toda la sala repleta de parroquianos: “¡Sentate, Omar Vignole!” Me senté con cierta incomodidad y le pregunté de inmediato: “Por qué me llamas Omar Vignole, a sabiendas de que tú eres Omar Vignole y yo Pablo Neruda?” “Sí" –me respondió-, "pero en este restaurante hay muchos que sólo me conocen de nombre y, como varios de ellos me quieren dar una paliza, yo prefiero que te la den a ti”.

Este Vignole había sido agrónomo en una provincia argentina y de allá se trajo una vaca con la cual trabó una amistad entrañable. Paseaba por todo Buenos Aires con su vaca, tirándola de una cuerda. Por entonces publicó algunos de sus libros que siempre tenían títulos alusivos: Lo que piensa la vaca, Mi vaca y yo, etc., etc. Cuando se reunió por primera vez en Buenos Aires el congreso del Pen Club mundial, los escritores presididos por Victoria Ocampo temblaban ante la idea de que llegara al congreso Vignole con su vaca. Explicaron a las autoridades el peligro que les amenazaba y la policía acordonó las calles alrededor del Hotel Plaza para impedir que arribara al lujoso recinto donde se celebraba el congreso, mi excéntrico amigo con el rumiante. Todo fue inútil. Cuando la fiesta estaba en su apogeo, y los escritores examinaban las relaciones entre el mundo clásico de los griegos y el sentido moderno de la historia, el gran Vignole irrumpió en el salón de conferencias con su inseparable vaca, la que para complemento comenzó a mugir como si quisiera tomar parte en el debate. La había traído al centro de la ciudad dentro de un enorme furgón cerrado que burló la vigilancia policial.

De este mismo Vignole contaré que una vez desafió a un luchador de catch-as-can. Aceptado el desafío por el profesional, llegó la noche del encuentro en un Luna Park repleto. Mi amigo apareció puntualmente con su vaca, la amarró a una esquina del cuadrilátero, se despojó de su elegantísima bata y se enfrentó a “El Estrangulador de Calcuta”.

Pero aquí no servía de nada la vaca, ni el suntuoso atavío del poeta luchador. “El Estrangulador de Calcuta” se arrojó sobre Vignole y en un dos por tres lo dejó convertido en un nudo indefenso, y le colocó, además, como signo de humillación, un pie sobre su garganta de toro literario, entre la tremenda rechifla de un público feroz que exigía la continuación del combate.

Pocos meses después publicó un nuevo libro: Conversaciones con la vaca. Nunca olvidaré la originalísima dedicatoria impresa en la primera página de la obra. Así decía, si mal no recuerdo: “Dedico este libro filosófico a los cuarenta mil hijos de puta que me silbaban y pedían mi muerte en el Luna Park la noche del 24 de febrero”.
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jueves, 22 de octubre de 2009

Sueño (Paseando La Vega en coche)

Rhina Espaillat

Rhina Espaillat nació en Santo Domingo y creció en La Vega, República Dominicana. Escribe y publica en inglés y español. La poesía de Dña. Rhina ha recibido un sinnúmero de premios. La primera Feria Dominicana del Libro de Nueva York, versión 2006, fue dedicada a Dña. Rhina. Asimismo, el primer día de la recién pasada Feria del Libro de La Vega, fue dedicado a la encantadora señora. El presente poema fue tomado de su libro Agua de dos ríos (bilingüe).

Prendida del sueño
me encontré esta noche
paseando por toda, toda
La Vega en coche.

Se quedó mi cuerpo,
se quedó dormido,
y voló el recuerdo
como ave hacia el nido.

Sin carne, sin hueso,
desnudo en el viento
como la palabra
que viste de aliento.

Me vestí de niña,
niña juguetona
tras el potro alegre
y la rueda chillona,

Sumida en el sueño,
magia de la noche,
paseando, paseando
La Vega en coche.

En la sombra fresca
del naranjo había
rebaño de primos
y una que otra tía,

Risas y refrescos,
trenzas y abanicos,
regaños, caricias:
No molesten, chicos,

Mira que me tumban,
cuidado con eso,
ay, que Dios te guarde,
ven a darme un beso.

Hora del rosario,
velas y plegarias,
colibrí suspenso
sobre trinitarias.

Mecida entre sueños
todita la noche
me perdí paseando
La Vega en coche,

De la fortaleza
-banderas y dianas-
por mi callejuela
patios y persianas,

Isabel Segunda,
pirulí, cayena,
alelí y hortensia,
rosa y yerbabuena.

Por la plaza antigua
-balcones, sombrillas,
bustos de los héroes,
portones, rejillas-

Y entre flamboyanes,
camino del río,
rumor de corriente,
perfume de estío.

Soñando, soñando
ay, qué dulce noche,
paseando todita, todita
La Vega en coche.
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martes, 20 de octubre de 2009

¿Latinos, hispanos, americanos o qué diablos?

Por Isaías Medina Ferreira

En nuestros respectivos países somos simplemente argentinos, mejicanos, dominicanos, cubanos, puertorriqueños, etc. Al llegar a los Estados Unidos, además de seguir siendo argentinos, mejicanos, dominicanos, etc., somos parte de la gran “familia hispana o latina”, sello distintivo que nos plantan como si fuese una chapa pendiente de un collar. Pero cuidado, no sólo somos latinos o hispanos, también somos latinoamericanos o hispanoamericanos, para distinguirnos de los “únicos americanos”, los de los Estados Unidos, o América, como les gusta a los norteamericanos llamarse, como si ellos fuesen los únicos americanos.

Según este razonamiento, nosotros somos de las “Américas” un topónimo que además de incorrecto, pues América es todo el continente que se extiende desde Alaska hasta la Patagonia, es despectivo, pues implícitamente denota que existe “la América verdadera, Estados Unidos, y el resto”, refiriéndose a Suramérica y a América Central.

Pero no sólo hay imprecisión cuando aceptamos y usamos el topónimo “Américas”, sino que hay confusión en cuanto a qué somos, ¿latinos o hispanos? En algunos casos somos ambos, si procedemos de un lugar donde se hable español.

Como hemos dicho, América se extiende desde Alaska hasta la Patagonia y por conveniencia, por la ubicación, acostumbramos a referirnos a tres Américas: América del Norte o Norteamérica, que comprende a Méjico, Estados Unidos (incluyendo a Alaska) y Canadá; América Central o Centroamérica, que va desde Guatemala hasta Panamá (incluyendo a las islas del Caribe), y Suramérica, que va desde Colombia a la Patagonia.

No olvidemos que en Suramérica se habla, además del español, el portugués, como en el Brasil, y el inglés, como en la República de Guayana.

Decir Latinoamérica no es lo mismo que decir Hispanoamérica o Iberoamérica.

Iberoamérica se refiere a las naciones colonizadas por los países de la península Ibérica; o sea, España y Portugal. En ese caso, son iberoamericanos exclusivamente los países de América que hablan español y portugués.

Hispanoamericanos somos quienes venimos de los países colonizados por España y que por supuesto hablamos español. Esto incluye a Méjico, Centroamérica, una parte de las islas del Caribe y gran parte de Suramérica.

Latinoamérica comprende a todos los países colonizados o dominados por naciones latinas, lo cual comprende a España, Portugal y Francia. Latinoamérica incluye a Hispanoamérica; o sea, es un término más amplio. Haití, cuyo idioma oficial es el francés, es parte de Latinoamérica, pero no de Hispanoamérica, ni tampoco pertenece a ésta última designación Brasil, cuyo idioma oficial es el portugués.

Para ser precisos, cuando en Estados Unidos nos incluyen dentro de las “benditas” minorías, usado casi siempre como sinónimo de desposeídos o “descamisados” por los políticos, lo que incluye a los negros norteamericanos, a los nativos (o indios), a las mujeres y a los discapacitados; en fin, cuando se nos designa como ciudadanos de segunda clase, como grupo somos latinos, si la intención es incluir a todos los de las “Américas” y no simplemente a los hispanos.

Aunque no me avergüenzo de que me cuenten entre los latinos e hispanos, lo que al fin y al cabo no es más que un hecho fortuito, me deja un sabor amargo en la boca el que la mayoría de veces se use el término para señalarnos como a borregos. Después de todo, ¿por qué no exigir que se refieran a nosotros como individuos, como seres humanos, antes que nada, sin aceptar y contentarnos con sellos y distinciones peyorativas?
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lunes, 19 de octubre de 2009

Los artistas y la peligrosa creatividad de Petán (I de III)

Por José Tobías Beato | © mediaIsla

José Arismendi Trujillo Molina (a) Petán, uno de los hermanos menores del generalísimo Trujillo, pese a la rusticidad de su alma y de su conducta frecuentemente delincuencial, se convirtió en el mayor mecenas que haya tenido la nación dominicana hasta el día de hoy.

Su emisora de radio, La Voz Dominicana, fue una de las más potentes de la América Latina. Introdujo la televisión, siendo apenas el tercer país latinoamericano, después de Cuba y México, que se daba el lujo de poseer el genial invento. Y las escuelas de canto, locución y baile, junto a las orquestas que tuvo a su servicio, crearon o consolidaron la más formidable ola de artistas dominicanos. La conmemoración anual de la fundación de la planta radio-televisora, la famosa "Semana Aniversario", devino en la meca de los más afamados artistas internacionales.

Por cierto, para la época, el merengue ya había recorrido una larga historia, fomentado por algunos políticos, incluyendo a Trujillo, que desde su campaña primera en 1930 amenizó sus reuniones proselitistas con música de tierra adentro, el "perico ripiao" del campesinado pobre. Unos pocos años después el alegre y pimentoso ritmo fue urbanizado, al hacerlo suyo músicos con preparación clásica, quienes le incorporaron instrumentos como el piano, el saxofón y la trompeta.

En esa labor destacó sobremanera el maestro Luis Alberti (1906 – 1976), nacido en la ciudad de La Vega, quien creó una línea melódica bien definida que matizó con ricas armonías, como puede muy bien notarse en su "Compadre Pedro Juan". Así, el merengue dejó en el conuco y la gallera sus viejos harapos, y ahora ricamente ataviado, pasó a exhibirse con majestuosa dignidad en los salones de la clase alta y media. Para ello contó prontamente con el apoyo oficial del régimen trujillista. Casi por ese mismo tiempo, un poco antes, algo similar habían hecho los argentinos con el tango, sacándolo de mercados y burdeles, para escándalo de muchos intelectuales que abominaban del apasionado ritmo y de la sensualidad de su baile (para los que gustan de estos temas próximamente publicaré el trabajo " Gardel, los intelectuales y el poeta Le Pera").

Por supuesto, el aporte de Alberti, como todo en la vida, se basaba en los trabajos de otros, que le despejaron el camino. Incluyendo a su propio ancestro, el coronel Juan Bautista Alfonseca, que fue de los primeros, sino el primero que llevó las notas del merengue al pentagrama. Esto era necesario para la futura difusión e inmortalización n del género.

Antes de eso, de hecho, muchas de las más originales creaciones se las había llevado el viento, al no tener sus creadores modo de eternizarlas por desconocer la teoría y la escritura musical, caso de muchos de los merengues de "Ñico Lora". Pese a todo, algo quedó, y la genialidad de este compositor espontáneo puede apreciarse, a modo de ejemplo, en la muy divulgada pieza que lleva por título "San Antonio".

(Para este sucinto trabajo he aprovechado, entre otros, algunos datos aportados por el musicólogo y músico Antonio Gómez Sotolongo, quien realizó años atrás un magnífico trabajo divulgador, por encargo de la desaparecida editora "Caña Brava", trabajos que agrupó bajo el nombre de "Los Cien Músicos del Siglo").

En 1946 LVD fundó una Academia de Canto, de la que fueron profesores meritorios el tenor Rafael Sánchez Cestero, José Dolores Cerón, los argentinos Carlos Crespo y Vladi Silva y los italianos Eugenio Pasta y Mario Ferretti, entre otros. En dicha escuela perfeccionó su canto Elenita Santos (n. 1933), nombre artístico de una hermosísima mujer de origen palestino, cuyo nombre verdadero es Gilén Nazir Cabalén. Estudió en la citada academia al recibir una muy merecida beca. A partir de entonces, su voz de un timbre singularmente bello, se conoció ampliamente en media América. Y se hizo la reina del ritmo que llamamos "Salve".

A José Dolores Cerón (1897- 1969) deben los dominicanos notables trabajos, porque él mismo era una figura notable: músico profesional, especializado en la interpretación n del chelo y en la composición musical. También hizo estudios profesionales de medicina. Fue Director de la Banda de Música del Ejército a partir de 1925, a la que incorporó diversos instrumentos que le permitieron abordar el repertorio clásico. Compositor original, fue el creador de la criolla "Cómo me besabas tú" y de poemas sinfónicos como Iguanona, Enriquillo, Las vírgenes de Galindo.

El maestro Cerón fue, asimismo, el que le dio el nombre artístico a Johnny Ventura, cuyo nombre es Juan de Dios Ventura. Mas, ese era casualmente, el nombre de uno de los invasores de junio del 59, piloto desertor de la dictadura, miembro destacado de la denominada "raza inmortal", quien fuera apresado, torturado y posteriormente hecho teniente coronel, fotografiado junto al embajador norteamericano, a fin de que quedara evidenciada la supuesta magnanimidad de Trujillo, estadista cristiano tan consecuente que, era capaz de perdonar hasta a sus enemigos más enconados.

Se trataba de una de esas maniobras teatrales en las que Trujillo se especializaba para disimular sus intenciones finales. Así, un día, el avión que piloteaba Juan de Dios se estrelló debido a una aparente falla mecánica, perdiendo su vida al instante. No, Trujillo no olvidaba ni perdonaba. Lo suyo era el teatro, táctica que enseñó a su hijo espiritual predilecto, el doctor Joaquín Balaguer, quien de la mano de tan experimentado preceptor, se hizo un simulador consagrado.

Por eso, el maestro Cerón, soldado de mil batallas, le sugirió al joven aprendiz de músico un cambio prudente de nombre que le ahorró, sin duda, unos previsibles sinsabores. De modo que Juan de Dios Ventura Soriano devino Johnny Ventura, nombre con el que ha entrado gloriosamente en la historia del arte popular tropical (la referencia proviene del "Fichero Artístico Dominicano" de Jesús Torres Tejeda).

Y así, este rebautizado Johnny Ventura (n. 1940), no solamente fue un artista que transformó el modo como se presentaba la orquesta ante el público, revolucionando la manera de bailar y contonearse debido al uso habilidoso de las piernas, creando nuevos pasos llenos de viril sensualidad y gracia masculina, sino que fue cantante, arreglista y compositor de temas sumamente exitosos.

Johnny, según cuentan, pensaba ser arquitecto, pero el destino lo llevó a participar en uno de los programas de La Voz Dominicana. Tras algunos fracasos, logró un primer lugar que le valió una beca para estudiar locución, música y técnica vocal en la escuela de la citada emisora. Aunque la fama y las contribuciones de Johnny se produjeron luego de la muerte de Trujillo y de la salida obligatoria del país de Petán Trujillo y de todos sus familiares: con el Combo Caribe de Luis Pérez vino "La agarradera" y del propio Johnny, "Cuidado con el cuabero." Ya con su propio combo-show, posteriormente vendrían discos de oro: "La muerte de Martín" y "¡Ah no, yo no sé no!" Pero la formación la tuvo en la citada academia de La Voz Dominicana.

En La Voz Dominicana se consagró la inmensa Casandra Damirón (n.1919 – 1983), coreógrafa, bailarina y cantante tan excelente que superaba con creces a la cubana Celia Cruz, según el polémico criterio del erudito periodista Alvaro Arvelo hijo. Nacida en Barahona, tempranamente había mostrado un talento extraordinario para el canto y el baile. En 1945 fue contratada por Petán para que trabajara con la superorquesta San José, dirigida por el maestro Luis Rivera. En La Voz Dominicana (LVD) formó un grupo con el que estilizó definitivamente el baile y las danzas criollas.

En LVD se formó y destacó el tenor ligero Armando Recio; también tuvo contrato de exclusividad en La Voz del Yuna, Lope Balaguer (n. 1925), a quien justamente se le conoce como el "cantantazo" , que ha popularizado temas como "Arenas del Desierto" de Héctor Cabral y Rafael Colón, "Sígueme" del maestro Solano, entre otras.

Nicolás Casimiro (n. 1911 – 1964), un negro con una voz poderosa, pero que podía ser suave y siempre afinada, no obstante ser un músico empírico, hacía galas de su voz de oro con anterioridad a Petán. Este lo contrató como artista exclusivo de La Voz del Yuna. Posteriormente en LVD hizo grabaciones de discos sencillos de 45 RPM, y luego LP's, o sea, discos de larga duración en pasta, muy exitosos en el período someramente estudiado.

Francis Santana (n. 1929), bolerista y merenguero de voz pegajosa, tenía años cantando cuando fue contratado como artista exclusivo de LVD en 1951, y luego para la "Orquesta Angelita" en 1957. Para las nuevas generaciones anotamos que Angelita es (porque aún vive), la hija menor de Trujillo. De aquella época se recuerdan en la voz de Santana "Massá Massá", una pieza bellísima del folklore haitiano, que por cierto, una noche que fue interpretada ante el generalísimo Trujillo, y éste no estaba de buen humor, se quejó inquiriendo la razón por la que tenía que escuchar música haitiana.

Todos sabían lo que había pasado en el año 1937, cuando Trujillo ordenó una "limpieza étnica" en la que murieron alrededor de veinte mil haitianos. En consecuencia, los músicos, al escuchar el comentario del hombre que había provocado tal matanza, espantados, pasaron a interpretar al instante merengues dominicanos (la anécdota, si mal no recuerdo es de Joseíto Mateo, contada en uno de los programas nocturnos de Freddy Beras Goico). Otra pieza famosa de la era en la voz de Francis Santana, lo fue "Salve San Cristóbal", del maestro Enriquillo Sánchez. Después grabaría piezas que se harían merecedoras de la eternidad, bajo la dirección de un hombre que bajo su modesta apariencia es un músico genial: Rafael Solano; pero esto es harina de otro costal.

Fueron artistas destacados de La Voz Dominicana, Tony Curiel (1931 – 2009) y Angela Vásquez, padres de la conocida vedette "la mulatona". Pero en el caso de Curiel hay que dar unos breves pincelazos más, pues fue destacado cantante de ópera que supo adaptar muy bien su voz al canto popular. El tenor había tenido su oportunidad al participar en un conocido programa de La Voz Dominicana, "Buscando Estrellas". Su destacada actuación le mereció una beca. Estudió bajo la dirección de José D. Cerón, Mario Ferreti y Dora Merteen. En 1959 grabó un LP con doce boleros (Orquesta San José, dirigida por el maestro Ramón Ant. Molina, mejor conocido como "Papa Molina").

Por cierto, el maestro Papa Molina (1925), nacido en la ciudad de Moca, fue un precoz músico que hizo de la trompeta su instrumento. Y en esta condición fue contratado como artista exclusivo por "La Voz del Yuna" para trabajar en la superorquesta San José, de la que llegó a ser su director. Compositor, es el creador, entre otras piezas notables, del bolero "Evocación", grabado por Alberto Beltrán y por la sin par Betty Misiego. También es el creador del poema sinfónico "Tres imágenes folklóricas".

Joseito Mateo (n. 1920) fue un talento multifacético, que por un tiempo fue exclusivo de La Voz Dominicana, tanto que en una ocasión en que debía viajar para grabar con la Sonora Matancera, le fue negado el permiso para viajar a Cuba, cosa nada rara en los tiempos de la dictadura trujillista: en la ocasión se grabó el famoso merengue "El negrito del batey" que había sido compuesto en su honor por el poeta Héctor J. Díaz con música de Medardo Guzmán. La pieza, por esta arbitraria circunstancia, pasó a ser más conocida dentro del repertorio de Alberto Beltrán. Bailarín, cantante de bolero, sonero y merenguero que impuso escuela, aparte de ser fructífero compositor, fue Joseíto Mateo el primer cantante del grupo puertorriqueño o "El Gran Combo", una de las agrupaciones emblemáticas de la música tropical. Su forma de bailar y de cantar hizo que se le llamara "el rey del merengue".

De esa formación salieron composiciones imprescindibles para la música dominicana: "La patrulla", "Madame Chuchú", "Los indios" (interpretado por J. Ventura), nombre por cierto, con el que fueron conocidos los policías, una vez que se presentaban a reprimir a los estudiantes y obreros en sus frecuentes luchas reivindicativas durante los gobiernos de Joaquín Balaguer. Por supuesto, el ritmo se convirtió en un himno, aunque ciertamente no fueran esas las intenciones de Mateo al componerlo, quien era más bien balaguerista (compuso luego un merengue para la campaña del citado político, "Chiquito, pero tupío"), pero ese es otro cantar. [José Tobías Beato, escritor dominicano, autor de La mariposa azul]

mediaIsla, según su propia descripción, más que un grupo o comunidad cerrada, constituye hoy por hoy una modesta sala de lectura donde convergen una serie de personas interesadas en la construcción de un puente de doble vía, a través de la reflexión y el ameno intercambio de información interesante.
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sábado, 17 de octubre de 2009

Lecciones de vida - 3

La Dra. que reemplazó la auto conmiseración con la esperanza
Tomado de NPR.org

Cuando Andrew DeVries se recobraba de un serio accidente en el año 2002, conoció una doctora que le ayudó a navegar en las dificultades de recobrar su salud y, en el proceso, a entablar una amistad para el resto de su vida.

El accidente — DeVries fue chocado por un automóvil mientras conducía su motocicleta — destrozó su pierna. Y el daño fue tan devastador que los cirujanos comenzaron a prepararlo para la posibilidad de que su pierna tuviera que ser amputada.

Hablando recientemente con su amiga Karyl DeBruyn, DeVries recordó: “mientras todo el mundo se preparaba para mi vida sin una pierna, una joven doctora se me acercó y me preguntó,‘Andy, ¿qué clase de bolas de golf prefieres?’”.

La doctora — quien funge como médico de cuidado primario para los pacientes del hospital — era Sarah Scholl.

DeVries, quien ahora tiene 62 años, recuerda que en medio de las noticias de los doctores de que iba a perder su pierna por la mitad del muslo, “hablar de bolas de golf me pareció casi una idiotez”.

Pero le contestó a Scholl que él prefería las bolas Pro V1 de Titleist.

El próximo día, al despertarse, DeVries encontró flores en su cuarto.

“Y justo en medio de todas esas flores, había un paquete de 12 bolas de golf Titleist Pro V1”, dice DeVries. “La Dra., Sarah, las había comprado para mí. Y con ello me trajo esperanza”.

“Ella me ayudó a parar de pensar en la lástima que debía sentir por mí mismo al contemplar la vida sin una pierna y me trajo un destello de esperanza”, recalca DeVries.

DeVries fue sometido a otra cirugía, la que podría resultar en una amputación.

“Desperté en la sala de recuperación y tenía los 10 dedos de los pies”, dice DeVries.

“Había un pequeño flujo de sangre — y decidieron no cortarme la pierna”.

Cuando DeVries fue dado de alta del hospital, Scholl fue quien lo condujo en una silla de ruedas a la ambulancia que lo conduciría a su casa. Y ella quería pedirle un favor a su paciente.

Dice DeVries: “Ella y yo habíamos entablado una muy, muy estrecha relación de doctor a paciente”.

Scholl le dijo a DeVries que ella había perdido su padre unos años antes y que cuando la ocasión se presentara ella quería que fuera él quien la condujera al altar y la entregara.

“Yo le dije, ‘Sarah, tú ni siquiera tienes novio’”.

A lo que Scholl replicó, “algún día tendré”.

En esa oportunidad, DeVries no estaba seguro si volvería a moverse sin su silla de ruedas. En total, le tomó cinco años para recuperarse completamente de la lesión en su pierna.

Él y Scholl mantuvieron la comunicación.

“Y este verano”, dice DeVries, “recibí un correo electrónico de ella que decía ‘ya tengo novio, ¿vas a venir?’”.

“Yo tuve el privilegio de caminar con mis propios pies, en lugar de una silla de ruedas, al conducir a Sarah por el pasillo hasta el altar”, dice DeVries.

Scholl se casó en Oregón. Cuando ella vio a DeVries en el aeropuerto de Portland, era la primera vez que lo veía en postura vertical.

La historia fue narrada en NPR el día 16 de octubre de 2009. Traducido al español del original The Doctor Who Replaced Self-Pity With Promise, por Isaías Medina Ferreira (metransol@yahoo.com)

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viernes, 16 de octubre de 2009

Michel Camilo-Caribe


Músicos
- Michel Camilo (piano)
- Paquito D'Rivera (sax)
- Michael Philip Mossman (trumpet)
- Israel Lopez "Cachao" (bass)
- Cliff Almond (drums)
- Guarionex Aquino (percussion) Siga Leyendo...

jueves, 15 de octubre de 2009

¿Qué impide a las mujeres avanzar?

Por Jack y Suzy Welch

Estamos en el [Siglo XXI] y todavía no hay muchas mujeres con el rango de Oficial Ejecutiva Jefe (CEO) en los Estados Unidos. En algunos países no hay siquiera muchas mujeres ejecutivas. ¿Por qué parece ser que las mujeres no pueden avanzar en el mundo corporativo?

La respuesta fácil es que el mundo corporativo es fundamentalmente sexista, que los hombres a cargo no quieren que las mujeres tengan éxito y conspiran para negarles promociones, les pagan por debajo de lo normal, o ambos. Esta es básicamente la explicación “los hombres son Neandertales”; y, tristemente, en algunos países y compañías, esa es la norma. Principalmente debido a la cultura o a prejuicios, hay hombres que piensan que las mujeres no caben en las corporaciones, y se las idean para crear ambientes de trabajo donde las mujeres no puedan avanzar aun se esfuercen como locas. Por lo general, esta resistencia de los varones es sutil y solapada. Algunas veces los hombres ni se dan cuenta de lo que están haciendo. De cualquier manera, las mujeres pagan el precio.

Hay una segunda respuesta que no resulta tan fácil. Decimos así porque cada vez que lo mencionamos en nuestras exposiciones, la audiencia gruñe inconforme. Esa respuesta es la “biología”. Hay pocas mujeres CEOs y un número desproporcionadamente pequeño de mujeres ejecutivas de alto nivel porque éstas tienen bebés. Y a pesar de lo que los bien intencionados pero despistados expertos digan, eso importa. Y se debe a que cuando las mujeres se deciden a tener hijos, a menudo también cortan sus horas de trabajo o viajan menos. Algunas mujeres cambian de trabajo prefiriendo posiciones con más flexibilidad, en las cuales generalmente tienen menos visibilidad. Otras, abandonan la fuerza laboral por completo. Una encuesta hecha por la Harvard Business School en 2002 con las graduadas de 1981, 1986 y 1991, reveló que 62% habían abandonado el mundo profesional para ese entonces. Cierto, de todas esas mujeres que inmediatamente fueron a trabajar en consultorías, finanzas y como gerentes, solamente 38% estaban trabajando a tiempo completo.

La decisión de tener hijos es completamente personal, pero como cualquier evento que altera la vida, éste tiene ramificaciones en la carrera de esa persona. Más que nada, tiene la tendencia a aminorar la posibilidad de avance profesional.

¿Es eso malo? No lo creemos así. Es la vida. Cada decisión tiene consecuencias. Como madre que trabaja, usted gana algo de valor inmensurable: más tiempo con sus niños. Al mismo tiempo, también abandona algo: su posición en la línea acelerada de avance. En los negocios, donde los jefes reciben compensación para triunfar y los accionistas están observando, las posiciones cimeras no son adjudicadas a las personas que no estén disponibles.

Habrá usted de preguntarse, y el talento, ¿no cuenta? La respuesta es si. Y el talento es a menudo la tabla de salvación para las mujeres que persiguen tener familia y una vibrante carrera profesional. Si es usted una madre de trabajo que consistentemente produce resultados dinámicos, la mayoría de jefes le facilitarán la flexibilidad que usted necesita. Pero usted debe ganarla. Y eso lleva tiempo. A veces años. A menudo, sin embargo, las mujeres no pueden o no quieren esperar mucho para ser madres. Entonces optan por salir de la competencia, disminuyendo la reserva de talento disponible para promoción y contribuyendo a otra razón por la que menos mujeres avanzan.

Muchas compañías han progresado enormemente en ayudar a las mujeres a mantener sus carreras en curso mientras sus niños están pequeños por medio de la creación de posiciones a tiempo parcial. Sin embargo, mientras el avance profesional esté basado en alto grado en la disponibilidad, el compromiso y el rendimiento consistente, y mientras las mujeres quieran pasar tiempo con sus hijos, las carreras de éstas siempre tendrán un camino diferente y más tortuoso que las de los hombres.

Jack y Suzy Welch son los autores del libro Winning, ‘Triunfando’. Jack Welch fue el Oficial Ejecutivo Jefe (CEO) de General Electric por mucho tiempo. El título original de este artículo es What’s Holding Women Back; traducido por Isaías Medina-Ferreira (metransol@yahoo.com)
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martes, 13 de octubre de 2009

José Luis González (1926-1997)

Perfiles breves
Autor desconocido (*)

Nació en Santo Domingo, el 8 de marzo 1926. Su padre era puertorriqueño y su mamá dominicana. Culturalmente, se formó en Puerto Rico. Estudió bachillerato en la Universidad de Puerto Rico. Recibió la Maestría y Doctorado en Filosofía y Letras, en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Fue novelista y cuentista. Según sus críticos recibió influencias de Ernest Hemingway, Sartre, Kafka y William Faulkner. Su prosa es de profundo contenido, pero su discurso es sencillo, en el lenguaje que todos entienden. No abusa del adjetivo y a través de la reticencia sigue comunicando después de la palabra escrita. Ejemplo de esto es La carta, (en El hombre en la calle, 1948) donde en unos párrafos nos da un relato dentro de otro relato. El cuento, en la reticencia, nos ofrece un amargo motivo para la reflexión.

Nunca negó que a partir de 1943 su pensamiento político se enmarcara en el marxismo militante. Fue partidario de la independencia de Puerto Rico. Algunos de sus trabajos narrativos: En la sombra, (cuentos 1943); Cinco cuentos de sangre (1945), premiado ese año por el Instituto de Literatura Puertorriqueña; El hombre en la Calle (cuentos, 1948); En este lado (1955): Paisa, (un relato de la emigración, 1950), novela corta, de fondo socio-político. El estilo de esta novela es realista, en dos planos. Don Cesáreo Rosa Nieves ha señalado que "su tesis es la desesperación del hombre boricua en el clima punzante de Nueva York; sus miserias y luchas contra los prejuicios antipuertorriqueños del ambiente. Sus personajes son trágicos. Los temas en la obra de José Luís González son: el dolor del obrero en su lucha de justicia social, la tristeza agónica de los hogares humildes y la pelea por el derecho del proletario en desgracia económica frente a una sociedad capitalista" (Rosa-Neves, Colección Puertorriqueña, 276).

En el cuento En el fondo del caño hay un negrito, relata el dolor de una familia que vive en la extrema pobreza, en el fango del manglar, y el negrito, hijo del matrimonio, quien busca su imagen en el espejo del agua. El oído de Dios es un cuento que expone las contradicciones del ser humano en sus códigos de valores. Mambrú se fue a la guerra (1972). El país de los cuatro pisos y otros ensayos (1980). Las caricias del tigre (1985); Nueva visita al cuarto piso (1986); La luna no es de queso (1988).

Publicó además los libros de cuentos La galería (1972), de biblioteca ERA y En Nueva York y otras desgracias (1973), de Siglo XXI editores, SA.

Vivió en México desde 1953 y le otorgaron la ciudadanía de ese país en 1955. Fue corresponsal de prensa en Praga, Berlín, París y Varsovia. Trabajó como profesor en las universidades de Tolouse, Francia; Guanajuato, México; Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, Colegio de Cayey y Universidad Autónoma de México. Murió en México, en 1997.

(*) Esta reseña biográfica ha sido copiada casi en su integridad de PRTC

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domingo, 11 de octubre de 2009

Cuentos memorables


Por Isaías Medina Ferreira

En un escrito anterior, cuyo título era De libros y lecturas, hablaba sobre los libros, casi todos de ficción, que me habían impresionado a lo largo de mi vida y en él dejaba entrever que dedicaría un segundo escrito exclusivamente al cuento o relato corto. Como lo ofrecido es deuda, por fin he logrado estructurar dicho artículo y aquí lo ofrezco, siempre con la esperanza de establecer diálogo o por lo menos tocar a algún joven aficionado a la literatura y éste le sirva de orientación. Esto último sería la mejor recompensa que podría recibir.

El cuento, si es bien manejado, es el género más fascinante que hay en literatura. Dicen los expertos que por su brevedad y la intensidad que requiere, es también el más difícil.

Las imágenes que crean una tensión tan densa que se podría cortar; la manipulación magistral del tiempo y el espacio de ficción que dan la sensación de un mundo tridimensional; la secuencia de actos que aunque parezcan absurdos, dentro de su contexto, el narrador los hace creíbles; la creación de expectativas de algo que no ocurre o si ocurre es diametralmente opuesto a lo que esperabas; y las ironías de la vida que te alcanzan hondo y te hacen pensar, meditar y explorar la condición humana, son algunos de los ingredientes que hacen a un relato estupendo.

¿Qué es un cuento? La pregunta no es nueva y las respuestas varían. En lo que sí parece haber consenso es en que el cuento debe ser intenso, tratar un solo tema central, ser económico en cuanto a las palabras escogidas y por ello insinuar, sugerir, tanto como decir. En un cuento, tan importante es lo dicho expresamente como lo tácito y las luces como las sombras. En un cuento sí que no puede haber desperdicios, como le gusta tanto decir a la gente hoy día.

¿Cuán extenso debe ser un cuento? Alguien ha dicho que un cuento no debe tener más de 10,000 palabras de extensión. Por supuesto, esa es una determinación arbitraria. Algunos cuentos como El perseguidor de Julio Cortázar se extienden por más de 50 páginas y otros hay que no llegan a las cien palabras como éste de García Márquez: "...el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida". Otros, como El dinosaurio, de Augusto Monterroso, sólo constan de una línea: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Estos dos ejemplos son una muestra de lo que hoy se ha dado en bautizar como micro-relatos. Aunque es aceptado que tanto El perseguidor como El dinosaurio son dos extremos de lo que puede ser un cuento en cuanto a extensión; típicamente, un cuento consta en promedio de 700 a 2,400 palabras.

Notará el lector que los cuentos que expongo en este escrito son todos latinoamericanos. Eso es adrede, por falta de espacio y de tiempo. Sin embargo, siendo el cuento un género que se practica, y se ha practicado por siglos, universalmente, existen tantos maestros en ese género, que para hacerles justicia habría que hacer otra selección con objetivos más amplios. Pienso en figuras como Antón Checkov, Fran Kafka, Ernest Hemingway, William Faulkner y Mark Twain, entre otros.

Por ahora, he aquí algunos relatos de maestros latinoamericanos indiscutibles del género que me han impresionado de tal forma que los tengo que releer cada cierto tiempo. La mayoría, si no todos, están al alcance de los lectores:

La autopista del Sur (Julio Cortázar); La galería (José Luís González); La mujer (Juan Bosch); La gallina degollada (Horacio Quiroga); El almohadón de plumas (Horacio Quiroga); La nochebuena de Encarnación Mendoza (Juan Bosch); El matadero (Esteban Echeverría); La siesta del martes (Gabriel García Márquez); Míster Taylor (Augusto Monterroso); Soliloquio o monólogo de Isabel viendo llover en Macondo (Gabriel García Márquez); En este pueblo no hay ladrones (García Márquez); No oyes ladrar los Perros (Juan Rulfo); El hombre que lloró (Juan Bosch); Hombre de la esquina rosada (Jorge Luís Borges); Los fugitivos (Alejo Carpentier) y Ahora que vuelvo, Ton, de René del Risco Bermúdez.

Si de esos relatos tuviera que elegir uno sólo, sin lugar a dudas sería La autopista del Sur. En esa historia Cortázar, usando como vehículo de narración un tapón de tráfico descomunal, crea un microcosmo fugaz que tiene su génesis (como en la creación), va a través de una expansión similar a la civilización en general, con sus reglas, injusticias y desórdenes, y luego colapsa, cuando se desbarata el tapón, dejando desubicados a quienes asimiló ese mundo por unos cuantos días y en cuya sociedad de infortunios floreció el amor o la camaradería, que la carrera loca de los autos que se alejan en la autopista al deshacerse el tapón diluye y destruye para siempre.

El cuento de nuestro malogrado René del Risco Bermúdez, Ahora que vuelvo, Ton, insinúa que la pobreza de espíritu nos hace más miserables que la pobreza física.

En El matadero somos testigos de los extremos a que pueden llegar hombres que individualmente son pacíficos y que una vez asociados en grupos se pueden convertir en salvajes irracionales.

Quiroga es el maestro de los finales chocantes: El almohadón de plumas, y La gallina degollada tienen un final tan inusitado, que tiempo después de haber leído ambos relatos, el efecto horripilante del desenlace le hace a uno estremecer el cuerpo.

En el desenlace de La Galería, del domínico-puertorriqueño-mejicano González, confluyen lo inhumano y la indiferencia ante el infortunio ajeno de manera anonadante y repugnante.

Juan Bosch es el maestro del tema campesino y social, y la vida trágica que a veces impone la pobreza a sus moradores. Aunque menciono sólo tres de sus cuentos, del gran maestro se puede decir que casi todo lo que escribió era excelente, pero tenía que poner un límite al escrito. En La nochebuena de Encarnación Mendoza, confluyen lo irónico y lo trágico de manera magistral. Bosch es asimismo un maestro del tema social, en el que sin ser panfletario retrata la lucha del hombre contra las injusticias de su medio y las consecuencias que esa lucha tiene en la condición humana. En El Hombre que lloró, la impotencia de un hombre camino al exilio y la ironía de no poder ver su familia, la que sin saberlo se aloja frente a la casa donde está escondido por motivos políticos, son un precio caro que paga el protagonista. En La mujer, lo irónico y lo absurdo se dan la mano para crear un desenlace sólo comprensible por ser sus protagonistas seres elementales en una sociedad primitiva.

Míster Taylor, de Monterroso, es la quintaesencia del victimario convertido en víctima de su propia invención cruel.

El perro es el amigo más fiel del hombre, pero ¿qué sucede cuándo la propia libertad está en juego? En Los fugitivos se da el caso de un perro guardián y un esclavo que escapan juntos sólo para que al fin, después de la pareja haber compartido mil infortunios, el perro salte a la garganta del negro esclavo y lo mate, como alguna vez había sido entrenado a hacer por sus amos.

Jorge Luís Borges es un mago. En Hombre de la esquina rosada acontece un crimen en las narices del lector. ¿Quién fue el victimario? Ahí está la gran incógnita. Sólo después de una segunda o tercera lectura, descubre uno quién fue el criminal.

Los cuentos de García Márquez están considerados por los críticos entre lo mejor que se ha escrito en el género en cualquier época y lugar, llegando algunos a considerar todos los cuentos de su libro Los funerales de la Mamá Grande, como obras maestras. Parte de este libro es el cuento La siesta del martes el cual es una lección de firmeza y determinación ante la hostilidad. En el cuento En este pueblo no hay ladrones ocurre un robo estúpido, de algo de por sí sin valor para el ladrón, unas bolas de billar, pero sí de gran valor social para un pueblo donde no existe mucho más que el billar para divertirse. Las consecuencias sociales y el impacto que el robo tiene en la conciencia del ladrón, lo conducen a un desenlace aún más estúpido, pero justo. El Monólogo o Soliloquio de Isabel viendo llover en Macondo parece ser la semilla del diluvio que anegó a Macondo en Cien años de soledad, sólo que esta vez, la lluvia subyugante es el tema central del monólogo.

No oyes ladrar los perros, de Juan Rulfo, trata sobre la desesperada carrera de un padre por salvar a un hijo crecido a quien a pesar de haber desheredado, con todo el esfuerzo descomunal y las precariedades que enfrentan en el camino, lleva en andas hasta un pueblo lejano, sólo para cumplir una promesa que ha hecho a su difunta esposa.

Hasta aquí mi lista de cuentos memorables y mis centavos de interpretación de los mismos. Espero que aun siendo tan breves, las explicaciones encuentren terreno fértil, sobre todo en las mentes de los jóvenes que tienen intención de dedicarse al trabajo creativo y puedan expandirlas con sus propias versiones y apreciaciones.
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sábado, 10 de octubre de 2009

¿Para qué sirve el Premio Nobel de Literatura?

Por Andrés Hax | © CLARIN

Otra vez nos quedamos sorprendidos con la elección para el premio más importante de literatura en el mundo. Desde 1901 se otorga el Nobel y mientras que autores de excelencia indiscutible como William Faulkner o Gabriel García Márquez se quedaron con el galardón, son muchos más aquellos que después del premio quedaron en el olvido. Aquí, más que una respuesta, una opinión hecha de preguntas.

Una pregunta: ¿Qué tienen en común León Tolstoi, James Joyce, Marcel Proust, Ezra Pound, Franz Kafka, Joseph Conrad, Vladimir Nabokov, Jorge Luis Borges, Jack Kerouac y William Burroughs?

Que ninguno de ellos ganó el Premio Nobel de Literatura.

Segunda pregunta: ¿Qué tienen en común: Bjørnstjerne Bjørnson, Rudolf Eucken, Carl Gustaf Verner von Heidenstam, Carl Friedrich Georg Spitteler, Frans Eemil Sillanpää, Halldór Kiljan Laxness y Herta Müller?

Me imagino que ya adivinó la respuesta. Todos ganaron el Premio Nobel de Literatura.

Apuesto que el lector común, como lo definió Virginia Woolf, podría nombrar una obra de cada uno de la primera lista. Y apuesto que el mismo lector común (un amante voraz de la literatura, el que no se va ni siquiera al baño sin un libro) tendría gran dificultad en nombrar solo una obra de la segunda lista de autores.

Esto es un juego de salón, vale. Pero en el juego se ejemplifica la pregunta que da título a esta columna de opinión: ¿Para qué sirve el Premio Nobel de Literatura?

Vamos a la fuente. Según el dice el testamento de Alfred Nobel el su premio en la categoría de letras es para "un autor de cualquier país en el campo de literatura el trabajo más extraordinario en una dirección ideal."

Puede ser que por aquí empiezan las dificultades, porque es una definición ambigua.

Pero sin duda La guerra y la paz, Ulises, Los cantos, El corazón de las tinieblas, Almuerzo desnudo, o La metamorfosis podrían ser considerados como ejemplares dignos de esta definición. O Vida, instrucciones de uso de George Perec. O hasta la obra bizarra de H.P. Lovecraft o las novelas de Philip K. Dick o Raymond Chandler e Italo Calvino.

Ya se discutió hasta el hastío sobre el uso político del premio de literatura. Veamos los otros premios. Obviamente el de la paz es un premio político. ¿Pero el de física? ¿El de medicina? ¿El de química? ¿Y el de economía?

El problema central para contestar esta pregunta es que resulta difícil que nuestro lector común tenga la educación suficiente para entender los trabajos científicos de vanguardia. La ciencia se ha especializado y se ha ido a un nivel de abstracción que hace falta por lo menos un pos-grado para realmente comprender qué es lo que hacen los mejore físicos, químicos y médicos del planeta.

Tal vez el premio de economía –la ciencia atroz ("the dismal science" como lo denominó Thomas Carlyle)- sea tan ambiguo como el de literatura y se explota con fines políticos. Pero la economía, en su más alta expresión teórica también es lejana a la inteligencia común y corriente, hasta de una persona considerada culta.

Además, si entendieran de verdad los economistas cómo funciona la economía, ¿por qué no pudieron predecir la catástrofe financiera de los últimos años? ¿Por qué no pueden solucionar el problema de la pobreza mundial? Pero eso quedará para otra columna de opinión.

La excelencia en la literatura es subjetiva. No podría ser de otra manera. La literatura no descubre nada. O sí: descubre la vida. La que vivimos todos, yendo al trabajo, tomando café, enterrando nuestros muertos... Los grandes escritores, premiados o no, son los que nos dan vida con su obra. Que crean con letras sobre papel un simulacro de la vida tan potente que casi se parece más a la vida que la vida misma.

El problema, al fin, del Premio Nobel, es que ya nos dejó de sorprender (e, irónicamente, si hay una cualidad que comparte toda la gran literatura es aquella de sorprender). O se le otorga a una eminencia gris que se lo merece de sobras (en la lista de esta categoría que aún esperan el premio, los conocemos a todos: Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Milan Kundera, Philip Roth, Don Delillo...); o se le da a un escritor o escritora que –francamente– es de muy poca trascendencia (lo que no significa que sea mala escritora). Como es el caso este año con Herta Müler.

¿Me van a decir que Herta Müller ha escrito textos "más extraordinarios" y que van más en "una dirección ideal" que Cormac McCarthy, Thomas Pynchon, James Ellroy, Gonzalo Rojas, William T. Vollmann, Geoffrey Hill, Steven Millhauser, Jonathan Littell o –si, también- Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y etcétera.
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